La degradación de la política

En mis artículos ha sido una constante, señalar como un hecho absolutamente perjudicial para nuestra sociedad y el país, el fenómeno de la degradación de la política, que caracteriza al periodo madurista de gobierno, que he denominado “la política con “p” minúscula”.

Claro, mi preocupación y rechazo a este ejercicio degradado de la política, proviene de mis propias convicciones y ética, según las cuales, la política debe ser un ejercicio de honestidad y plena participación de los ciudadanos de un país, en el avance de la sociedad y en la construcción de un marco de relaciones entre los seres humanos, que permita el debate de las ideas, la confrontación de opiniones; y, finalmente, sumar las mejores posturas en el desarrollo de un proyecto.

La política es un instrumento de transformación, no es ella un fin en si mismo, sino la única forma posible y civilizada de allanar diferencias y poder avanzar en el curso de una idea revolucionaria, basado en la transformación de la conciencia del pueblo.

He militado en el campo de la izquierda desde los 15 años de edad y he tenido una escuela y una experiencia fraguada al crisol del ejemplo de mis mas cercanos; en particular, de mi padre, a quien recuerdo de manera muy especial el día de hoy, que, desde muy joven, combatió la dictadura de Pérez Jiménez y después, se convirtió en combatiente guerrillero de la FALN, durante mas de diez duros años, donde, junto a mi madre, ambos economistas de la UCV, con una familia en formación, lo arriesgaron todo, por la posibilidad de un país mejor, desde una perspectiva revolucionaria.

Ese es mi referente directo, y por lo que respecta a mi práctica política, ésta fue desde las filas del PRV-Ruptura, un partido profundamente revolucionario, desde donde siempre se dieron gestos heroicos, signados por el desprendimiento y la entrega, en favor de construir una alternativa para la transformación necesaria del país, donde conocí tan valiosos compañeros que aun hoy día, siguen irreductibles. Combatíamos de manera desigual y en duras condiciones contra el bipartidismo dominante que caracterizó a la IV República, en un modelo político del capitalismo rentista petrolero que se basaba en la violencia; por un lado, y en la manipulación y despolitización de nuestro pueblo; por el otro.  Un sistema profundamente inmoral y decadente, que finalmente naufragó entre sus propias inconsistencias.

Claro, estoy hablando de los referentes individuales que, en mi caso, siempre me acompañan. Afortunadamente, como pueblo, tenemos en el imaginario colectivo, extraordinarios ejemplos históricos que nos pertenecen a todos, del ejercicio de la política grande, del sueño y la inspiración, como es el caso, de Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Rafael Urdaneta, Ezequiel Zamora, y mas recientemente, Fabricio Ojeda, de quien, hoy 21 de junio, se cumple un aniversario más de su vil asesinato, y el presidente Hugo Chávez.

Por ello, cuando llegué al gobierno del presidente Chávez, me entregué en cuerpo y alma al servicio del Estado, en un área vital y estratégica cono el petróleo, en un momento determinante para los profundos cambios políticos, económicos y sociales, que signaron su período, con la mas profunda convicción de que el servidor público debe sacrificarlo todo, en beneficio del interés colectivo y en defensa de los supremos intereses de la patria. Así es, que asumí mis funciones al servicio del Estado en el espíritu bolivariano, e impregnado de una rigurosidad “robesperiana”, con la arraigada idea de la necesidad de restablecer la majestad del Estado, en el ejercicio de la función pública.

El presidente Chávez encarnaba en si mismo, el ejercicio ético de la política, tanto en la función pública, como en el proceso de transformación interna del país.  Jamás lo escuché mentir, ni hacer trampa, ni evadir su responsabilidad. Con una profunda honestidad y humanismo, se las arreglaba para salir airoso de la permanente confrontación, muchas veces cruenta, con los sectores reaccionarios que se oponían a los cambios políticos del país. Probablemente, una de las razones por las cuales él me tuvo como Ministro de Petróleo durante mas de 12 años, y yo me mantuve en su gobierno, es porque establecimos una relación fraterna y de mucho respeto, al compartir no sólo la misma visión ideológica, en cuanto a la necesidad del socialismo para nuestro país, sino porque teníamos la misma visión ética en el ejercicio de la política, “la política con “P” mayúscula”.

Él desde su posición de Jefe de Estado y jefe de la revolución, actuó en el marco de nuestras leyes, haciendo lo que tenía que hacer, para fortalecer la conciencia del pueblo, a la par que se transformaba el país, y consolidar un proyecto político tan profundo como vulnerable.

