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UN PAÍS ALETARGADO, Y UNA REVOLUCIÓN ANTIGUA

“Bienaventurados los adormilados porque ellos se quedarán dormidos”… y así habló Zaratustra. Cuando sea casi inevitable tendremos puesta una dictadura fascista en Venezuela desde Miraflores hasta la calle, con una máscara de democracia. Cada vez es más difícil la comunicación. Cuando más se necesita información hay menos información, solo basta con leer la web de Ultima Noticias, ver unos minutos a cualquier canal del gobierno, o la web del Nacional, que es el equivalente en la oposición al gobierno, o el Noticiero Digital, la contraparte del programa de Diosdado Cabello, reduciendo nuestros problemas a debates insulsos sobre candidaturas presidenciales y chismes. Ya la revolución es algo antiguo (el antiguo mercado Bicentenario, la antigua empresa socialista Lácteo Los Andes, los antiguos abastos pdval, el antiguo Fundo Zamorano, allí donde quedaba el antiguo Barrio adentro de José Felix Ribas…), la revolución, en diez años, se hizo ruinas, esperando ser descubiertas más adelante por algún curioso.

Por un lado el hastío de vivir sin esperanzas rumiando sobre las desgracias cotidianas y contando los enfermos y los muertos que vamos dejando atrás. Cada quién en su propio mundo, sin atreverse a más, encerrado con sus estupideces. Y por el otro lado los mentirosos retomando el control de todo, de la economía, de las mentes, haciendo su circo democrático con sus malabares de candidatos y precandidatos, pujando por cogerse lo que quede de la renta petrolera, «actualizándolo» todo al ritmo del capitalismo apocalíptico moderno.

Los nuevos adecos de Maduro y los viejos adecos y copeyanos vestidos de jóvenes se preparan para reinstalar la dictadura democrática pero con más fuerza, con más control, un fascismo con rostro democrático. Ahora mismo estamos condenados a la desinformación, a la fragmentación de la sociedad y al aislamiento; somos presas fáciles para el engaño. Además, cada quien resistiendo por su cuenta, somos el objetivo de delatores y cobardes. En tal condición de confinamiento espiritual y material, atrapados por las necesidades no podemos pensar con claridad, en estas condiciones nuestros pensamientos siempre serán débiles y oscuros. Por eso hay que despertar del todo, sacudirse el letargo en el cual nos hunde el reflujo madurista y la oposición que obedece a Washington.

El gobierno madurista se ha dedicado estos últimos años a borrar las ruinas de la revolución y maquillarlo todo. El programa se llama Venezuela Bella, una ironía en un país podrido. Se podrá pintar a Venezuela para que se vea “bien bonita”, pero sus habitantes vagan por las ruinas de la revolución, entristecidos por la promesa incumplida, desengañados, perplejos, preguntando ¡Cómo es posible que Chávez haya querido esto para nosotros!

La Venezuela de Chávez nos sacó de la ignominia, del analfabetismo y la ignorancia más profunda, nos rescató de las enfermedades endémicas, de la desidia, dignificó nuestro estatus de trabajadores, a las mujeres de su condición de prisioneras del capitalismo, a los ciegos, a los niños, hombres y mujeres de la calle, estableció la propiedad social como respuesta a los conspiradores capitalistas, sin miedo, ¡más socialismo! La Venezuela de Chávez vivió inspirada y esperanzada mientras él estuvo vivo. Hoy solo quedan ruinas pintadas de azul, el azul de la traición.

La responsabilidad de retomar el camino abandonado por Maduro recae en el hombre y la mujer conscientes, pero sobre todo en los mayores de 40 años, que fuimos protagonistas de la revolución bolivariana de Chávez, del transcurso de la revolución socialista hasta su deformación y destrucción definitiva. La peor de esas deformaciones se dio en la consciencia, y sus víctimas fueron los jóvenes “milenium” que no alcanzaron a comprender o sentir el valor de un cambio de consciencia social en un país que fue rescatado por Chávez del charco seudo democrático adeco-copeyano, jóvenes que hoy no saben qué es la solidaridad y el deber social, encantados por las lucecitas capitalistas, comprados por el madurismo o migrando hacia todos los puntos cardinales, por caminos más prometedores, en busca del éxito o del reconocimiento a sus esfuerzos. Nuestro problema es ahora no perder la memoria, debatir a Chávez, formar conciencia de lo que fue ese intento de cambiar al mundo, volver al Plan de la Patria y debatirlo con él, en su presentación ante el CNE. Volver a Chávez, rescatar las misiones sociales y las empresas socialista, el sentido de la propiedad social frente a la propiedad privada de los medios de producción, enseñar socialismo desde la misma Constitución chavista, la ley de hidrocarburos, y la ley del trabajo que ahora quieren derogar los maduristas… por débiles, por pragmáticos que no aguantan la presión.

Hay que salir a la calle a divulgar el socialismo, a Chávez revolucionario y el Plan de la Patria original. Debemos despertar de esta pesadilla madurista.

¡PATRIA SOCIALISTA O MUERTE!

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