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ActualidadEn busca del Chávez extraviado

En busca del Chávez extraviado

¿Dónde está Chávez? Diez años intentando extraviar a Chávez, pero no son suficientes, siempre está allí, presente, en su ausencia de secuestrado. Hace años no lo nombran; lo mencionan, mas no lo invocan, le temen. Lo echaron de los nombres oficiales, ocultaron su mirada acusadora, su pensamiento es anatema, su Socialismo es tildado de trasnochado, trocaron su color rojo por un azul acobardado, abjuran del 4 de febrero. No está en la naturaleza pródiga hoy mancillada en el Arco. Su ausencia se nota en las Misiones pisoteadas. Lo sacaron del petróleo entregado a los imperios. No está en el hambre, ni en los salarios criminales, no se encuentra en el sufrimiento en las puertas de los hospitales… ¿Dónde estás, padre nuestro? ¿Habrá que esperar cien años como le dijiste a Neruda?

¿Esto era todo? Tanta lucha, tanto sueño terminó en esto, en un navegar sin rumbo y sin timón. ¿Qué fue de aquellos sueños del Samán de Güere, dónde escondieron las siete avenidas de aquel día de lluvia luminosa?, ¿quién borró a los héroes que derrotaron al sabotaje petrolero, qué pasó con los militares que derrotaron la infamia, por qué no se oye la voz de los civiles que con ellos formaron un nuevo ejército libertador?… ¿todo acabó con tu muerte, después de ti no quedó nada, sólo los buitres revoloteando sobre los restos de la Patria?

Cuando la Patria se muere, cien años equivalen a un instante. Los hombres necesarios saldrán de su silencio, y ese día cuando el relámpago de la Esperanza ilumine cielo y corazones, el mundo sabrá que esta Patria tiene quién la defienda, quien sabe protegerla más allá de las apariencias de un desfile inútil, los que saben que la Patria se pierde en la entrega del petróleo y las riquezas, en la zonas especiales, y sobre todo se pierde en la masa hambrienta de razones sagradas por las cuales luchar, los que saben que la Patria se pierde primero en el alma de sus hijos y luego en el territorio cien años reclamado.

Nunca la Patria había estado tan inerme, como ahora. El asesinato de Chávez es el asesinato lento de la Patria. Cada día la canalla le arranca un poco de vida, la disuelve con lentitud poderosa, la desvanece, sin leyes, sin instituciones, sin verdad. Adormece a la masa engañada, distraída con guerras provocadas para evadir el problema central. La negocia, en secreto, al mejor postor. Es la hora de reaccionar. «¡Chávez Vive!» no es una consigna sin vigor, la acompaña la fuerza de un pueblo que despertará y cobrará las cuentas a los traidores.

Hay que salvar a la Patria que se nos muere en los brazos indiferentes. Y para salvarla de los peligros que la acechan: un gobierno que la sacrifica, un madurato inútil, y una derecha vendida a los gringos, que espera, cual zamuro desteñido, en una rama que el pran expire para bajar a subastar los restos de la Patria, se debe volver a Chávez, traerlo del olvido, que camine de nuevo por sus avenidas, que regrese a Miraflores y expulse a patadas a los usurpadores. Esa, y no otra, es la tarea de los chavistas, de los patriotas. Ninguna ocupación está por encima de salir del madurato y sus aliados de la derecha gringa. No hay lugar para los atajos, para medias tintas.

¡ELLOS VOLVERÁN, CHÁVEZ VIVIRÁ!

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