La Junta Patriótica una discusión necesaria

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Poco a poco, se va abriendo un espacio para la discusión, todavía muy tenue, tímida, entre los insultos de la intolerancia y la acción erosiva de los poderosos factores e intereses en pugna. La inmensa mayoría del país necesita y merece, que se inicie el debate de las ideas con respecto a su situación, de cómo salir de ella y de cómo abordar los inmensos retos que tenemos hacia el futuro como Nación, soberana e independiente.

Hoy día, todo es urgente. El país no espera más, no puede. La crisis económica, social, la disfuncionalidad del Estado y sus instituciones, no solo lo ha conducido a una peligrosa situación de debilidad y vulnerabilidad, sino que ha llevado al ciudadano al límite de lo racional, a estar obligado a hacer cosas para sobrevivir que eran impensables en momento alguno de nuestra historia reciente. Esta cruda realidad continúa degradando la calidad de vida y la propia autoestima del venezolano. La pobreza, la miseria, las privaciones arrastran a la población a una claudicación de sus principios, de su forma de vida, de conductas racionales, de sus sentimientos, hacia una degradación espiritual y material, que carcome a la sociedad día a día y nos puede llevar a situaciones, como en el huevo de la serpiente.  

La salida de maduro del poder es cuestión de  tiempo, el asunto es cómo, de qué manera va a terminar su desastre de gobierno, eso es lo que negocian ahora mismo, sus aliados internacionales. La aventura de Guaidó y Leopoldo López fracasó y ellos lo saben. Los factores internacionales que apoyan a esa facción de la extrema derecha comienzan a darse cuenta que, una vez más, así como en abril de 2002, fueron arrastrados a otro fracaso. Ellos tampoco tienen mucho tiempo, la dinámica de su propia política interna y otros frentes internacionales, desvían sus prioridades. Ajustan su estrategia.

Ahora se abre la posibilidad de las conversaciones en Oslo, Noruega. Siempre hemos dicho que aplaudimos una solución política a la crisis que confrontamos, mejor si es por la vía de las conversaciones, en vez de la guerra y la violencia. El esfuerzo de Noruega, junto al de Italia, México y Uruguay apuntan en la dirección correcta de optar por el diálogo político y una solución negociada, en vez de la guerra o la intervención extranjera. Ojalá el esfuerzo diplomático noruego no sea utilizado, una vez más, como una manera de ganar tiempo de parte de maduro, para que no pase nada, y que no sea torpedeado por los sectores extremistas de la oposición que apoyan la salida militar.

En todo caso, el problema es que, tal como pasó en República Dominicana, ese diálogo es entre grupos de poder que no representan al país. Carece de legitimidad. Por lo que respecta al campo chavista y bolivariano, ni el madurismo, ni su ministro de la mentira, lo representan. Ellos actúan por la facción que está aferrada al poder. Incluso es incongruente que algunos líderes emblemáticos del madurismo jueguen a la guerra en el país, mientras “Mambrú se fue a Noruega”. De parte de la oposición y su composición variopinta, Guaidó dijo que era inamovible en su postura: maduro debe irse y convocar elecciones. Planteado así, más bien las conversaciones parecen la negociación de la entrega del madurismo.

Este es un proceso complicado, que apenas inicia, con muchos enemigos de lado y lado. Ojalá se mantenga y no naufrague, como los esfuerzos del Papa Francisco o de República Dominicana. De cualquier manera, las conversaciones en Oslo, pueden ayudar a que ambos grupos de poder, caras de la misma moneda, se pongan de acuerdo de cómo no matarse entre ellos, cómo no arrastrar al país a una guerra. Eso, aunque sería un avance, está lejos de resolver nuestros problemas.

La discusión impostergable, es de cómo el resto de la sociedad, la mayoría del pueblo, recupera su rol protagónico en la conducción de sus propios asuntos, preservando la soberanía política y económica, y avanzando en la reconstrucción de la patria. De allí, la propuesta de la Junta Patriótica de Gobierno.

Hemos recibido comentarios, observaciones, críticas constructivas e ideas al respecto de tal posición. Las agradezco, de eso se trata. Por ello, son necesarias algunas precisiones.

La Junta Patriótica, no colide, ni con la llamada a un Referendo Consultivo, ni Revocatorio, ni con un gobierno de transición, ni siquiera colide con la posibilidad de negociaciones en Noruega. La Junta es una estructura transitoria de gobierno, mientras se restablece la vigencia de la Constitución y el ejercicio pleno de la soberanía popular a través del voto directo y secreto.