En mi caso, desde el ámbito de actuación en el sector petrolero, que sabía que era el área clave para las posibilidades económicas del país, actué de igual forma, apegado a las leyes y haciendo lo que tenía que hacer, es decir, restableciendo nuestra Plena Soberanía Petrolera y contribuyendo al desarrollo de nuestro pueblo, al rompe, sin cálculos egoístas, consciente de que, tal como lo hacía el presidente Chávez, enfrentábamos los mas poderosos intereses transnacionales e internos, no sólo en el país, sino en el mismo gobierno.

Igual conciencia tenía de mis deberes políticos, y al frente de la batalla social, como miembro de la Dirección Nacional del PSUV y vicepresidente de este partido para el Oriente, primero, después para el Occidente, y luego para Mérida, desde donde conquistamos amplios espacios políticos para el campo bolivariano, sin recurrir a la trampa, ni a la compra de conciencia ni a manipulaciones. Fue un debate de ideas en el seno del pueblo.

Mientras que, en la batalla social, estaba consciente que al dotar y equipar a la Misión Barrio Adentro, crear los espacios y educar a los Vencedores de la Misión Ribas y construir efectivamente (sin números manipulados), 600.000 viviendas para los humildes, además de construir Universidades y espacios públicos para el ciudadano, estábamos distribuyendo por primera vez, de manera efectiva , la renta petrolera en beneficio del pueblo, al tiempo que mejorábamos las condiciones sociales de todos y los preparábamos para el trabajo y el disfrute del vivir bien.

Todo ésto, a la vez que hicimos que nuestra empresa nacional de petróleo PDVSA, se consolidara como la quinta empresa petrolera mas importante del mundo, una empresa al servicio del pueblo venezolano, capaz de producir 3 millones de barriles día de petróleo y satisfacer todas las necesidades de nuestro mercado interno, garantizando la operatividad y capacidades de nuestro portento industrial.  Lo mas importante, sin ceder un milímetro a las presiones de todo tipo, “amenazas y sillas”, parafraseando a Silvio Rodríguez, de la que está llena, en particular, ese camino.

Estas reflexiones las hago, porque en el medio de la tragedia que vivimos actualmente, no nos percatamos  o no nos podemos dar cuenta, del tremendo cambio subjetivo, espiritual, que se dio en el país durante el período de gobierno del presidente Chávez, donde el respeto a la Constitución y a sus Principios Fundamentales de la Soberanía, la Independencia, los Derechos Humanos, la Democracia Participativa y Protagónica, la Economía al servicio de la sociedad, el petróleo para el pueblo, las Misiones y Grandes Misiones, el Bolivarianismo, la Solidaridad, del Internacionalismo, el respeto hacia el otro, el debate de las ideas,  la justicia social, el vivir bien, la educación, la cultura, eran todos elementos extraordinarios, que se hicieron cotidianos, porque, como decía el Ché, “estábamos en una Revolución”.

Es decir, el ejercicio de la política y su ética, era correspondiente con un estadio superior de la conciencia de nuestro pueblo.

Si apreciamos lo que está sucediendo en el país, desde esta perspectiva, podemos entender con facilidad que el ejercicio de la política con “p” minúscula, es decir, la degradación de la política, durante el nefasto período de maduro, obedece al hecho de que, este gobierno ha retrogradado al país, en términos políticos, económicos y sociales, a un modelo de dominación igual o peor que el de la IV República.

Un gobierno que ha violado y convertido la Constitución de 1999 en “letra muerta”, donde no hay instituciones, no existe la MAJESTAD DEL ESTADO, ni derechos humanos, ni derechos ciudadanos de ningún tipo, sino, un gobierno restaurador del capitalismo mas ramplón y atrasado, basado mas que nunca, en un modelo minero extractivo, depredador de nuestros recursos naturales y que no se basa en el trabajo, sino en la expoliación de las riquezas de todos los venezolanos. Con un país empobrecido al extremo, un pueblo manipulado y una injusticia social, que se expresa en su forma mas chocante en la figura de los “Bodegones”, sean éstos, de comida, de medicina, de restaurantes o de gasolina: la nueva “zona rosa” de las viejas y nuevas élites que se han establecido en el poder.

