Maduro y el cuento del “capitalismo salvaje”

Emeterio Gómez hace tiempo quiso demostrar, o mostrar, en un artículo, una “ética del capitalismo”, o una ética en el capitalismo, a dicha idea respondió el profesor Juan Nuño conque no podía haber ética dentro de un sistema que se fundamenta en la “falta de ética”, precisamente la ausencia de un código moral era su razón para actuar y de ser. Y fue así como Nuño calificó al capitalismo de “salvaje”, el “capitalismo salvaje” porque carece de ética, su única moral es el  dinero, es la ganancia, es el lucro; todo en él es válido, siempre y cuando se “respete” ese objetivo sagrado de comerse a los otros.

Este cuento viene a colación por la insistencia del madurismo y de otros reformistas en el continente, de distinguir entre neoliberalismo y capitalismo, o (entre nosotros), el “capitalismo salvaje” y otro capitalismo, que no lo es: “capitalismo democrático”, “capitalismo humanista”, hasta se han inventado un “capitalismo socialista”, cuando el deseo los ofusca demasiado.

La expresión de “capitalismo salvaje” es de Juan Nuño, y fue usada para remarcar, con un  sentido redundante, el carácter salvaje del capitalismo, aquel que lo hace no respetar ningún principio racional o humano en busca del lucro.

El asunto no es de poca importancia; esta confusión representa un deseo íntimo en aquellos que establecen tal diferencia,  de hallar dentro de sí un consuelo a las apetencias personales por el lucro, de disculpar sus inclinaciones pequeñoburguesas. Si pueden demostrar que  existe un capitalismo bueno, ese será “la tercera vía” para resolver los problemas de la sociedad “en sana paz”, una posibilidad de hacerse rico también.

Para maduro hablar de “capitalismo salvaje” no significa acentuar el carácter salvaje, amoral y anárquico del capitalismo. Con ésto sugiere que hay otro capitalismo dulce, que te pide permiso antes de explotarte y que es capaz de cuidar de ti y de tus hijos, darles salud y educación y una vivienda digna para que todos sean felices; con ese cuento nos tiene mareado desde que llegó a la presidencia.

Tal capitalismo no ha existido en el mundo, a menos sin que haya habido un control férreo sobre sus actividades, como en Inglaterra (antes de Margaret Thatcher), o en Noruega, Suecia hace años. Sin embargo lo único que no ha podido demostrar maduro y el madurismo en Venezuela, hasta hoy, es “autoridad y control” sobre la actividad económica y comercial privada, o sea, capitalista. Y quizá sobre ninguna actividad pública; el espíritu “salvaje” del capitalismo hoy arroba nuestras almas dentro de este despelote que llamamos sociedad venezolana.

Mientras más personas crean en ese cuento de la “tercera vía”, de la pasión reformista, donde el capitalismo es bueno y dulce, estaremos más lejos de hacer una revolución socialista. O dicho de otra forma: mientras más socialistas estén confundidos con ese cuento de la “tercera vía” reformista estamos jodidos. Los socialistas no podemos vivir de deseos y cuentos de hadas. Nuestro fundamento está establecido en hechos, en una realidad palpable que nos obliga a definir objetivos de lucha y enemigos a vencer, enemigos ideológicos y de clases, no personales, y pelear en esa dirección.

No es posible que ahora la explotación no exista porque no se sabe exactamente lo ella que es, porque no haya una definición consensual de la finalidad de la especie humana en la tierra,  o que se relativice el valor de la vida en la tierra, dependiendo de nuestras creencias religiosas. El socialista está obligado a pensar por encima de la ideología capitalista burguesa y de todos sus mecanismos de embaucamiento mental. No es posible que ahora “El Capital” de Marx se haya vencido como la leche pasteurizada, y lo desechen por un Simón Rodríguez o Martin Luther King o Malcom X, como equivalentes válidos del político y pensador socialista alemán. No es posible que se hayan olvidado de Chávez y sustituido por su afiche o los ojitos en la franela roja.

El capitalismo es uno solo, es salvaje y despiadado, su única moral es desobedecer leyes, normas que impidan obtener altos rendimientos, su única ética es comerse al más pequeño,  y su carácter salvaje se lo otorga la codicia de seres humanos animalizados; salvaje porque salvaje es el individuo que lo aúpa, y salvaje porque el capitalismo tiene alma de tigre.

El socialismo es todo lo contrario (contrario, NO opuesto); donde hay amor y solidaridad no hay capitalismo, donde prevalece la verdad no hay capitalistas porque viven de la mentira. El altruismo capitalista alimenta al capitalismo; el altruismo capitalista no se usa para formar humanistas, sino más capitalistas; las universidades privadas forman más capitalistas; la salud capitalista significa la enfermedad de la sociedad, de ella vive. En cambio, la idea de una sociedad socialista es la de liberar al ser humano de la idea de propiedad privada, de la propiedad privada de los medios de producción  y de la pobreza material y espiritual, hacer posible el desarrollo espiritual individual, abomina del gregarismo pequeñoburgués, del consumismo, de la voluntad de ser ignorantes y nada originales. No se trata de relativismos, de colores sucios, donde está uno no está el otro.

La revolución socialista está obligada a saber contra qué o quién lucha, de lo contrario se pierde en las pasiones y deseo pequeñoburgueses (esa fuerza atropellada por querer ser un burgués, con todos su prejuicios y vicios). Sin ideas claras, sin objetivos y enemigos claros, a pesar de llamarnos socialistas somos iguales al resto de la población que queremos convencer y cambiar, tan tontos e ignorantes como los demás, por eso, esa “tercera vía” del reformismo resulta más perversa que dejarse tentar por el diablo capitalista sin más.

Nada de capitalismo light, eso no existe, nada de falsos domadores de tigres. El dilema es socialismo o barbarie, “esa es la cuestión”.

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