Todo se mueve

Como dice la canción de Calle 13, “todo se mueve, el mundo se mueve…” El Líbano, Cataluña, Ecuador, Chile, Argentina. Son distintos procesos, situaciones y objetivos, pero un gran actor: el pueblo. 

Si nos centramos en nuestra región, nuestros pueblos se movilizan en defensa de sus conquistas históricas y en conquistar un futuro que vislumbraron en la década del impulso Bolivariano en la región y que no están dispuestos a perder.

Los sucesos de Ecuador le metieron un frío a las elites de ese país y al traidor Lenin Moreno, quien tendrá que pensarla dos veces antes de avanzar más en su programa de desmontaje de la Revolución Ciudadana; los violentos sucesos de Chile, la juventud que se mantiene en las calles a pesar de la represión y la militarización del país que ha ordenado Piñera, en guerra contra los “alienígenas”, como la élite económica de ese país se refiere al pueblo, son una clara expresión de la inequidad económica y social impuesta a sangre y fuego por la dictadura de Pinochet, así como la asfixia que sobre la sociedad significa la Constitución pinochetista que el fascismo dejara para mantener oprimido a ese hermano pueblo.

El nuevo triunfo del hermano presidente Evo Morales reafirma el extraordinario fenómeno de los pueblos originarios de Bolivia, la “predilecta del Libertador”, a no renunciar a la conducción de su propio futuro, apoyar a su líder indiscutible, el presidente Evo Morales y su vicepresidente Álvaro García Linera, para seguir dejando atrás siglos de exclusión, explotación y oprobio. 

Las elecciones del próximo domingo en Argentina auguran una victoria clara para el Frente de Todos y la fórmula Fernández-Fernández, lo cual será una derrota aplastante para Macri, la derecha de ese país y su paquetazo neoliberal. 

La derecha argentina prometio arrasar con las conquistas económicas y sociales alcanzadas en la última década en el país y se encontraron con un pueblo movilizado de manera orgánica. La claridad y capacidad de repensarse de Alberto Fernández y la valentía de Cristina Fernández de Kirchner, quien ha sido objeto, junto a su familia y sus principales colaboradores, como el ex ministro Julio De Vido, de todo tipo de atropellos e injusticias. Argentina será un ejemplo de lo que hay que hacer, para hacer las cosas bien.

Quedan Brasil y Venezuela, dos pueblos que sufren los efectos de políticas económicas de derecha que favorecen a las élites, tradicionales y nuevas, que les han arrebatado los avances políticos y conquistas sociales alcanzados durante los periodos de Lula, Dilma y Chávez.

Bolsonaro y maduro, han actuado como dos caras de la misma moneda: Bolsonaro judicializa la política, persigue y encarcela a Dilma y Lula, mientras maduro nos persigue y encarcela a los ex ministros de Chávez. Bolsonaro, tiene a Sergio Moros, maduro tiene a su fiscal. Bolsonaro entrega el Presal a las transnacionales, maduro entrega la Faja Petrolífera, PDVSA, el petróleo y el gas. Bolsonaro quema la Amazonia por razones económicas, maduro ha destrozado el Arco Minero para llevarse el oro. Son dos caras del capitalismo, uno tan salvaje como el otro. 

Sin embargo hay que decirlo, lo de maduro no tiene nombre, ni comparación, supera cualquier desastre en economía y conducción de un país, supera cualquier barbaridad que hayan hecho Bolsonaro, Macri o Moreno. maduro no solo ha barrido con las conquistas políticas, económicas y sociales del periodo del presidente Chávez, sino que ha retrocedido a nuestro país décadas enteras, a los años 40, en términos de nuestra principal actividad económica, el petróleo, sumiendo a nuestro pueblo en una crisis humanitaria sin precedentes.

El retroceso que Venezuela ha sufrido durante este periodo de gobierno resulta en una tragedia, en términos de nuestras posibilidades de garantizar calidad de vida a nuestro pueblo, instituciones, economía, desarrollo social y avances políticos.

A pesar de las maromas y mentiras del INE, la realidad es que la pobreza en Venezuela supera con creces el 70% de la población, con un sueldo mínimo de 14 dólares mensuales, que está muy por debajo del salario establecido como umbral de pobreza de la ONU de 1,25 dólares diarios.

A pesar de los golpes de pecho y juramentos, la realidad es que, de la mano del madurismo, volvieron los créditos indexados, ahora en dólares, aquellos créditos “balón” o “mexicanos” que el presidente Chávez derogó. Acabaron con PDVSA, la privatizan, hoy solo producimos 644 mil barriles día de petróleo, menos que Colombia, casi como Ecuador, no hay gas, ni gasolina. 

A pesar de que se proclaman “socialistas”, la verdad es que desmontaron al Estado y entregaron la economía al mercado, es el mercado salvaje quien impone los precios, los salarios, el tipo de cambio, se apropia del trabajo, como nunca antes. 

A pesar de que el gobierno no lo reconozca y se burle de ello, del país han salido más de 4.5 millones de venezolanos, jóvenes, pobres, ricos, profesionales. Todo el que puede salir, lo hace. Somos un país sin esperanza, triste, una tragedia.

