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ActualidadEs una guerra intercapitalista, no un juego “Caracas-Magallanes”

Es una guerra intercapitalista, no un juego “Caracas-Magallanes”

La Rusia de Putin es una nostalgia de las glorias de la URSS, un capitalismo nacionalista, si cabe decirlo, una potencia militar que deriva de la Unión Soviética estalinista, y una potencia comercial y tecnológica con un ámbito geopolítico propio. Por eso no quiere saber nada de comunistas, del socialismo, menos de sus ideales. El señorío ruso capitalista le sienta mejor.

Más que aliados políticos la Rusia de Putin tiene aliados comerciales, en Brasil, en Argentina, Venezuela, en Cuba y Nicaragua; en África, en los países del medio oriente, en China, Turquía, ¡en Estados Unidos!, como es el caso de los proyectos espaciales. Las diferencias político-ideológicas no cuentan, solo los business… Sólo cuentan los mercados y zonas de influencia hegemónica. En el tiempo (si es que hay tiempo) las hegemonías variarán, se desplazarán de un centro a otro, el mundo seguirá dando vueltas, y si seguimos vivos podríamos constatarlo. La historia no miente.

Todo esto es para aclarar que el “operativo militar especial” ruso es una forma de marcar un territorio y ejercer en él su hegemonía, es decir, extender su mercado, su economía, sus recursos, quizás más allá de su orgullo nacional, de un país gobernado por el capitalismo señorial ruso y los señores capitalistas rusos. El “megalómano” Putin, como lo llaman algunos, se carea con la megalomanía y el señorío occidental, en especial, con la de los oligarcas de EEUU.

El sentido de las sanciones económicas occidentales es el de tratar de capturar ese capitalismo y ponerlo a su servicio, que se coloque frente a Putin y su poder y su control político militar del Estado. Sin embargo, el capitalismo es un poder en sí mismo y siempre se aprovecha de todas las hegemonías políticas y militares, comercial para un lado y para el otro, es ambidiestro, al final se hacen todos familias.

La guerra la incitan intereses económicos y comerciales, los representantes políticos y militares de las grandes corporaciones, la industria petrolera, la industria militar, espacial, aérea y naval, acereros, ferroviarios, etc. En estas guerras, conceptos como democracia, libertad, paz, derechos humanos, quedan por fuera, son solo excusas para gritar duro. Y muy atrás, el orgullo señorial. El capitalismo es la fuerza de las nuevas “aristocracias”.

A mi manera de ver, ya Rusia invadió, pegó primero, meó primero, y Europa no hará nada; el discurso altanero se les hizo baba. Sin embargo esto no indica que EEUU no pueda hacer lo mismo con países donde Rusia tiene intereses comerciales, por ejemplo, con Venezuela.

Es triste que haya gente que todavía piensa que los socialistas debemos tomar partido por Rusia en una guerra intercapitalista. Lo cierto es que nuestro territorio será negociado por otros actores dentro de la geopolítica mundial. Perdida nuestra soberanía, perdido el control de nuestro destino político y social, el control sobre nuestros recursos y nuestra economía (hoy en manos de cualquiera) seremos ficha de cambio, moneda corriente para los “imperios” en conflicto.

Hoy Venezuela solo es un potencial proveedor de petróleo, agua potable, minerales estratégicos, mano de obra barata y diversión; ¡hay mucho que ofrecer en una negociación! (donde nosotros no tenemos voz ni voto).

Hay que pensar de forma distinta, retomar el sentido originario de los conceptos.

Seguimos defendiendo el socialismo para enfrentar el capitalismo, no para trabajar con él. La guerra que se avecina es una muestra clara de que los pueblos no existimos, a la hora de decidir nuestros destinos. Deciden Biden, Putin o Xi Jinping. Los socialistas no confiamos en los capitalistas ni en ningún imperio. Para nosotros el imperialismo sigue siendo la “etapa superior de capitalismo”, en eso no nos engañamos. Así como no existe un capitalismo social, una “economía social de mercado”, no hay un imperialismo que no obedezca hoy a las demandas capitalistas, a las demandas de clases “señoriales”, y poderosas.

El doble discurso. Putin hizo días atrás una solicitud a la Duma para el uso de las Fuerzas Armadas rusas en el extranjero, pero, al tiempo interviene dos territorios que considera independientes y aliados dentro de Ucrania, alegando razones humanitarias, en defensa del nazismo, ¿por qué no lo hizo antes?. Maduro hace un llamado al diálogo en el conflicto militar que acaba de estallar, luego de ponerse del lado de Rusia, antes de que este explotara, sin embargo mantiene una campaña sostenida, patriotera y guerrerista por Tuiter, propaganda de guerra. Si Maduro quiere resolver el conflicto en esta frontera, “hacer su trabajo”, controlar el territorio de invasores del ELN, de narcos, o “paras” en el estado Apure, no tiene que hacer tanta alharaca militar, como si estuviéramos en guerra. No estamos en guerra. Eso que hacen ahora, destruir plantaciones, campamentos, etc., es y debe ser su trabajo ordinario. Pero esta propaganda anuncia una guerra; es una “preguerra”.

Para defender la patria, primero debemos tener patria. Y ésta debe ser socialista. No puede haber patria para unos, y para otros no. Este principio vale para aplicarse a todas las naciones del planeta. Para los socialistas la única guerra válida es contra el capitalismo, el egoísmo, el hambre, la ignorancia, la injusticia… Y Putin como Xi Jinping, Biden y sus sigüís o en la OTAN representan a sus propias oligarquías o señoríos. Puede que dentro de sus particulares historias y orgullos nacionales señoriales, pero la cultura capitalista sigue siendo la misma… Ninguno de estos imperios va hacer una guerra en contra del sistema capitalista, va a igualar las cargas, va defender el Arco Minero de la devastación, regalar vacunas, distribuir alimentos, eliminar la producción de dióxido de carbono y gases contaminantes; todos apelan a un discurso hipócrita sobre los derechos humanos, acusándose uno a otro de tiranos, asesinos, y pare de contar.

Ahora más que nunca debemos volver a Chávez y al socialismo, leer bien lo que pasa.

CHÁVEZ ES GARANTÍA DE PAZ

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