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ActualidadLos solterones de la revolución

Los solterones de la revolución

Decíamos en el último escrito que la corrupción, “no es causa de nada, es la consecuencia de una sociedad que ofrece  a todo el mundo llenar sus insatisfacciones personales de forma egoísta y mezquina, indiferentes al resto de la sociedad. Además es la consecuencia de un sistema de valores que coloca por encima de todo, la posesión de cosas materiales, el lujo y la ostentación en una sociedad estratificada donde la vida fastuosa de los ricos se vende como el mayor éxito al que puede alcanzar el individuo”… “La corrupción es hija de una ilusión vana, inútil para la humanidad”… que, “Madurismo y guadoismo son hijos y esclavos de la corrupción, y ésta es el corazón del capitalismo”, que  “no hay ninguna diferencia cuando comparamos sus motivaciones y acciones, están infectados de los mismos vicios”… son nietos del capitalismo.

Cuando Che Guevara decía que “no se puede hacer la revolución con las armas melladas del capitalismo”, quiso decir que los métodos del capitalismo, el frío cálculo de la ganancia, medir la eficiencia según la ganancia, el “rendimiento” según cómo se refleja en los dividendos a final de mes, la falsa conciencia pequeñoburguesa etc., es como si dijéramos “no importa cómo, lo  que importa es ganar y ganar cada vez más, acumular capital, alcanzar el éxito”, que es la base emocional de la especulación y de la corrupción.

En la economía socialista, humana y humanista, lo importante es la satisfacción de las necesidades de la sociedad, si todo lo medimos con el rasero del lucro estamos alimentando la mecánica del capitalismo, su lógica, fortaleciendo su razón de ser. En el transito al socialismo se ganan espacios día a día de conciencia socialista, de conciencia del deber social y espacios para la producción y los procesos económicos socialista, cooperativos (no “cooperativas”) y racionales. Pero después de la muerte de Chávez esto se dejó de hacer, acercándose Maduro y el madurismo pragmático, cada vez más, al modelo neoliberal que Chávez tanto adversó, y su correlativo político, el reformismo, del cual nos precavió siempre…,  pareciéndose maduro cada vez más a sus enemigos políticos y de clase, HASTA LLEGAR AL EXTREMO DE FALSIFICAR EL PLAN DE LA PATRIA ORIGINAL… (una tarea pendiente para Juan Martorano)

El reformismo existe, es sinónimo de cansancio, de escepticismo, es el otoño de los “solterones de la revolución”, de aquellos que, aun militando en sus filas nunca quisieron casarse con ella. Cuando la pasión revolucionaria se apaga el sujeto se hace reformista, se ablanda como una carlotina, todo aquello que calcula en su mente, sus deseos más nobles solo le conceden tiempo para morir sin haber sacrificado nada, suspirando bajo el efluvio de una falsa victoria. Es por eso que muchos viejos y no tan viejos militantes de izquierda, ya cansados, se han resentido y se siguen resintiendo con Chávez, y todo lo que les recuerde su presencia.

No se puede hacer una revolución socialista sin revolución, sin empujar el pasado al precipicio, sin cambios radicales, que fue lo hizo Chávez a pesar de los “solterones reformistas de la revolución”. La presencia, la autoridad con la cual Chávez lideró su revolución, su socialismo, ha resentido a muchos, unos, ahora confundidos ante el desastre del  gobierno reformista de Maduro, y otros abandonados a lo que venga, si es la muerte, ¡bienvenida sea!, y si es la descomposición social y el fascismo, igual.

Pero, NO  se puede hacer la revolución socialista sin un cambio de conciencia, de vida, un cambio radical de fe en favor del hombre, de la humanidad. No se puede cambiar nada votando y deseando, sin trabajar para el cambio. Las armas melladas del capitalismo no sirven para herir al  capitalismo, porque han sido melladas por él. El capitalismo  no tiene vocación suicida, al contrario, ha desarrollado una capacidad infinita de “recuperar” a su favor todo lo que lo adversa, como lo hizo con Maduro y su gente, con el discurso  huero, ¡con el lenguaje! (lean a Toby Valderrama en su último escrito “La meritocracia del madurismo conduce a la barbarie”).

Personalmente admiro  la capacidad de algunos para investigar y encontrar “argumentos” en favor de la “revolución de Maduro”. Sin embargo, ese empeño, ¡ese prestigio! no  autoriza a Juan Martorano a saltarse las reglas de la lógica y del rigor judicial para decir, SIN PRUEBAS, que Rafael Ramírez financia a un grupo de opositores al gobierno de Maduro. Sin embargo, lo hace.

Ese tipo de manipulación se conoce, en la lógica del discurso, como un argumento falaz, en este caso de apelación a la autoridad (falacia ad verecundiam). ¡Raro que él no lo sepa!, porque es precisamente la falta de argumentos válidos lo que reclama Martorano a los opositores de Maduro (¡Claro, no ha leído la falsificación del Plan de la Patria de Chávez!, o simplemente, lo tiene prohibido por sus jefes). Esa hipocresía, a veces alimentada por el resentimiento, y otras por la simple comodidad, es lo  que acaba con las revoluciones, ese lastre que traen los más flojos y blandos militantes de la revolución, incapaces de casarse con ella, esperando una oportunidad de acostarse con la puta  democracia burguesa, con la paz boba, con la unidad de los castrados, o con la misma muerte, es “la insoportable levedad del Ser” de los “solterones de la revolución”.

¡CON CHÁVEZ Y CONTRA EL REFORMISMO, CONTRA DE LA LÓGICA DEL CAPITAL!

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