El país no está en condiciones de ir a unas elecciones en este momento. Hay más de 3.7 millones de venezolanos fuera del país, sin posibilidades de ejercer su derecho al voto, no hay instituciones; ni Consejo Nacional Electoral, ni Poder Judicial, ni Ministerio Público, que garanticen el secreto y la posibilidad del sufragio. Tampoco hay libertades ni garantías para el ejercicio de la política, el debate de ideas, ni la existencia de partidos políticos. No hay posibilidades ni siquiera de movilizarse, no hay transporte, no hay gasolina, no hay luz, no hay agua, no hay comida, ni medicamentos, no hay dinero. El país necesita un “conteo de protección”.

En medio de la crisis y el caos generalizado, de la calamidad social y colapso económico, en esta crisis humanitaria sin precedentes, no hay condiciones, ni para ejercer el derecho al voto, ni para tener un sano juicio para el debate de ideas. No se puede llevar al pueblo a votar con una pistola en la cabeza.

Quien lo haga, podrá obtener una victoria táctica, ganar algo de tiempo, sería el poder sobre los despojos, pero se estaría perdiendo una oportunidad extraordinaria de comenzar a recomponer todo el espectro político nacional, ganar gobernabilidad, para sostener el esfuerzo de reconstrucción. Allí está el desastre de Libia como un recordatorio de a dónde conducen los “atajos” y las ansias de poder.

Por ello la propuesta de una Junta Patriótica, que logre la salida de maduro del poder y pueda conducir al país en un período de transición de, al menos, dos años. Podría llamarse gobierno de transición, podría activarse después de realizar un referéndum consultivo, o con una acción cívico-militar que deponga a maduro. La hemos llamado Junta Patriótica, porque se refiere a la única experiencia exitosa de rebelión cívico-militar en nuestra propia historia, con elementos de fondo que, a pesar de la diferencia de momentos y condiciones, siguen vigentes. Es la Junta Patriótica de Fabricio Ojeda, no es otra.

En esta Junta, deben estar incorporados los sectores patriotas. Allí no caben llamados a la injerencia extranjera, ni a una invasión militar, ni violar nuestra soberanía, ni a desconocer nuestra Constitución, ni a mantener al madurismo en el poder. No es la unidad boba, la patria boba. Es la unidad de los sectores patriotas, democráticos y populares.

Tienen que estar los militares. No sólo tienen que estar, sino que deben ser garantes de su vigencia y autoridad. Los militares deben tener un espacio donde asentarse y fijar posición al lado de la Constitución y el pueblo, para no seguir siendo perseguidos o dando bandazos entre los “autoproclamados”, o en marchas absurdas de propaganda en el peligroso baile a orillas de la hoguera de la muerte.

La Junta, debe ser un organismo colegiado, con decisiones de consenso, y una permanente consulta popular, tiene que tener una autoridad limitada, en el alcance y el tiempo:

  • Dos años para aplicar un plan de emergencia humanitaria, organizar un Referendum Consultivo, legitimar instituciones y conducir elecciones.
  • No puede cambiar ni la Constitución, ni las leyes promulgadas con anterioridad al inicio del conflicto de poderes entre el Ejecutivo y la Asamblea Nacional.
  • Tiene que actuar apegada a la Constitución, de acuerdo con la integridad de su articulado.
  • Respetar los Acuerdos Internacionales suscritos por el país.
  • No puede hacer nada en el ámbito internacional que vulnere nuestra soberanía, ni suscripción de tratados, ni solicitudes de injerencia o presencia militar extranjera en el país.
  • Proteger la Soberanía económica y territorial del país.
  • Proteger a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, como garante del proceso y la vigencia de la Constitución.

La Junta debe tener facultades Ejecutivas, para tomar decisiones en el ámbito de organizar y conducir el período de emergencia:

  • Solicitar ayuda a los organismos especializados de las Naciones Unidas: salud, medicamentos, alimentación, refugiados, para enfrentar la crisis humanitaria.
  • Iniciar un registro de los venezolanos en el exterior, documentar la situación real y condiciones de los que han emigrado. Presentar un plan de regreso y reinserción al país, al trabajo. Solicitar ayuda a los organismos internacionales para este programa de reinserción. Una “Misión Leander”. Los hijos, volverán para reconstruir a la madre patria.
  • Atender como prioridad la crisis humanitaria: alimentación, salud, atención de desplazados, emergencia social.  
  • Restablecer el funcionamiento de los servicios públicos fundamentales: agua, luz, gas, combustibles; la conectividad nacional e internacional del país: transporte terrestre, aéreo, comunicaciones.
  • Intervenir PDVSA, restablecer su operatividad, adelantar un Plan de emergencia para su recuperación, convocar a todos los trabajadores que han salido, sacar de la empresa a los organismos de inteligencia del Estado, liberar a los trabajadores y gerentes  secuestrados, cesar la persecución, reivindicar a sus trabajadores, hacer un marco especial de protección de la empresa, sus activos, sus actividades, garantizar la seguridad de las instalaciones, revisar y revertir todos los contratos y cesiones ilegales de activos y propiedades, detener su privatización.
  • Restablecer las operaciones fundamentales del aparato productivo interno: alimentos y medicamentos como prioridad.  

