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ActualidadLa mentira que oculta la verdad y la voluntad de ignorancia.

La mentira que oculta la verdad y la voluntad de ignorancia.

Hay una mentira que sirve para revelar la verdad que se oculta en lo cotidiano: el  arte. En una oportunidad Theo, hermano de Vicent Van Gogh, le reprocha en unas de sus cartas que pintara paisajes los cuales muy bien podrían ser reproducidos con más fidelidad por la fotografía, y Vicent le responde que al mirar en una fotografía una dársena donde se ven unas siluetas de personas, es muy difícil saber que estas sombras son obreros que trabajan. En cambio el artista es capaz de extraer de ellas las líneas principales que hacen posible su carácter de trabajadores, de obreros, falsear la realidad; el artista organiza el caos de la realidad, le da forma y lo convierte en una verdad. Lo mismo pasa con la literatura, el arte necesita mentir con sus exageraciones y embustes, con su ficción, para poder decantar la verdad del caos.

Pero hay otra mentira vulgar, producto de la corrupción espiritual, el autoengaño de aquel rey loco, que estando desnudo se creyó vestido, la del que miente, convencido, pero para poder embaucar al otro: la mentira del pícaro que engaña y cree que engaña; la de las “patas de barro”; la mentira de la demagogia; la mentira para ocultar la trampa; la de la publicidad comercial; las medias verdades; la pacatería, que es la hipocresía de aquel que no tiene nada importante que ocultar sino su vergüenza; y la hipocresía; en fin, todo aquello que luego provoca el desengaño que nos hace sonreír frente a la obra de arte y sus bellas maneras.

La ignorancia podríamos decir es el estado consciente de saber que no sabemos nada, como el decir que se le achaca a Sócrates, “solo sé que no se nada”. Este es el lado sabio de la ignorancia, el otro es el lado innoble cuando la usamos como descalificativo, “eres un ignorante” –decimos–, como si hubiera algún humano en la tierra que no lo fuera. Siguiendo la lógica de este razonamiento, aquel que no es ignorante debería estar “concluido”, todo “ya hecho” en su sabiduría. Es decir, que quien no reconoce la precariedad de sus verdades, de sus convicciones, de sus decisiones erróneas; en virtud de  esa  infalibilidad, el error, el defecto, todo lo malo debe estar en “el otro” o en “otro lado”. De tanto mentir hay quienes terminan creyéndose el cuento de que no cometen faltas, su primera reacción ante el fracaso es señalar al otro como responsable; al clima, al diablo, conspiraciones secretas, y si estas acusaciones no resultan terminan por fabricarse las excusas con más mentiras, y así ad infinitum. De esta manera esta clase de ignorantes tienen la voluntad, inconscientes, de ser ignorantes, de negarse la posibilidad de saber algo firme, al momento que se niegan la posibilidad de la propia ignorancia, del error… hasta que los atrapa la muerte o la vejez, de cuya vergüenza cuesta zafarse.

Somos víctimas de la petulancia encarnada en el gobierno de Maduro, y de la otra, la de siempre, la petulancia de los que invariablemente se han creído con derechos sobre la vida de los demás, y el servilismo de sus retributivos.

Gladys Requena, una candidata a diputada, armada de un ánimo verborréico, hace alarde de la mentira y de esa voluntad de ignorancia que identifica al petulante. Para justificar la violación a la constitución promovida desde la ley antibloqueo, asegura en una entrevista del canal “i”, que las amenazas  que hacen posible nuestro fracaso, solo vienen de un factor externo, que es afuera dónde están las causas de nuestra crisis, no dentro del gobierno. Su lógica es pensar que el gobierno no se va causar daño el mismo, “¡es ilógico!”; ¡pero miente!

Y ella sabe que miente. Sin embargo debe esforzarse por creer en lo que dice, y así argumenta, habla, habla y habla hasta que su discurso se hace casi incomprensible, mezclando el poder popular con una supuesta “legislación para la guerra” la cual de forma contradictoria le concede al enemigo capitalista, al “gran capital”, las mejores condiciones para que pueda tragarse al país. Ella sabe que un pendejo emprendedor, o una comuna, nunca podrán competir ni sobrevivir con Mendoza o P & G al lado; con las petroleras Chevrón, Schlumberger, es decir, con las misma corporaciones, que según ella dice (pero no se oye cuando lo dice) son las que gobiernan al mismo imperio. Pero debe decir TODO en su discurso demagógico, la mentira debe cubrirlo todo, su petulancia procesa las contradicciones como un ser que comiera piedras, se las traga sin masticar. Lo mismo hace Jorge Rodríguez, quien asegura que si no hubiese sido por el “secreto” (las compras en secreto) no pueden reparar las refinerías. Pero, acto seguido, denuncia la ineficiencia de la industria petrolera: la verdad, ¡no quisiéramos estar atrapados dentro de su consciencia! https://ultimasnoticias.com.ve/noticias/author/unoticias/. ¡Por supuesto que miente!, es una manera de justificar una ley que pretende violar descaradamente la constitución. Pero sabe que es la ineficiencia la causa de todos los problemas que padecemos hoy, no solo la escasez de gasolina, de todos…,  no obstante… debe “arrimar” argumentos al fuego.

Vivir en la mentira sin el conocimiento y el coraje como el que tiene el artista para dar forma a la obra, es tener una vida miserable, pobre o corrupta, arrimando, como dice Jorge Rodríguez, todo lo que puede hacia él, como una hiena con cara de  tigre, desconfiando de todos y de todo, sin muchos amigos o ninguno, comiendo carroña.

Mentir para vivir en una sociedad que es una sombra de sociedad enmascarada nos hace seres pobres, con la sola voluntad de ser ignorantes, negadores de la realidad que nos concierne, de la verdad que nos persigue. La mayoría de los miembros del gobierno usaron a Chávez como vehículo para ascender al poder y luego negarlo, matarlo espiritualmente. Decir que la ley antibloqueo nos liberará de las sanciones, desactivando nuestras leyes y la constitución para venderse al capital, al gran capital, a las corporaciones petroleras, de alimentos, a toda clase de depredadores, y asociar eso con la figura de Chávez,  es una infamia descarada de hombres y mujeres de espíritus inferiores, incapaces de asumir sus actos como propios, endosándoselos a Chávez y al socialismo, escudando sus miserias tras ellos.

¡Revolución es no mentir jamás!

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