Lula está libre: buena noticia, pero en Venezuela Baduel sigue enjaulado y Rafael Ramírez está expatriado

Los tinterillos del madurismo hacen malabares en sus escritos para exculpar a su jefe de las arbitrariedades y desmanes cometidos, durante estos años de gobierno, por los instrumentos represivos del régimen, tribunales y jueces. Tal sistema es hoy día una franquicia de Miraflores. Sus funcionarios actúan en su gran mayoría como simples empleados del presidente de la república, como subalternos que desadministran las leyes nacionales según las instrucciones recibidas del palacio presidencial.

La independencia de la justicia, un principio básico, de la democracia, no existe en nuestro país. maduro se encargó de destruirlo. Las oficinas de Miraflores sustituyeron las del Tribunal Supremo de Justicia. Allí es donde en verdad se administran las leyes del país, se sentencia o se absuelve. Los jueces firman luego el documento correspondiente.

En América Latina el mejor ejemplo de judicialización de la política ocurre aquí en nuestro país, con maduro ejerciendo la presidencia de la república. Centenares de casos están allí a simple vista para corroborar tal aberración. Pero los tinterillos del cacique ocupante de la silla de Miraflores, dirigen su mirada hacia el Brasil de Bolsonaro, hacia la Argentina de Macri o hacia el Ecuador de Lenín Moreno, países donde en verdad el lawfare o judicialización de la política es práctica habitual, igual que aquí en venezuela. Se persigue, acusa y encierra a opositores políticos utilizando con este fin jueces y tribunales. Diecisiete meses de cárcel guardó Lula Dasilva, la víctima principal de esta práctica aberrante en el Brasil de Bolsonaro. Lo acusaron de haber recibido un apartamento, regalado por parte de la empresa Odebrech, a cambio de la firma de contratos para la construcción de obras con dinero público. Jamás se comprobó esta acusación, sin embargo, jueces venales, ordenaron su arresto. En verdad la jugada contra Lula se realizó para evitar su reelección como presidente de Brasil. Algo parecido intentó hacer Macri en Argentina, contra Cristina Fernández. Cuatro años de amedrentamiento y persecución sufrió la expresidenta. Numerosas acusaciones se consignaron en tribunales de ese país, jefaturados por amigos de Macri. Pero ninguno logró sustentar con elementos probatorios sus acusaciones. No obstante, la expresidenta, junto a sus hijos, sufrió numerosos atropellos. Y en Ecuador, ahora bajo la presidencia de Lenín Moreno, se desató una persecución furiosa contra Rafael Correa y varios funcionarios de su gobierno. La excusa fue la lucha contra la corrupción. Y por efecto de tal persecución algunos allegados al expresidente han sido apresados, como ocurrió con el vicepresidente Jorge Glas, mientras otros fueron obligados a huir y pedir asilo en naciones latinoamericanos. Correa, por su parte, tiene orden de aprensión, en caso de retornar a su país.

En nuestra afligida Venezuela, maduro y su corte de felicitadores, de la misma forma que Macri, Bolsonaro y Moreno, no dan cuartel a sus opositores políticos, a quienes persiguen con mucha saña, valiéndose para ello de tribunales y jueces, ahora convertidos en servidores de los antojos del inquilino de Miraflores y del jefe del PSUV. Es la justicia al servicio de los caciques circunstanciales de la política. Y en esta dirección se violenta todo: la Constitución, las Leyes, los Códigos, los Reglamentos, la Jurisprudencia, los Tratados, los Acuerdos, las resoluciones, etc. El caudillo manda como le da la gana y punto. Y a obedecer todo el mundo. El que desacate, está destituido o va preso, acusado de cualquier delito. Es el reino de la arbitrariedad lo que se ha impuesto en nuestro país. El desamparo legal es total. Y los tinterillos y enchufados, como Elías Jaua, justifican tales arbitrariedades o sino miran hacia afuera, para criticar allende los mares lo mismo que aquí maduro acomete con mayor arbitrariedad que todos los presidentes nombrados.

