Rafael Ramírez: denuncia que madurismo usa modelo represivo en las redes para perseguir a sus oponentes

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El dirigente chavista denuncia un modelo de persecución política que combina la judicialización de la política y campañas de difamación tanto en las redes sociales, como en los grandes medios de masas.

Caracas, 25 de abril de 2019.- En opinión del dirigente chavista y ex ministro Rafael Ramírez el modelo de persecución y represión que se utiliza en Venezuela y otros países de América Latina, sobre todo contra líderes y activistas progresistas, configura un nuevo modelo de inquisición, una “Inquisición 2.0”, cuyo objetivo es destruir, a través del linchamiento moral, la persecución y la cárcel a quienes se oponen a los poderosos intereses políticos y económicos que están detrás de gobiernos como el de Nicolás Maduro.

¿Y cómo funciona esa inquisición 2.0? El ex presidente de PDVSA, que ha sido una víctima más del método, devela los pasos que siguen estos sectores reaccionarios en el país: una vez que Nicolás Maduro marca al enemigo a atacar, lo primero que se desata es una campaña de linchamiento moral en los medios públicos y redes sociales manejadas por el gobierno, como paso previo a la ofensiva judicial, siempre a cargo del fiscal subalterno Tarek William Saab, a partir de las “ollas” y “falsos positivos” montados por el propio gobierno.

“En cada Ministerio, organismo del Estado, gobernación, alcaldía, existe una nómina entera dedicada a la plataforma de redes. Reciben instrucciones de Jorge Rodríguez, ministro de la manipulación y mentira o de cualquiera de los nuevos ‘jefes’. Tienen una lista de dirigentes a quienes deben atacar, destruir, vilipendiar. No importa de qué se trate, hay que atacarlos, utilizando el argumento de la corrupción, el insulto, saturar las redes de basura. Son expertos en la ‘guerra sucia’, allí se montan ‘ollas’ y ‘falsos positivos’, como la antesala a una amenaza o acusación de Maduro o de Tarek William Saab, normalmente en cadena de radio y televisión, en cualquier acto de Estado, o evento público, incluyendo funerales; luego, viene una acción judicial, un allanamiento o una detención-secuestro por parte de los cuerpos de seguridad”.

Este modelo que ha servido para meter presos y enviar al exilio a dirigentes Bolivarianos y revolucionarios; perseguir a gerentes y trabajadores de PDVSA, Corpoelec y otras empresas del Estado, a oficiales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, a líderes sindicales, periodistas y a cualquiera que se oponga a Maduro y su desastre, señala Ramírez.

“El gobierno ha instalado en el inconsciente del ciudadano el mundo orweliano de ‘1984’, la temible ‘habitación 101, del ministerio del amor’, donde la víctima es llevada al extremo de traicionar los últimos vínculos humanos, en nuestro caso, las relaciones precedentes, filiales, de amistad o principios políticos, hasta subordinarse a ‘lo que Maduro diga’. Esto se ha logrado a través del uso extremo de la violencia”.

En este sentido, Ramírez pone de manifiesto el más reciente ejemplo de este modelo persecutorio de boga en la región que se vale de portales informativos, medios audiovisuales controlados, redes sociales, tribunales y cuerpos de seguridad para lograr sus fines, que es el suicidio del ex presidente peruano Alan García, a quien se pretendía llevar a prisión sin un juicio justo, porque ya había sido juzgado por la justicia express de la “Inquisición 2.0”.

Lo grave es que el caso de García no es una excepción, sino la muestra de una práctica que se ha extendido con consecuencias nefastas.

Así líderes y dirigentes como la presidenta Cristina Kirchner, su hija, y ex ministro Julio De Vido, ya preso, en Argentina; la presidenta Dilma Rousseff y el presidente Lula Da Silva, quien está preso y ha recibido injustas condenas en Brasil; el presidente Rafael Correa, el vicepresidente Jorge Glass, y el canciller Ricardo Patiño, en Ecuador; los ex ministros Rafael Ramírez y el Mayor General Rodríguez Torres en Venezuela, son acusados de corrupción, una acusación genérica, sin pruebas, pero que abre las puertas a un verdadero linchamiento moral y acciones judiciales de persecución política.

“También sucede en Venezuela, con el acoso judicial y exilio en mi contra, como ex ministro del presidente Chávez, el encarcelamiento del ex ministro Mayor General Miguel Rodríguez Torres, la prisión y muerte en custodia del ex ministro Nelson Martínez; así como el secuestro-prisión de cientos de trabajadores de todo el país, de PDVSA, Corpoelec, dirigentes políticos y oficiales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana”, recuerda Ramírez.

Rafael Ramírez insiste en que este modelo de persecución y represión, que demanda enormes recursos económicos y tecnológicos -que salen de los erarios públicos -, además de, por supuesto, inmoralidad y corrupción, no distingue modelos ideológicos aparentemente contrapuestos. Sirve igual a Maduro que se autodenomina revolucionario, como a gobiernos de ultraderecha como los de Macri o Bolsonaro.

“En todos los casos, las características son las mismas: los factores que están en el poder, llámense ‘macristas’, ‘bolsonaristas’, ‘maduristas’ o ‘morenistas’, utilizan la justicia como instrumento para la persecución política. Un Poder Judicial que actúa de manera parcializada, como un apéndice de los factores en el poder; el Fiscal de turno, abusa de sus potestades, arremete contra los dirigentes políticos de izquierda, revolucionarios; o los que significan un riesgo para el grupo de poder al cual ellos representan”.

Pero, también, esta inquisición se fundamenta en el papel de los “bots” y grupos que trabajan en las redes sociales y algunos portales, donde estas acusaciones encuentran espacios y son “viralizadas” de una manera nunca antes vistas. Se trata de la imposición de basada en mentiras, en “ollas”, que se montan de manera interesada para destruir reputaciones, especialmente de dirigentes que están al frente de luchas populares, que son revolucionarios.

Y concluye: “Son nuevos tribunales de la intolerancia y el odio, sin reglas ni principios de ningún tipo. Los que, desde el campo Bolivariano juegan este juego, o guardan silencio frente a la hoguera, tarde se dan cuenta de que ellos también serán víctimas, primero fueron por los obreros, ahora van por los campesinos, después será muy tarde”.

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