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ActualidadHablemos de elecciones y fascismo

Hablemos de elecciones y fascismo

La campaña preelectoral que adelanta el PSUV, usando ooootra véz a Chávez como estandarte – sin la imagen de Chávez detrás, no tienen vida, no son confiables ante sus fieles –, no es muy alentadora para el madurismo. Hasta ahora no han usado mucho a Maduro porque saben que él le resta  a su propia candidatura, así suene raro. Su base publicitaria y estrategia electoral seguirá siendo: primero Chávez detrás avalando al gobierno, luego  el comodín del bloqueo (como  la excusa para la ineptitud de Maduro y su gobierno neoliberal), el desprestigio de la otra derecha y el  robo de las tarjetas del polo patriótico, sobre todo la del PCV: estamos hablando de ¡“alta política” pues! Estas elecciones prometen un reguero de pantano y pupú.

En una esquina están los lobos y lobas de la oposición de derecha, dando mordiscos para quedarse con una candidatura que les podría asegurar un triunfo frente a un gobierno y una candidatura de gobierno muy desprestigiados.

Y del otro lado, hay miedo y se cuece  un fascismo a fuego lento. La soberbia y la negación de la realidad del candidato Maduro los obliga a ser indecentes, más que sus enemigos de la derecha gringa. Los lleva a manipular con mentiras a un pueblo atontado  de necesidades. Se ven en la obligación de insultar a escritores honestos que cuestionan al gobierno, aduciendo que “le hacen el juego al imperio” (¡imposible que, así sea por error, el presidente pueda hablar con la verdad!). Están obligados a seguir presionando a los empleados públicos para que voten, a deshabilitar candidatos con algún chance, y a perseguir a sus competidores dentro del chavismo… Si la abogada María Alejandra Díaz llegara a proponer su candidatura será la primera víctima de esta guerra sucia. No  se diga de Rafael Ramírez, que sin ser candidato ha sido calumniado, insultado, perseguido (y amenazado hasta con la interpol) como ningún otro político en este país. Si el ex ministro de petróleo y ex canciller llegara a volver a Venezuela sería preso, sin juicio y sin condena, aislado y abandonado como lo han hecho con Rodríguez Torres, Baduel, Del Pino, Nelson Martínez, etc… El miedo es el sustrato de la violencia fascista, en él se cuecen las víctimas y los victimarios.

La gran estrategia electoral del PSUV madurista es consolidar el bipartidismo, eliminar cualquier competidor dentro del chavismo, llamando “traición” cualquier gesto independiente, como lo hicieron con el PCV (el madurismo traiciona a Chávez  luego llaman  traidores a los que lo pillan). En el PSUV y Miraflores se respira miedo, y hay fascismo  en el  ambiente.

Diosdado  Cabello, tira la piedra y esconde la mano.

Los fabricantes de odio,  desde el PSUV, desde el Mazo o la Hojilla, siendo los instigadores de la violencia, no dan la cara cuando ésta se ejerce a través de una porción de pueblo excitado y manipulado desde sus aparatos mediáticos y las redes sociales,  un odio dirigido a sus opositores o cualquiera que ejerza la crítica, sea de la derecha o del chavismo. Tampoco asumen su responsabilidad de ser los maquinadores del  falso “PCV”,  para quitarles la tarjeta a los comunistas, vistas puestas en las próximas elecciones, “yo no sé nada –dice el hipócrita –, yo no me meto  en eso, eso es cosa de ellos”, dice el pícaro  Diosdado. Actúan como perfectos nazis, simpáticos, con palabras suaves y acciones violentas, contundentes, aviesas, retorcidas. En el disimulo y la mentira está la base moral del  fascismo, y parecen no darse cuenta de lo que están alimentando. Cuando la calumnia se empodere dentro del PSUV, y vuele por los pasillos de Miraflores, los que ahora condenan y juzgan serán sus víctimas, la cabeza de este nuevo Robespierre rodará en el cadalso, serán víctimas de su engendro. Un pueblo ignorante azuzado por una mentira es despiadado… “de más”, como dicen en oriente. En el  fascismo no valen las razones para no cortar cabezas.

Los que han alimentado el odio, los que han redactado una ley contra el odio para poder ejercerlo de forma exclusiva, serán (siempre ha sido así) víctimas de su propio método, de su propia maldad. Esta estupidez propia de personas temerosas, envilecidas por la mentira, eso de jugar con el odio, es jugar con el factor más destructor de la naturaleza humana, es como jugar con fuego, fácil se puede revertir su letalidad hacia aquel que lo manipula.

Debemos frenar esto desde ya, imponer de nuevo el imperio de la ley fundamental, nuestra Constitución bolivariana, apelar a su lógica, a su racionalidad. Que nada ni nadie, que contradiga sus principios fundamentales, se coloque por encima de ella, como lo hace Maduro, sus jueces y su fiscal, como lo han hecho los diputados borregos con la ley del odio, la otra ley que desaplica leyes y justifica los acuerdos secretos, las leyes que permiten la explotación del trabajo humano y de la naturaleza, que ponen por encima de la vida la ganancia. Hay que combatir la ignorancia, el  odio, la violencia con el espíritu humanista de Chávez que está dentro de nuestra Constitución y sus leyes fundamentales.

Volvamos a Chávez

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