Sanciones, ineficiencia y represión

Las sanciones económicas impuestas por EEUU no justifican la ineficiencia pero los reproches del gobierno a las sanciones  dan a entender que debido a ellas el gobierno no ha podido controlar la expansión del virus y la crisis social del país. Las sanciones sirven de excusa para el desorden administrativo del gobierno y su incapacidad. Sirven de excusa para la falta de inteligencia con la cual se empeoran todas las cosas ahora… ¿En qué está pensando ahora?

Es el caso de los controles de circulación por la pandemia.  En Caracas cierran una avenida pero cualquier habitante de esta ciudad sabe recorrerla sin pisar una sola vía principal, o sabe que a cierta hora no están  activos estos controles. Pero a la vez los hospitales están abarrotados y no sirven desde mucho antes de la peste del coronavirus. Es preferible morir o padecer en su casa que ir a un hospital o al Poliedro a morir. La falta de inteligencia y de voluntad de servir, en los que fungen como líderes, es nuestro principal problema como país, nuestra sociedad se disuelve.

Respecto a la pandemia, hoy se conoce suficiente sobre el virus como para realizar los cuidados que hay que guardar con él y normalizar la vida pública sin tener que reprimir a la gente. Se sabe a qué es resistente el bicho, en cuál ambiente vive más y dónde vive menos, a qué temperatura, cuáles son los cuidados de prevención básicos para no contaminarse según cada caso. Sin embargo es más fácil prohibir que la gente tenga una vida pública a que se distingan o se discriminen  esos controles, de forma inteligente, de forma científica.

Ahora no quieren a los emigrados de vuelta, porque el gobierno los acusa de agentes contaminantes, hay quienes los llaman “quinta columna”. Los “repatriados” son aislados, confinados, castigados, sin atención adecuada. Por otro lado los médicos protestan,  no quieren ir a los centros de atención y culpan a la ciudadanía por su conducta irresponsable y alocada (y al gobierno, de forma sesgada). Pero ni siquiera los médicos cuentan con una voz autorizada en materia epidemiológica. El descontrol es colectivo, el desorden administrativo le pasa factura al gobierno con el virus… pero ¿En qué piensa ahora?

Ayer murió la primera persona conocida de nosotros por causa del coronavirus. La diagnosticaron positiva una vez en el hospital Domingo Luciani, pero nadie hizo nada, la diagnosticaron negativa en una segunda oportunidad y al siguiente día murió de un paro respiratorio. Es mejor morir en casa que aventurarse a un hospital (se ve en esta tragedia la decisión libre de un director de hospital, a falta de autoridades y recursos oficiales)

Luego está el problema de los sueldos. Nadie tiene plata, nadie tiene cómo adquirir lo básico para vivir, y en especial para sobrevivir a una enfermedad grave, en condiciones básicas de salubridad, de higiene personal, sin medicinas y con la posibilidad de ser atendida adecuadamente. Muchísima gente no tiene ni siquiera con qué comer. No tiene combustible, gas, luz o gasolina. Mucha no tiene agua. La gente se muere más por la miseria de vida que lleva, de mengua,  que por el coronavirus. Sale a la calle a reclamar y es reprimida, sale a la calle a rebuscarse el  sustento, y también es reprimida. Y los controles “sin control”  es la oportunidad para muchos policías y similares de extorsionar al pendejo necesitado: no estamos en Perú o en Ecuador, donde los venezolanos ahora valen mucho menos que cuando migraron, estamos en Venezuela, maltratados por nuestros mismos cuerpos de seguridad y autoridades municipales y nacionales, a capricho, según sus instintos y criterios. Porque cada quien tiene su propia idea de cómo evitar el contagio –siendo ellos la más grave infección–.

Ante la ausencia de inteligencia y voluntad de servicio,  al gobierno no le queda otra  opción que reprimir a la gente, confinarla, aislarla. Castigarla a batazos por locos desquiciados, y a los que opinan y califican sus métodos, acosarlos y encarcelarlos por incitar al odio. Todos estamos “preclasificados” de enemigos de la patria, ahora patria es, “mejorar la imagen del gobierno”.

Las únicas estadísticas de muertes que se conocen son las del coronavirus. Las otras hace mucho que no se publican. Las muertes violentas por el Faes y otros cuerpos de seguridad se conocen por métodos y organizaciones particulares, pero esas son desmentidas por el gobierno…, que no publica estadísticas. ¿Cómo hacemos para saber? ¿Cómo sabemos dónde está la verdadera amenaza?

José Virtuoso, un cura adeco,  se queja de que somos incapaces de obligar a nuestros líderes, tanto del PSUV como de la oposición,   a corregir…(https://www.noticierodigital.com/2020/07/jose-virtuoso-en-la-oposicion-y-psuv-son-incapaces-de-obligar-a-sus-lideres-corregir/)  pero ¿Cómo podremos ser capaces en estas circunstancias? Todo el mundo está aterrado o desesperado. ¿Quién cree en estos líderes? Nadie. El país está en manos del desorden, de la indiferencia y de los aprovechadores; el país común y corriente está esperando que pase algo, que tiemble, que nos arrase un huracán, que se vaya Maduro, que invadan por Colombia, que se acabe el petróleo…, parece que no está dispuesto a luchar y menos reclamar a ningún líder nada, porque sabe que ya no hay líderes, solo voceros mentirosos y aburridos.

¿Por qué se reprime a la población en vez de trabajar con voluntad e inteligencia?  Porque el mismo gobierno no sabe lo que va a pasar, o lo que puede pasar. No confía en sus mismos controles, de cara al odio, al rechazo y la frustración contenidos en la gente; no sabe hasta dónde pueda llegar la lealtad entre ellos,  vender o ser vendidos al imperio, que les puso precio a sus cabezas. El terror los alcanzó. No tienen razones más allá del miserable egoísmo mezquino; el virus del “libre mercado” los contaminó; todo y todos somos una oportunidad de hacer negocios, igualándose a  los héroes inmorales de Norteamérica.

Las sanciones son una excusa para la ineficiencia y la represión, volver a ser esclavos de mentirosos no puede ser una opción, hasta el jesuita Virtuoso sabe que ahora no hay líderes capaces, ni de un lado ni del otro. Todavía puede estallar un pueblo desesperado, necesitamos estar atentos y líderes que sepan hacia dónde orientar nuestra sociedad en peligro de extinción, que no sea más adentro del barranco capitalista de Maduro.

¡Patria socialista o muerte!

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