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ActualidadLa puñalada que el madurismo propinó al corazón de la humanidad

La puñalada que el madurismo propinó al corazón de la humanidad

La mente humana es extraña, los tormentos del inconsciente son una condena perpetua a los traidores, no los deja dormir tranquilos, siempre la culpa aflora en los actos de los desleales.

Llama la atención la idea fija que el madurismo tiene con el tema de la paz. Inventa regiones de paz, diplomacia de paz, organizaciones de paz, defensa de la paz, consejo de paz… paz, paz, paz es una palabra que retumba en miraflores como una acusación que viene del más allá, de las profundidades de los abismos del alma humana. Y atormenta a los que vagan por aquellos corredores, por aquellas oficinas.

La humanidad, diría Chávez, anda de guerra en guerra: Rusia contra Ucrania, Palestina contra Israel, China contra Formosa, Corea contra Japón; cientos, miles de bombas atómicas esperan en los arsenales por el día final. Sin dudas, no hay que ser adivinador para predecir que la humanidad lleva en su seno el instrumento de su propia destrucción.

¿Por qué la Humanidad camina, inexorable, hacia su extinción?

Algunos atribuyen la marcha suicida a una condición genética, dicen, el humano es una especie agresiva, la guerra es consustancial a su naturaleza, el camino a la extinción es consecuencia natural de la mezcla de la inteligencia y la genética. Cada vez la especie inventa nuevas y terribles formas de manifestar esa necesidad genética, la agresividad.

Otros no se conformaron con esta explicación fatalista, y fueron a las causas de este comportamiento agresivo. Allá en lo profundo de la historia se encontraron con quien detectó la conducta errada de la especie: temprano, se opuso a este comportamiento, postulando, el «amaos, los unos a los otros». Y se evidenció así la esencia de la lucha de la historia de la Humanidad: La batalla entre el egoísmo y el amor al prójimo. Se puede decir, sin temor a la exageración, que la historia del hombre es la historia de la lucha entre el egoísmo enfrentado a la conciencia de pertenencia a la sociedad.

Miles de años tiene esta guerra fundamental, y lamentablemente el amor la va perdiendo.

No obstante, hay esperanzas, en esta lucha se dio un paso fundamental: Un clásico, al que la canalla persigue, certificando así su valor, encontró que el egoísmo, la pérdida de conciencia de sociedad, no cae del cielo, al contrario, esta conducta tiene sus raíces en la realidad, en las relaciones económicas y sociales, de allí surge. Y concluye diciendo que no es posible alcanzar el mundo del amor al prójimo, sin alcanzar el mundo de la relación económica sin explotación del hombre por el hombre. Y a ese sistema soñado le han puesto varios nombres: algunos lo llaman utopía, otros le dicen el Reino de Dios, otros lo llaman Cristianismo, algunos lo llaman Socialismo.

Aquí, en Venezuela, con Chávez se intentó «tomar al cielo por asalto» fundar ese nuevo mundo, donde el hombre no fuera lobo del hombre. El planeta se estremeció de esperanzas, presenciando a un pueblo unido, alegre, fraterno, capaz de llenar siete avenidas de corazones apasionados con la causa humana, en un ejercicio de amor. La gente en la calle se veía de otra manera, la desconfianza en el prójimo se iba diluyendo, todos, poco a poco, se reconocían como miembros de la misma sociedad, como hermanos. Este pueblo tocó con la punta de los dedos esa utopía, ese Reino, al Cristianismo, al Socialismo.

Ese intento, ese ejercicio de humanismo, de verdadera paz, fue apuñalado en el corazón por la traición. Los desleales le sirvieron de sicarios al egoísmo capitalista, frustraron el intento. Y la Humanidad sigue su camino hacia la extinción. Ucrania, Palestina, y las otras guerras que vendrán son las señales del fin… La Humanidad, que no es una pasión inútil, espera por otro ejemplo que señale el camino de salvación…

¡CHÁVEZ, CAMINO DE SALVACIÓN!

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