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ActualidadMentiras (I)

Mentiras (I)

La mentira del Poder popular. El Presidente dijo a Ramonet que la Revolución Bolivariana cuenta con un robusto o poderoso poder popular, pero todo el mundo sabe que eso es mentira. Un poder popular es una expresión mínima de la nueva sociedad que el socialismo desea cultivar, una sociedad aprende a ser crítica, que está dispuesta al debate de ideas y a trabajar por el común de las personas; es cuando la gente común comienza a influir en las tomas de decisiones de los asuntos de importancia y que les concierne locales, regionales y nacionales; cuando puede elegir y revocar a sus líderes locales, regionales y nacionales libremente en asambleas populares sin imposiciones ejecutivas, cuando puede elegir a sus representantes naturales; cuando puede influir en la orientación política del gobierno central. Pero lo que el presidente llama poder popular es un apéndice de un partido manipulado por el gobierno central, que hasta ahora ha servido para suplir en deber de los que se llaman socialistas en la socialización de la producción y distribución de alimentos, con el negocio y la corrupción “auto auditada” de los CALP, la forma más miserable y humillante de dominar a la masa trabajadora hambreada, con necesidades que van más allá de esa limosna; como aparato electoral, o para fomentar clientelismo y la actividad capitalista a través de “emprendimientos”, mediante mandatos ejecutivos, cocinados por la cúpula política partido-gobierno. Las experiencias de organización popular exitosas, excepcionales, críticas y democráticas, son rápidamente satanizadas y acusadas de traición, indisciplina, “divisionismo”, anarquismo… Para el gobierno, “poder popular”, es un producto publicitario, es la manera disimulada, “eufemística”, que tiene la cúpula política madurista de nombrar a su propio despotismo.

La mentira de la soberanía. La Idea madurista de la soberanía no existe, solo existe el discurso madurista sobre la soberanía, el cual, como ya nos tienen acostumbrados, es contrario a sus acciones, a la realidad. En el 2009 Chávez echó del país a la empresa canadiense Gold Reserve por maula y por haber explotado el oro mediante métodos salvajes, contaminantes, por haber hecho destrozos a la naturaleza, expropiando sus bienes como pago por los daños en la concesión Las Brisas-Cristinas. Entre el 2017 y el 2018 el Estado venezolano presidido por Maduro le restituyó a esa misma empresa 759 millones de dólares como indemnización en una decisión tomada por un tribunal extranjero “por la data minera de Las Brisas”, además la reactivó en la antigua mina, una de las más grandes del país, ¡como si nada!, deshaciendo los “excesos” de Chávez.

Luego de la salida de Rafael Ramírez de la dirección de la industria petrolera el gobierno fue cediendo espacios a la empresa privada. Restituyeron las antiguas operadoras de servicios en el lago de Maracaibo regresándoles su antiguos contratos (en detrimento de la empresa estatal) y revirtiendo la política de Chávez de “cero tercerizaciones” en el trato con sus trabajadores, los cuales habían adquirido todos los derechos y beneficios laborales al ser absorbidos por PDVSA cuando ésta asumió las tareas de las empresas que estaban en manos de antiguos gerentes de la vieja “meritocracia”. Más tarde los socios privados de PDVSA en las empresas mixtas presionaron para que se les concediera una distribución accionaria mayoritaria a fin de poder controlar las operaciones y negocios de éstas. El gobierno de Maduro en algunos casos concedió hasta el 80% de control sobre las empresas mixtas. Hasta Oswaldo Cisneros en el 2016 participó de esa rebatiña comprando o alquilando por un tiempo Petro Delta, aportando 1.130 millones de dólares para “asociarse” con PDVSA, por supuesto con las mismas ventajas que los otros, que en menos de un año había multiplicado en un yacimiento de petróleo liviano. Hoy, en el 2023, ya tenemos un “flamante gerente gringo”, cedido por Chevron, como presidente de “Petro Piar”, llevándose la empresa gringa a sus refinerías ciento de miles de barriles, como pago de una deuda que nadie conoce ni sabe de ella. La historia de esta felonía es bastante conocida, es una historia de persecución y encarcelamientos, y desmantelamiento por ineptitud, pero de forma intencionada y programada, de la mayor empresa estatal del país, en favor del capital privado, o intereses privados y mezquinos…, mientras el discurso oficial sigue hablando de “independencia y soberanía nacional”.

Luego están las Zonas Económicas Especiales las cuales otorgan al capital privado territorios liberados de la “soberanía nacional”, del control de nuestros habitantes, de nuestras leyes, impuestos y regalías por el uso de las tierras etc.; ¡libres de la norma constitucional! Después de varios intentos fallidos para aumentar las “garantías a los capitales privados” se sancionó la ley inconstitucional que se conoce como Ley Antibloqueo, la cual permite, “por razones de seguridad y emergencia nacional”, desaplicar leyes y negociar en secreto con los enemigos del socialismo, a fin de facilitar el ingreso de estos capitales chupasangre, los cuales exigen, cada vez más, más ventajas y garantías, políticas y legales, que se renuncie a todos nuestros derechos, que cambie o elimine la Constitución, y se renuncie de forma expresa y práctica al socialismo, a Chávez y al Chavismo y sus símbolos (de esta forma se privatiza el BDV, desmontando los símbolos del chavismo y a Chávez).

Pero el discurso de Maduro sobre “independencia y soberanía nacional” se sostiene, la mentira se mantiene, y vuela como un gran velo sobre los ojos de muchos que no puedan ver con claridad cómo se desvanece el país, bajo las presiones que ejercen los imperios sobre el grupito terco que gobierna, o que desgobierna, el cual solo actúa por intereses mezquinos, busca el “control administrativo” de este “nuevo capitalismo colonial” impulsado con entusiasmo por Maduro, y quizás, más allá, garantías personales en caso de dejar el gobierno.

Pero la presencia de Maduro no inspira confianza, tampoco la memoria colectiva de Chávez, del chavismo y su historia, no les conviene a los gringos y a los capitales, ¡lo quieren todo! Maduro y el madurismo debe cambiarlo todo y poner de pie la cuarta república, poner todo como estaba antes de Chávez, eliminar la Constitución Bolivariana y renunciar a sus cultos a Chávez, así sean falsos; solo así, bajo estas condiciones, a Maduro puede que lo reciban por una puerta trasera en Washington, solo si entrega su capitulación firmada a los vencedores. Una invasión militar para sacar a Maduro y a su gobierno sería un último recurso para formalizar la invasión material y espiritual que existe “de hecho”, producto del trabajo de Zapa adelantado en estos últimos diez años por el madurismo.

¡RESCATEMOS A CHÁVEZ! ¡VOLVAMOS AL PLAN DE LA PATRIA!

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