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ActualidadLa pobreza de alma: "misión igualdad y felicidad" ¡qué cagada!

La pobreza de alma: «misión igualdad y felicidad» ¡qué cagada!

Si todos nuestros problemas como sociedad se solucionaran con el crecimiento económico capitalista, un elevado «PIB» y otros indicadores elevados que solo sirven para computar la ganancia de los ricos propietarios; Chile sería ahora un país perfecto, sin problemas, sin pobres, sin conflictos sociales…

Ahora el gobierno de Maduro oficializa la desigualdad creando un programa social llamado Misión igualdad y felicidad. En países como el nuestro vivimos en una sociedad rota y desigual, excluyente que produce miseria y una pobreza la cual es necesaria sostener en la masa trabajadora explotada, ni importa el nombre que se le dé al mecanismo, si son los Claps o la Misión Igualdad. Porque al mismo tiempo que crece la riqueza de los propietarios se acumula y se concentra, no se distribuye, no se comparte de manera justa…, entre la masa de ilusos, que de forma personal y egoísta, se esfuerzan por alcanzar esa riqueza y el estatus social de sus explotadores. La pobreza también es de espíritu, sobre todo para la clase trabajadora.

Los países capitalistas esconden la pobreza y la miseria, invisibilizan la pobreza y la miseria, así como la pacatería pequeñoburguesa lo hace con la suya propia. Es de mal gusto hablar de los pobres en una reunión social, a menos que sea, como dicen, de forma tangencial, ¡pobres!, en «los Miserables», del señor Hugo, y sus personajes miserables, o en la fatídica desgracia de Haití. Así como es de mal gusto hablar bien de Marx y de marxismo en un cumpleaños o en un directorio de PSUV. La pobreza y la miseria humanas es algo de lo que solemos sentir mucha vergüenza, se esconde; lo feo se esconde, como las enfermedades, como la lepra, como los familiares presos, como las debilidades de la carne, los vicios y malos hábitos. Ser pobre, ser marxista o pensar mucho, en esta falsa sociedad es una desventaja, ¡desventaja social!, y ser pobre y marxista es un estigma, es una desgracia.

Esconder la pobreza es señal de una pobreza mayor, de la pobreza y miseria espiritual que anida en el alma pequeñoburguesa, la indiferencia del que se avergüenza de su propia condición humana. Cuando los seres humanos perdemos la capacidad de conmovernos por las carencias ajenas perdemos «sentido de comunidad», imprescindible para luchar en la vida. Sin sociedad, sin comunidad, sin «comunicación» e intereses comunes, perdemos la mitad de nuestra condición humana, y es ridículo que los pobres seamos egoístas solo por vergüenza de ser pobres, por no reconocernos como pobres, como clase social. Somos presas de los mismos prejuicios que usan nuestros explotadores para despreciarnos, víctimas de un egoísmo exacerbado; nos atacan todos los vicios venidos de la enemistad, la mezquindad, la codicia, la envidia, la paranoia. La sociedad burguesa es una fábrica de psicóticos.

Dentro del capitalismo, en una sociedad donde lo más sagrado se convierte en moneda de cambio, el ser humano es castrado de su instinto social, la sociedad en el capitalismo es un montón de individualidades peleando entre sí. Ni los chinos ni los rusos, tampoco el occidente de occidente hacen alguna diferencia, el capitalismo es igual en cualquier parte del planeta, en cualquier lengua, raza, color o paisaje, con o sin Misión Igualdad.

Primero, los trabajadores y menesterosos debemos reconocernos como clase social, una clase históricamente despreciada, además de explotada, manipulada, embrutecida, para luego hablar de desarrollo social, porque ese «desarrollo» debería incluir a todos los seres vivos dentro de la sociedad vista como una sola, sin clases. El «crecimiento económico» no es desarrollo social. En el capitalismo significa pobreza material y espiritual, y que los ricos se están haciendo más ricos. Reconocernos como explotados, excluidos, manipulados es el comienzo, es la base psicológica de la revolución socialista, de un auténtico desarrollo social y evolución social.

Tanto el engaño de la libertad y prosperidad capitalistas de los serviles al imperio del norte, como el madurismo arribista con su capitalismo salvaje y su socialdemocracia piche, no van a reconstruir a la sociedad, ni acabar con la pobreza, ni uno ni otro nos devolverán el sentido de patria. El madurato no va a hacer una revolución socialista –sus líderes ya comienzan a ostentar sus ventajas sin pudor, un mal ejemplo para un trabajador pobre, un presidente y unos líderes que ostentan de sus privilegios y del uso personal del poder! –. Los otros vienen por su venganza y cobrarse la afrenta chavista de querer e intentar hacer una revolución socialista.

Hay que vencer al capitalismo, y vencer al capitalismo es vencer el egoísmo, la indiferencia y todos los demás prejuicios y propensiones pequeñoburgueses, no es un discurso ceremonial fatuo, no es un ritual sin fe y sin dioses que respetar, no son bonos de hambre, bolsas de comida mala, o una misión, un programa social, llamado igualdad y felicidad hecho justo para alimentar, sostener, sustentar, la desigualdad y la infelicidad de las mayorías. Como decía Chávez, hacer la revolución socialista es un apostolado, ser verdaderos comunistas, es ser mejores personas, vivir lo más cerca posible de la verdad, y trabajar de forma solidaria por y para la sociedad. Por nuestros actos no reconocemos, las palabras se las lleva el viento.

«Sólo un país construyendo el Socialismo tendrá a un pueblo apasionado, decidido a cumplir esa tarea vital, podrá navegar en las contradicciones geopolíticas sin perder soberanía. Capaz de resistir los embates y tentaciones de los bandos capitalistas. Entenderá los sacrificios porque ve el nuevo mundo, el futuro, que él, día a día está construyendo, siente el bienestar material y espiritual posible, se despierta en él la espiritualidad humana, la fraternidad, el amor al prójimo. Por esa tarea, cuyos frutos asoman en el horizonte merece la pena luchar. Un país así, será ejemplo para otros pueblos, y se podrá construir el polo alternativo al capitalismo.» El Arado y el Mar: Toby Valderrama y Antonio Aponte

Ahora más que nunca necesitamos VOLVER A CHÁVEZ Y SU PLAN DE LA PATRIA

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