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ActualidadYO TENÍA UN PAÍS, ÉL SE DISOLVÍA MIENTRAS YO DORMÍA

YO TENÍA UN PAÍS, ÉL SE DISOLVÍA MIENTRAS YO DORMÍA

Los países, a pesar de sus apariencias de eternidad, se esfuman, se
acaban. De ellos sólo queda la melancolía y un territorio sin alma, sus
habitantes no le pertenecen, sus corazones están en otra parte.
El país que yo tenía vivía en el alma de sus habitantes que temblaban de
orgullo cuando el himno patrio los convocaba al amor colectivo. Sentían la
presencia de sus fundadores, el fuego de la raza universal que se había
fraguado en el crisol de su historia. Existía a pesar de los despropósitos de sus
gobernantes, su unión era más fuerte que el tiempo.
Sus gentes vivían en el futuro que alimentaba el pasado heroico. Su
música, sus cantos, sus santos, los mantenían juntos, satisfechos de ser
ciudadanos del país y del mundo. En su seno aceptaban a todos, no había para
ellos extranjero indeseable, eran prójimos amados.
Un día, después de muchos siglos, el país que yo tenía, fue agredido por
una peste mundial. La gente dejó de vivir en el futuro, el pasado fue olvidado, la
voracidad del tener devoró al presente, el ser fue cubierto por la apariencia
material, ya no andaban juntos, eran lobos que comían lobos.
Los buitres revoloteaban al país que agonizaba, buscaban riquezas
materiales, el oro, energía, minerales para alimentar a la bestia. Trajeron sus
valores, más valía un gramo de oro que una tonelada de dignidad, más
precioso era el metal, que el amor, la fraternidad era un vicio. Los gobernantes
apoltronados contaban sus monedas manchadas de muerte, el país se
fragmentaba en mil egoísmos,
Y vino el éxodo, pocas veces visto en la historia humana, millones se
lanzaron al mar, a la selva, iban ciegos, ansiosos, desesperados, sentían el
despojo, algo les faltaba, pero no sabían que era, iban por el mundo sin
encontrar nada. Lo requerido estaba en lo que abandonaron. Atrás quedó un
país solitario que se disolvía. Los que permanecieron, dormían en un viaje
interminable al interior de ellos mismos. No se veían, no se hablaban,
deambulaban en las calles con la cara tapada de imposturas, las mascarillas
cubrían la vergüenza.

En una esquina de aquel país, un viejo gritaba: “yo tenía un país”.
ayúdenme a salvarlo”, pero nadie se detenía, nadie lo oía, todos pasaban con
su cara de artificio y su vista perdida en sus propias entrañas.
En las tardes cuando caía el sol, dicen que se reunían unos pocos en una
plaza de árboles talados, hablaban de aquel país que se les iba de las manos,
y planificaban su rescate. Esa noche, en esa plaza el país renacía, se resistía a
morir. Los niños que se defendían del calor, pasaban cerca de esa reunión,
brincando y cantando canciones de Ali Primera, y el himno del quinto
regimiento… Alguien en la reunión, quizá Saturno, o el Papo, dijo: mientras
existan niños que canten habrá país, tendremos esperanzas.
Fue en ese momento que me desperté y fui a pintar una pared:

¡ABAJO EL GOBIERNO! ¡FUERA LOS TRAIDORES!

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