A pesar de un discurso altisonante de anti imperialismo, la verdad es que el gobierno ha cedido nuestros recursos naturales, petróleo, gas, oro a las transnacionales. 

A pesar de ganar a duras penas una silla en el Consejo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, lo cual no tiene nada que ver ni con el Secretario General, ni con la Alta Comisionada, la verdad es que el FAES hace razzias en los barrios pobres, con más de 5.800 ejecuciones extrajudiciales; la verdad es que en Venezuela se persigue, se encarcela, se tortura y se mata por razones políticas.

Hoy día somos un país tan pobre y tan desigual como Haití; con un gobierno tan autoritario como el de Chile; con una elite tan violenta y corrupta como la de Colombia; con una política económica tan anti obrera y neoliberal como la de Macri; con una conducta tan depredadora como la de Bolsonaro.  

Esto esta mal, muy mal. Pero a pesar del miedo, el éxodo y la fractura de la sociedad, Venezuela también se mueve. El pueblo venezolano comienza a moverse, como un boxeador que, aturdido aún, se levanta de la lona después de que lo noquearon. 

El pueblo comienza a recuperarse de la pérdida del presidente Chávez, lo cual, sin duda fue un factor desmovilizador. Comienza a entender y sacudirse la tremenda manipulación que ha hecho el madurismo sobre el legado del comandante. 

Hace tiempo, el pueblo ha entendido que, tanto la oposición como el madurismo solo velan por sus propios intereses grupales, no se siente representado en ninguno de ellos. En Venezuela hay un severo problema de liderazgo y legitimidad. Según los últimos sondeos, más del 60% del país no se siente identificado ni con el madurismo ni con la oposición. El rechazo a maduro es superior al 80%. 

Sin embargo, el gobierno tiene poderosos mecanismos de control social sobre el pueblo, incluyendo la persecución y represión directa, además, cuenta con la claudicación de los dirigentes, intelectuales, pensadores y cuadros políticos que, se suponía, deberían convertirse, junto al psuv y los partidos del Polo Patriótico, en vigilantes de la marcha de la revolución ¡El látigo del gobierno! Como arengaba el comandante Chávez. 

Los mecanismos de manipulación del hambre y la miseria que ellos mismos han creado, como las cajas Clap o el Carnet de la Patria, se agotan en la medida que el problema de la vida diaria, para sobrevivir,  supera cualquier efecto de estos mecanismos de control. Por ello la represión policial o paramilitar, como la que ejerce el FAES en los barrios, se acrecienta y cuenta con todo el apoyo de maduro, así como la acción del SEBIN y el DGCIM persiguiendo y encarcelando trabajadores, dirigentes políticos y populares. 

El madurismo recurre al fascismo para contener al pueblo, y lo ha hecho con éxito. Tienen apoyo internacional, de países que han especializado esos mecanismos de control por el miedo y la represión.

La tragedia del éxodo de millones de venezolanos, ha sido un factor de desmovilización del pueblo, han descuajado a la sociedad, por eso maduro estimula la salida del país;, mientras más se vayan, más consolida su poder, lo consolida sobre la tragedia y debilidad del país.

La hegemonía comunicacional y el poder que tienen en las redes sociales convierte al país en un gran laboratorio de ensayo de diversas estrategias de manipulación, mentira y supresión de las libertades de los ciudadanos. 

El gobierno cabalga sobre un sonoro silencio, siempre miente, manipula, llena los espacios comunicacionales con hechos intrascendentes, efemérides, mentiras, para construir una realidad virtual desconectada completamente de lo que sucede en las calles. La propaganda y manipulación fractura la unidad del país, aísla al ciudadano, lo hace indiferente, temeroso, egoísta. 

Han convertido el odio y los linchamientos morales, las acusaciones de todo tipo, las sucesivas conspiraciones y atentados, así como guerras y ataques de todo tipo, para enajenar a un público que solo aplaude, que está desinformado de lo que realmente pasa en el país, presa del miedo, corriendo de un lado a otro para resolver su día a día. 

La verdad es que los partidos políticos han fracasado. El fracaso del psuv ha sido determinante en lo que sucede hoy día, por tratarse del partido de la revolución, es decir el principal instrumento para garantizar que el proceso Bolivariano siguiera el curso al socialismo, tenía la responsabilidad histórica de preservar el legado del Comandante Chávez, impedir a cualquier costo la traición del madurismo. Sin embargo, en el último Congreso extraordinario se le dio un cheque en blanco a maduro, bajo la consigna de “lo que maduro diga” se canceló la discusión y claudicó en el ejercicio de sus responsabilidades como vanguardia critica, su actual dirigencia terminó de apartar del partido al liderazgo lealmente chavista que manteníamos una posición distinta al madurismo, una posición revolucionaria. 

Hoy día el psuv, y su dirigencia, no representan al pueblo Bolivariano, se ha convertido en una maquinaria burocrática, clientelar, ha degenerado en el tipo de partido adeco que tanto criticó Chávez y que tanto daño le ha hecho al pueblo, confundiéndolo, abandonándolo en sus luchas y, peor aún, persiguiendo y reprimiendo, conteniendo al pueblo.  

