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ActualidadLa revolución bolivariana no tiene candidato

La revolución bolivariana no tiene candidato

Nicolás Maduro NO ES EL CANDIDATO DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA, y de ninguna otra revolución, desde que revirtió todo lo hecho por Chávez. No hay sanciones ni bloqueo que justifiquen el haber desmovilizado a la población chavista, las fechas no cuadran, el miedo y la ineptitud no cuadran con las sanciones,  la restauración capitalista con la “guerra económica”, la “burguesía revolucionaria” y el aquelarre con Fedecámaras con el bloqueo. Maduro es el candidato de la desesperación, necesitan sostenerse duro de las ramas del desgobierno, en cualquier caso sería el candidato ¡de la traición a Chávez!, el candidato de la restauración del pasado adeco copeyano y del capitalismo colonial, de los acobardados y de las muchas ganas de ignorancia y de mediocridad de muchos. 

Maduro y sus poderes subalternos se precaven de perder el gobierno convocando a unas elecciones que saben que pueden manipular con relativa facilidad, cuando ellos son “todos los poderes del Estado” bajo su control político. Esa es la situación actual, la de unas elecciones chimbas manipuladas por ellos que temen perder el poder frente al inmenso descontento de su propio universo de electores. Un pueblo desmovilizado, engañado con promesas y mentiras, al cual le piden sacrificios y paciencia mientras un tipo como Tarek El Aissami se va tranquilamente del país, sospechoso de un inmenso robo a cuenta del Estado, de PDVSA, escondido y  protegido por ellos mismo (¡imposible que el súper fiscal y sus sabuesos no sepan dónde está el prófugo!).

En medio de una crisis económica y social se presenta en el estadio de béisbol, que construyó Maduro como un gran circo romano,  Carol G, y programados cualquier cantidad de eventos musicales, comerciales (activando la economía al precio de la idiotez), de fiestas distractoras, como si todos estuviéramos celebrando la epifanía del dios Pan,  ¡pan y circo! para una población indiferente, para que se cumplan las metas  electorales de baja participación y un triunfo precario, de una legalidad precaria y así continuar  desmontando lo que queda del chavismo y preparando la salida por la puerta trasera, porque la caída será inevitable.   

Secuestraron al PSUV, lo convirtieron en otra oficina de Miraflores. Se cagaron sobre la democracia interna de su partido a nombre  y con el chantaje de la disciplina y de una lealtad propia de “la camorra” siciliana. Negaron la oportunidad de participar en estas elecciones a la competencia fuerte, exiliaron y persiguen judicialmente a quienes han podido ser los candidatos naturales del chavismo. Se robaron las tarjetas y los partidos de podemos y del PCV, no dejan inscribir al candidato Manuel Isidro Molina, prohíben la inscripción de la candidatura de Andrés Giussepe y de cualquier otro que pueda competir con ellos a nombre de socialismo, con un descaro peligroso, que podría degenerar en prácticas fascistas más directas, como el  linchamiento popular,… y todo precaviendo su caída definitiva; ¡la desesperación los tiene peligrosamente nerviosos!

Maduro no  es el candidato  de la revolución bolivariana, maduro es EL  ÚNICO CANDIDATO en una elección inexistente. Maduro representa la traición a la esperanza socialista y a Chávez. Esto es de lamentar, por todos aquellos distraídos y medrosos que ven una amenaza en el imperio y sus candidatos y no la ven en el imperio y el madurismo; por los que todavía no han podido ver, más allá de los discursos, el  alma de los oportunistas y la realidad de la desigualdad, el abismo que hoy separa a ricos y pobres y la descomposición social y de las instituciones,  la anarquía,  el verdadero “dejar hacer” madurista para todos los que quieran y puedan hacer lo que les dicta su estupidez, en perjuicio de las mayorías, una bomba de tiempo que puede estallar en cualquier momento. 

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