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ActualidadNéstor Francia, Nicolás Maduro o la política como auto conservación

Néstor Francia, Nicolás Maduro o la política como auto conservación

Vivas Santana no lo conozco en persona, solo leo sus escritos. No me gusta su estilo visceral, descontrolado. Creo que ha llevado al terreno personal su crítica al gobierno. Debe ser que nosotros sabemos que todo lo que hace y ha hecho Maduro con el país lo hubiera hecho otro igual de la misma manera, siempre y cuando hubiese obedecido a los mismos mandatos del alma. Maduro es solo un símbolo. No es Maduro el problema, es el pequeñoburgués que lleva dentro (o afuera) que lo gobierna, es su nous el que realmente manda (más o menos); hay una diferencia.

El otro Maduro que se esconde detrás del liquiliqui debe ser una persona hasta simpática, con unos tragos encima puede que sea divertido, pero con el liquiliqui blanco del poder es otra persona, un nous o espíritu  lo posee, y su yo más golpeado por la sociedad se expresa a sus anchas, se libera, como el genio de la lampara, como “La Máscara” del hombrecito tímido, como el coctel del doctor Jekyll, el anillo se Simbad el marino, o el cinturón de Hércules (los de Hanna Barbera, creo).

El líder político que maneja ideas revolucionarias y las quiere ver realizadas debe lidiar con ese otro yo que no puede controlar del todo, y que es tan fuerte “como dulce son las mieles del poder”, así lo diría un periodista. Su gran adversario es su alma, acostumbrada a una vida cómoda, tibia, de conservación en los valores familiares más culturales, desde resentimientos sociales, odios raciales, envidias atávicas, hasta el hábito de comer la comida de su madre y que se la sirvan en la mesa; no hay nada más poderoso que el vientre de la madre autoridad y el calor de su hogar: eso es el alma.

Juzgar a Vivas Santana de delincuente porque “exponga a una joven al escarnio público” como dice otro por ahí,  es saltarse los primeros capítulos de la novela. Es lo que hace Néstor Francia cuando presupone que es delincuente, de pasada y rapidito, tratando de defender  al gobierno de ser víctima de Fake News. Pero ese episodio del fake news no es realmente relevante. Acusar al gobierno de desaparecer a un preso es natural, cuando lo ha hecho antes, como pasó con el doctor Luis Martínez en Mérida, preso por semanas sin que nadie en el gobierno diera cuenta de él, hasta que mucha gente empezó a llamar la atención de su secuestro misterioso, y entonces, apareció. Para un ex militante del PRV, esa postura tan gobiernera, frente a una práctica tan común dentro de nuestras viejas policías (todavía no emergen las nuevas) es casi dramática, afectada, se le ven las ganas de salir corriendo a defender a Maduro sin ambages, sin tecnicismos, sin tanta lógica, nada más que con el corazón.

Sin embargo deja desnuda su vocación fascistoide de clase media al sugerir  que Vivas Santana cometió un delito. Él no lo sabe, no es juez, lo presume. Pero nadie lo sabe, el sistema no ha seguido el debido proceso, se saltaron los primeros capítulos del debido proceso, defensa, juicio, sentencia. Para Néstor Francia eso no cuenta…, porque se conserva tibio cerca de la autoridad y el poder.

Esa es la política de acomodarse a la dulzura del poder sin perder reputación. Pero Néstor la pierde, no piensa, antes de escribir, exaltado como un jacobino a la hora de defender la revolución de Robespierre. Sin embargo – y para seguir con la metáfora –  fue de la “montaña”, de donde bajó Fouché para perseguir a sus viejos compañeros, incluyendo al moralista Robespierre,  y, literalmente,  guillotinarlos. Así es, la historia es como una noria. Por eso decimos, Maduro es solo un apellido, y Néstor Francia es solo un nombre.

El espíritu de conservación y el alma pequeñoburguesa es más fuerte que ellos. El hombre simpático, buena gente, amable, que escucha nuestras conversaciones obsesivas y nos brinda una cerveza; o el otro que canta y baila toda la noche y no pelea cuando está tomado, es capaz de sacarnos los ojos y las uñas en una sala de interrogatorios, si de ello depende la armonía y el  futuro de su familia, del orden social, la calidez de estar arrimado a la hoguera del poder. Yo diría que esa hipocresía pacata que fundamente a esta sociedad es de las cosas que más odiamos en la vida, por eso no nos podemos molestar del todo con Vivas Santana, no lo culpamos de  perturbarse ante la presencia de maduro. Sin embargo, Maduro es solo un apellido.

Maduro no tiene la culpa de nada, dice otro más allá. Y tiene razón, a él lo domina su ser social, todo lo que él representa, su alma hecha de ideales pequeñoburgueses.  A Néstor su necesidad de estar cerca de maduro y lejos de Vivas Santana. Cuando nosotros decimos que maduro tiene la culpa de todo nos referimos a su “dignidad presidencial”, al presidente, no al muchacho bonachón, al pícher, al salsero,  que suponemos que está escondido detrás del liquiliqui blanco.

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