El Polo Patriótico ya no existe. Sus partidos y movimientos sociales no tuvieron la suficiente firmeza para desmarcarse del gobierno o para levantar su voz en rechazo a la entrega de la economía, de PDVSA, de las conquistas sociales. Prefirieron mantenerse allí, de manera oportunista, tratando de medrar en lo que iba quedando de las cuotas de poder que reparte el madurismo.

El Chavismo no es una iglesia, ni una franquicia que el madurismo puede seguir usando como quiera para apuntalar su desastre. A pesar del daño que le ha hecho el madurismo, el Chavismo como movimiento político tiene un fuerte contenido espiritual, emocional, pero también tiene un programa, escrito del puño y letra del comandante Chávez que está plasmado en los objetivos históricos del Plan de la Patria. 

Cuando se trate de manipular el nombre y el legado del comandante Chávez, desde el gobierno, sus voceros, su propaganda y sus programas de odio, siempre habrá que preguntarse ¿dónde está el socialismo?, ¿dónde están los objetivos del Plan de la Patria?, ¿dónde está Chávez?

Pero los partidos de la oposición también han fracasado. Mas allá de nuestras diferencias políticas y programáticas, sin embargo, es lamentable que no hayan sido capaces de movilizar a sus seguidores por objetivos nacionales, por el restablecimiento del ejercicio de la política, de la Constitución. Han cedido al chantaje de la facción de la oposición que tiene todo el poder y apoyo político-económico desde el exterior, han clamado por la intervención e injerencia extranjera en los asuntos del país, como nunca antes había sucedido. Pero, además, tal vez por su propia naturaleza y origen, han negociado con el madurismo, de espalda a sus seguidores, establecieron mecanismos de convivencia y cohabitación con el madurismo, a cambio de prebendas particulares, dinero y favores para sus dirigentes y partidos, en un pacto tácito para mantener a maduro en el poder. 

De tal manera que el pueblo está solo en su tragedia. Necesita de dirección política y coordinación en la acción, para pasar de lo reivindicativo, cosa que en este momento resulta una proeza, a los objetivos políticos.

Los maestros y profesores van al paro, exigiendo sus derechos; los trabajadores petroleros vencen el miedo y se movilizan en defensa de su derecho a la vida, a la salud, por un salario digno, en defensa de la empresa; los trabajadores del sector salud han hecho todo tipo de movilizaciones por sus derechos y sensibilizados por la tragedia que les toca enfrentar todos los días con la escasez de medicamentos, las penurias que atraviesan niños, ancianos, y las enfermedades de alto riesgo que representan una verdadera sentencia de muerte. 

Estas movilizaciones son valientes y legítimas y merecen nuestro apoyo y respaldo. Estos trabajadores y gremios han sido capaces de dar la cara, alzar su voz, levantar las banderas de sus derechos económicos y sociales, pero el gran salto, la chispa movilizadora será cuando, junto a los objetivos reivindicativos, se planteen objetivos políticos. 

El factor común de los problemas que padecen los trabajadores de la educación, la salud, las empresas básicas y los petroleros es el madurismo. El origen de todos los problemas cotidianos que aquejan al pueblo venezolano, del desastre en PDVSA, en la economía, en los servicios, alimentos, en los precios, en la inflación, en los derechos laborales, en el funcionamiento del país, está en Miraflores. 

Desenmascarar a maduro y su gobierno como un gobierno de derecha, autoritario y profundamente antinacional, es un paso necesario para dirigir los esfuerzos y luchas del pueblo hacia un objetivo de cambio político, para volver a retomar el camino de Chávez, sin caer en el abismo de la derecha, para lograr restablecer el ejercicio de la política, los plenos derechos y garantías de los ciudadanos, reconstruir el país, sus instituciones, restablecer la Constitución y las Leyes, retomar la batalla por la soberanía económica, por el vivir bien de los Venezolanos.  

Entender que, a pesar del desespero por sacar a maduro, de que todo cambie, la derecha, representada en una facción extremista de la oposición política del país, no solo no representa al pueblo, sino que no es una salida a esta crisis. 

Debemos superar el chantaje existente, del fatalismo entre dos grupos de poder que non nos representan, no podemos salir de un abismo o extremismo, para entrar a otro, igual o peor.

En las calles de Santiago o en Quito, en Cataluña o el Líbano, no hay nadie tratando de aprovecharse de la molestia y malestar generalizados de la población para favorecer a un determinado grupo político, otro grupo de poder; mucho menos hay nadie autoproclamandose, ni pidiendo la invasión extranjera a sus respectivos países. 

No tenemos porqué renunciar al carácter protagónico y participativo del ejercicio de la política, no hay porqué renunciar a nuestro derecho a reconquistar nuestro futuro, retomar nuestras posibilidades de salir adelante, volver a la patria, reconstruir nuestro país. 

Lo que sucede en Sur América, debe llenarnos de esperanza, aprender las lecciones que nos brindan los pueblos hermanos, mirar hacia el sur; es allí, entre nosotros, donde habitan las razones sagradas para la lucha ¡Venceremos!

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