Que falta hace un 26 de julio, un 4 de febrero, una Rosa Rosa

El 26 de julio de 1953 un grupo de jóvenes comandados por Fidel Castro salieron de la granja Siboney a cabalgar la historia. Aquel país donde todo estaba como dormido se conmocionó con la Toma al Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, algo increíble, unos jóvenes contra un ejército y se cumplieron las palabras de Martí: “Un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército”

El hecho hizo historia y sentó doctrina: cuando los pueblos duermen es necesaria una acción heroica que los despierte. Y el pueblo de Cuba, el continente despertó con el Moncada, con la Sierra Maestra, con la declaración de Socialista de la Revolución Cubana, y el corazón de la América comenzó a latir en rebeldía, toda la cordillera andina fue refugio para los jóvenes que caminaron hacia un nuevo mundo que aún es esperanza.

El 4 de febrero, una madrugada en Caracas un grupo de jóvenes comandados por Chávez despertó al pueblo de Venezuela con una acción incomprensible, quienes todo lo tenían, sin temores escogieron el camino de la dignidad y se convirtieron en chispa que encendió la pradera. Esa madrugada la briza era la misma que envolvió al Moncada, igual a la que cubrió al país en 1810, el mismo soplo que eleva a los pueblos a la lucha sagrada por construir su futuro.

Ahora todo vuelve a dormir, los pueblos están en reflujos, triunfó la canalla, ya el viento no sopla, las ruedas de la ignominia giran y los pueblos duermen, esperan una nueva chispa para intentar de nuevo tomar el cielo por asalto.

En algún lugar de Venezuela, quizás en Caracas, o en Cumana, tal vez en el exilio, quizá en un calabozo, se oye a alguien decir: “esto es insoportable, algo habrá que hacer”… y allí nace el rescate del decoro que tanta falta le hace a la Patria.

La anterior escena se repite desde la independencia, desde el Moncada, desde el 4 es la agrupación de los hombres dispuestos al llamado de la Patria, como dijo el Apóstol: “desde el fondo de una cueva”.

Siempre ocurren los llamados y siempre son atendidos. Con esas rupturas de lo establecido, en esas angustias que se transforman en acción, que se expanden por los corazones se yergue la calidad del humano, la Patria se salva, crece, permanece.

Hoy, queremos creer, se está dando la escena que sustenta el decoro, ya habrá tiempo para revisar estos tiempos. Sólo nos queda imaginar a ese grupo pequeño, muy pequeño que se reúne a escondidas a soñar un poco, a planificar mucho.

¿Cómo estará formado?, siempre habrá uno que trae en su memoria y en sus genes las luchas del pasado, alguien que conoció a Fabricio y lo oyó narrar a la luz de la luna y del canto de los grillos los errores cometidos el 23 de Enero, como después del triunfo brotaron los oportunistas y los pusilánimes a morigerar las acciones; alguien que conoció a Douglas y a Argimiro, que conoció a Américo, y vivió la triste experiencia de la perdida de la hermosa aventura del Chavismo Socialista. Estará el jefe natural, ese no tiene discusión, es aceptado por todos, de su textura ética, de su inteligencia depende en gran medida la navegación en el azar del futuro. Concurrirán, dos o tres veteranos de luchas pasadas, los que aún se emocionan cuando oyen al Comandante cantar el Gloria al Bravo Pueblo.

De que hablarán: el grupo tiene la inmensa grandeza de sus ideas, pero ellos no lo saben, se sienten pequeños frente a la inmensa tarea que les depara el destino.

Puede ser que un día próximo, aparezca alguien en el Cuartel de la Montaña, un esperado, un temido, y deje sobre la tumba una rosa rosa y el Manifiesto Chavista… Entonces sabremos que el rescate del decoro está en camino, y temblaran los traidores…

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