Víctima en nuestro país de las arbitrariedades del inquilino de Miraflores son, entre otros muchos, el general Baduel y Rafael Ramírez. Se acusa a estos de cualquier cosa. Y presto han salido los miembros del Tribunal Supremo de Justicia y el Fiscal del PSUV a refrendar la acusación. Que si traidores, que si corruptos, que si desleales, que si las cuentas bancarias. El mismo que acusa, juzga y sentencia. En ningún caso se ha cumplido el debido proceso, ni se le ha permitido el derecho a la defensa. El primero lleva más de una década encarcelado. Y continua allí en las mazmorras del régimen, víctima de atropellos, maltratos, aislado e impedido de recibir visitas familiares. Peor que Bolsonaro se ha demostrado el presidente de aquí con Raúl Isaías Baduel, el general del ejército venezolano que con su actuación en los días posteriores al golpe de Estado de abril de 2001 impidió la consolidación del mismo y que Chávez fuera destituido y encarcelado. El general Baduel fue comandante general del Ejército venezolano desde enero de 2004 hasta julio de 2006, y ministro de la Defensa desde junio de 2006 hasta julio de 2007. En el 2009 fue apresado luego de manifestarse en contra de la reforma constitucional promovida por Chávez. Se le inventó la excusa de haberse apropiado de dinero público y cumplió una condena de casi ocho años. En agosto de 2015 recibió libertad condicional, pero en 2017 fue a la cárcel de nuevo, acusado esta vez de varios delitos en contra de la independencia e integridad de la nación. Los familiares de Baduel han denunciado que el General se encuentra incomunicado sin recibir libros ni visitas de nadie, en una celda de aislamiento en el Fuerte Tiuna.

Por su lado, Rafael Ramírez se desempeñó entre 2002 y 2013, como Ministro de Petróleo y Minería y como presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA). En septiembre de 2014 es designado Ministro de relaciones Exteriores de Venezuela. En 2014, es nombrado Representante Permanente de Venezuela ante las Naciones Unidas. ​Y en diciembre de 2017 fue removido del cargo de embajador de Venezuela ante la ONU. Desde entonces se encuentra fuera de Venezuela. maduro, tharek william saab y el coro de voces laudatorias del PSUV lo acusan de delitos contra el patrimonio público y lo esperan aquí para meterlo en la cárcel, según han afirmado ellos mismos. Dicen, sin demostrar nada que posee cuentas bancarias millonarias en la banca internacional y que vive en una mansión en Italia. Pero no presentan ninguna prueba documentada. Y al unísono los medios de comunicación a su servicio repiten la afrenta. Y ya está defenestrado el otrora ministro de Chávez y camarada político del partido de gobierno. ¿Porqué no dejan que regrese Ramírez a nuestro país y se defienda tal como la Constitución y demás leyes establecen? ¿Será que todos temen a Ramírez en las calles de Venezuela acusando y defendiéndose? ¿Será que les produce terror la inteligencia, el conocimiento, el verbo y el liderazgo de Ramírez?

A ver, Elías Jaua, deja de mirar hacia Brasil y condenar el sistema judicial de este país que, aun muy arbitrario, admite la excarcelación de Lula. Observa hacia nuestra propia realidad nacional y escribe para condenar el lawfare instituido por maduro, que no admite siquiera la excarcelación de viejos camaradas tuyos, hoy víctimas del gobierno que tú integraste. Estás emplazado.

Por cierto, recomiendo la lectura, en Aporrea del lunes 11-11-19, del artículo escrito por Rafael Ramírez sobre el caso Boliviano. Profundo, esclarecedor, bien argumentado, irrebatible, escrito con maestría, nada parecido a los grotescos ditirambos que salen de la boca de diosdado, maduro, arreaza y resto de cortesanos del PSUV sobre el mismo asunto. En estos casos sobreabundan los gritos y los insultos, las guapetonerías rimbombantes de gente simplona, que no estudia ni lee nada, y en su defecto lo que hace es repetir los estribillos cansones, las consignas vacías, la retórica estridente, el gamelote escandaloso. Muy ruidosos pero insípidos.

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