Es  asimilando esta transformación que ha sucedido en estos oscuros 7 años después de la muerte del presidente Chávez, que, entonces cobra sentido la actuación política del gobierno: la persecución política, la represión, la tortura, la creación de paramilitares y actuación ilegal de los cuerpos de seguridad del Estado, el miedo, la censura,  la “judicialización de la política”, los linchamientos morales, el irrespeto hacia el contrario, el control social, el monopolio de los medios, la manipulación del hambre, las triquiñuelas políticas, los acuerdos y pactos secretos, la proliferación de “agentes” del gobierno que tienen sus propios intereses privados, la corrupción, el falso y acomodaticio discurso antimperialista y la entrega de nuestro territorio, del petróleo, del oro, la indolencia de los dirigentes y la indiferencia de otrora dirigentes populares ante el dolor del pueblo, es la clara expresión de la actuación de un mal gobierno de derecha, como es el de maduro.

Es el modelo de dominación de siempre, ahora con nuevas caras, que necesita un nuevo pacto con la oposición, el cual se concretara por la vía electoral, una vez que se pongan de acuerdo sobre cómo entregar el petróleo y que maduro termine de imponer su paquetazo a sangre y fuego, creando las “condiciones” exigidas por las élites, para llegar a los acuerdos de convivencia política.

Una muestra de la degradación de la política y de lo que estoy explicando, es cada evento del acontecer ”político” nacional, uno mas insólito que el otro: que si el TSJ le arrebato a AD y Primero Justicia a sus Directivas, que si el Jefe de la fracción Clap ahora es el presidente de las Asamblea Nacional y jefe de Primero justicia, que arreaza emite un comunicado de la vergüenza, confesando que Alex Saab es un agente del madurismo,  que si el gobierno se hizo el loco con la Exxon Mobil produciendo en aguas del Territorio Esequibo,  que si rematan en secreto a PDVSA, que meten preso a Vivas Santana, que si tienen secuestrado a mas de 100 gerentes petroleros, mientras importan gasolina de Irán, que si la oposición hace una parodia de invasión por Macuto, que si aparece la firma de Guaidó y J. Rendón en un contrato a favor de mercenarios norteamericanos, que si El Nacional censura a los opositores al gobierno, y no puede mencionar a los “bolichicos”, que si cambian al CNE y nombran allí a ex magistrados que el madurismo puso en el TSJ, para ir a elecciones, y si el madurismo pierde el TSJ emitirá otra sentencia  para desconocerla, que si ahora se extendió un virtual toque de queda en el país, que si los casos de coronavirus son culpa de los pocos venezolanos que retornan a su patria, que si maduro ocupa su tiempo viendo “Casa de Papel”, que si John Bolton expone en su libro la lamentable actuación de la oposición, entre otros escandalos,  para un largo etcétera, de las parodia, de la degradación de la política, mientras el pueblo sobrevive su tragedia.

Pero la degradación de la política necesariamente viene acompañada de la degradación de los políticos y de los partidos revolucionarios (en este caso, el PSUV, que se suponía, sería, el garante de la Revolución), donde antiguos comandantes de las rebeliones militares de 1992 han devenido en falderos y bien mandados del madurismo, donde antiguos jefes militares que juraron lealtad al pueblo, al país y a Chávez, sostienen con sus armas esta situación, donde antiguos militares, jefes políticos y periodistas han devenido en animadores de programas de odio y repetidores de pendejadas, donde poetas degradan en sicarios, donde defensores de los derechos humanos, Constituyentistas y otrora dirigentes sociales, miran hacia otro lado, tratan de pasar agachados, se hacen los locos.

Alguna gente, desde una perspectivas chavista, justifican al gobierno, explican, niegan, evaden, sin darse cuenta que hace tiempo abandonaron el campo revolucionario. Todo el show de la degradación política, los escándalos y el eterno forcejeo entre dos caras de la misma moneda, el madurismo y la oposición, es una trampa, es una gran farsa, que pretende tapar la dura realidad de nuestro pueblo y la imposición de un modelo que es inmoral, injusto e inviable.

A nosotros no nos interesan, ni sus elecciones, ni sus programas, ni sus insultos, ni sus arrebatos, nosotros estaremos junto al pueblo y sus luchas, junto a los obreros, en defensa de nuestra Constitución, de la revolución Bolivariana, de nuestra soberanía, de nuestro petróleo y del derecho irrenunciable de nuestro pueblo a conducir su propio destino, por el camino de Chávez siempre.

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