La Junta debe restablecer las plenas libertades políticas en el país, el Estado de Derecho, las Garantías Constitucionales y el carácter participativo y protagónico de nuestra democracia:

  • Libertad para los presos políticos.
  • Cese a la persecución política, vuelta de los exiliados.
  • Levantamiento de la censura a los medios de comunicación.
  • Libertad para todos los trabajadores secuestrados.
  • Libertad para todos los oficiales y miembros de la Fuerza Armada Bolivariana secuestrados.
  • Intervención al Ministerio Público.
  • Intervención a los organismos de inteligencia y cuerpos policiales vinculados a la represión política.
  • Garantizar el Debido Proceso y el Estado de Derecho en el país.
  • Organizar y promover un amplio debate nacional, en todos los niveles, sobre los pasos hacia el restablecimiento de la normalidad del país, la superación del odio y la intolerancia.
  • Erradicar la violencia y el discurso del odio de la vida pública y el ejercicio político en el país.
  • Todo el país debe trabajar, ojalá que con ayuda del mismo Papa Francisco, en una recomposición espiritual: volver a nuestros valores fundamentales, nuestra propia idiosincrasia, lo afirmativo venezolano: la solidaridad, la hermandad, el respeto por el otro, el trabajo, la cultura, la justicia, el bien común, el deber social, el amor patrio, el bolivarianismo.

La Junta tendrá que ser capaz de organizar Referenda Consultivos para que el pueblo decida los pasos fundamentales del restablecimiento de la Constitución:

  • Nombrar un nuevo TSJ, un nuevo Fiscal General, Poder Moral y un nuevo Poder Electoral, todos transitorios, hasta que se realicen elecciones generales y se legitimen todos los poderes como establece la Constitución.
  • Elecciones para renovar la Asamblea Nacional, previo acuerdo que permita que, en su directiva, se logre una representación paritaria de los bloques políticos.
  • Cese de funciones de la Asamblea Nacional Constituyente, sin ningún resultado concreto desde su creación.
  • Elecciones Presidenciales.
  • Cese de Funciones de la Junta Patriótica.

La urgencia de la Junta

La arremetida contra PDVSA y el sector petrolero, es un ejemplo claro de lo urgente de la salida del gobierno y la instalación de la Junta Patriótica.

La persecución y el “pase de factura” del madurismo a los trabajadores y gerentes petroleros ha tenido desastrosas consecuencias para el país: el último reporte de producción de petróleo en la OPEP, nos coloca apenas en 700 mil barriles día, por debajo de Colombia, muy cerca de Ecuador. Se han perdido 2 millones de barriles día de petróleo en sólo 5 años, porque “a maduro le dio la gana”. Esos son 117 millones de dólares día de pérdidas directas, más de 42 mil millones de dólares al año. Un crimen.

Por otra parte, las kilométricas colas de ciudadanos buscando desesperadamente gasolina en todo el territorio nacional, es consecuencia de que no hay petróleo para alimentar las refinerías, porque la poca producción existente, se envía como pago de las “ayudas” dadas al gobierno, pero además, es consecuencia de la “razzia” en las refinerías, los trabajadores de Refinación presos o perseguidos, señalados de “corruptos”, brillantes profesionales  como Jesús Luongo, el mejor ingeniero de procesos del país, héroe en la reactivación del CRP después del sabotaje, está preso en una cárcel de presos comunes. Cardón paralizado, Amuay en sólo 10% de operatividad. No hay combustible, ni para los vehículos, transporte de alimentos, sector eléctrico ni las industrias.

Pero igual pasa con el gas. “Intervenida” hace años por maduro cuando el  “sacudón”, hoy no llega a ningún hogar venezolano. Entregaron el gas de la Patria, el Mariscal Sucre se acabó, lo entregaron a las transnacionales, igual pasó con el gas del Golfo de Venezuela, el Perla 3x.

Cada día que pasa, con maduro en el poder, este sigue actuando, desesperadamente, destruyendo todo con tal de mantenerse en el poder.

La tiranía

Esta discusión no se agota, no puede agotarse. Hay que hacer el ejercicio pleno de nuestra participación democrática en el futuro del país, son tiempos de ideas, debates, necesitamos unir todas las fuerzas patrióticas en este propósito supremo, por nuestros hijos, los hijos de nuestros hijos, por el futuro de la Patria. No podemos dejarla en manos del caos y la desventura, de la tiranía sea, del grupo que sea, porque la Soberanía reside en el pueblo.

“La tiranía no es un bien ni para quien la ejerce, ni para quien la sufre, no lo es ni para los hijos ni para los descendientes de los hijos: al contrario, es una experiencia absolutamente ruinosa”

Platón Carta XVII