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La victoria sobre la Exxon Mobil

El 9 de marzo pasado una noticia recorrió los medios internacionales: Venezuela le ganó a la Exxon Mobil en el juicio de arbitraje del Ciadi (Centro de Solución de Controversias del Banco Mundial) en Washington.

Esto sucedía a escasos días de cumplirse cuatro años de la partida de nuestro Comandante Chávez. Supongo esa, la razón de que un hecho tan importante pasara desapercibido por el sector político nacional. Pero como es la vida, todo lo que va a ocurrir tiene su tiempo, el Comandante Chávez nos sigue dando victorias y nos recuerda que su legado está allí, como una acción revolucionaria permanente que hay que saber ver, porque está en los cimientos de nuestra Patria, en el corazón y sentimiento de nuestro Pueblo.

Como Ministro de Petróleo y Presidente de Pdvsa en el periodo 2002-2014, me corresponde explicar y recordar la batalla liderada por el Comandante Chávez, para rescatar nuestro petróleo y ponerlo al servicio del Pueblo, como un instrumento de liberación.

Esta decisión del Ciadi, un tribunal arbitral extranjero, frente al cual tuvimos que defender los intereses del país, porque durante la IV República, con la apertura petrolera, se aceptó como mecanismo de resolución de controversias, es producto de un largo proceso político-legal. De no haber atendido el juicio, el Ciadi  hubiese actuado de oficio en contra nuestra, estableciendo un pago de acuerdo a los criterios de las transnacionales y confiscando bienes o cualquier otra acción, para hacerlo efectivo. 

La decisión del Ciadi nos dio la razón frente a las pretensiones de la transnacional petrolera más poderosa del planeta. Así, con un rotundo triunfo para nuestro país, cierra este capítulo de litigios en tribunales internacionales con esta empresa transnacional, solo resta el juicio con Conoco Phillips. 

Para entender la magnitud de esta victoria y lo que significa para nuestro país, hay que hablar de la política de apertura petrolera. 

Durante la nefasta apertura petrolera, la autoproclamada “meritocracia“ que dirigía la vieja Pdvsa, junto a la clase política de la IV República y sus derivados, como decía el Comandante Chávez, quienes hoy atacan nuestra gestión al frente de la Nueva Pdvsa e insultan a los trabajadores, entregaron la Faja Petrolífera del Orinoco a las transnacionales; además, entregaron campos de producción de Pdvsa a los privados, con los llamados “convenios operativos”; entregaron las operaciones medulares de Pdvsa, tales como: taladros, inyección de gas y agua, el cerebro informático de la empresa (caso Intesa), terminales y el transporte nacional e internacional; también tercerizaron a miles de trabajadores de la industria. La apertura era la entrega del petróleo y la privatización de Pdvsa.

Igualmente, abatieron el Régimen Fiscal petrolero. Eso significó que bajaron la regalía (el pago que recibimos como dueños del Petróleo) de 16 2/3 %, que estaba prevista en la Ley Vigente, a 1%. Ni cuando la dictadura Gomecista se había entregado de esa manera nuestro petróleo, el dictador, al menos exigía 3% de pago. 

Asimismo, bajaron el impuesto del 65%, previsto en la ley para el sector petrolero, al 34%, como si fuera cualquier actividad no petrolera. Después descubrimos que, ni siquiera eso pagaban, porque sus inversiones las incluían como un préstamo con su casa matriz y por lo tanto, un costo que restaban del impuesto sobre la renta. 

Adicionalmente, daban descuentos de hasta 40% en el precio del petróleo que se enviaba a los Estados Unidos, a Citgo. Cuando el precio estaba en 10$/Barril, los envíos a los Estados Unidos tenían descuentos de hasta 4$/Barril, regalando nuestro petróleo a la economía más poderosa del Planeta. La apertura petrolera era el saqueo de nuestras riquezas. 

Cuando entregaron la Faja del Orinoco se argumentó que “eso” no era petróleo, sino “bitumen”, se ocultaba el hecho de que en la Faja se encontraba la reserva de petróleo más grande del mundo, como lo certificamos luego de su nacionalización en el año 2007, pasando nuestras reservas de 78 mil millones a 300 mil millones de barriles de petróleo.

Como “bitumen”, el barril de petróleo se vendía como “Orimulsión” a un precio equivalente al del carbón, es decir, 4$/Barril. En la apertura, la vieja Pdvsa pidió a las transnacionales que nos “hicieran el favor” de explotar la Faja, les dieron regalías de 1% y exenciones de impuesto, además del control de las operaciones y de las exportaciones. Así, Pdvsa estaba privatizada de hecho, al no tener mayoría accionaria, no operar, no exportar, ni manejar los ingresos. La apertura petrolera entregó la Faja a las transnacionales.

Uno de los aspectos más lesivos a la Soberanía del país con la apertura petrolera, es el tema de los arbitrajes. Desde la independencia, la soberanía jurisdiccional ha sido eje central del funcionamiento del país. Con la aparición del petróleo, las distintas leyes recogieron la doctrina Calvo y garantizaron que todos los asuntos y negocios en el país fueran dilucidados por tribunales venezolanos. A nadie se le había ocurrido renunciar a este principio, ni siquiera a las más feroces ni entreguistas dictaduras. Pero la IV República si lo hizo. Con la apertura petrolera, se introdujo en todos los contratos, primero de forma solapada en los convenios operativos y luego de manera abierta y desafiante en la Faja, la figura del arbitraje internacional de inversiones ante la CCI (Cámara de Comercio Internacional) y el Ciadi como exigencias de las transnacionales. 

La IV República y la vieja Pdvsa lo aceptaron y así entregaron, por primera vez en  nuestra historia, la soberanía jurisdiccional. De allí en adelante, cualquier disputa con las empresas no sería decidida por tribunales nacionales, sino por tribunales internacionales, constituidos para arbitrar cada caso, diseñados  como mecanismos que favorecen o equiparan los intereses del inversionista con los intereses soberanos de un país. Igualmente, se permitió por esta vía, que las empresas pudieran llevar al Estado ante tribunales objetando sus decisiones soberanas. 

Estos contratos eran la más clara expresión del pensamiento transnacional y entreguista que dirigía la vieja Pdvsa y que caracterizó a la IV República en sus estertores políticos o requiebros de postrimerías, como diría el Gabo. 

Los grandes medios de comunicación, los grandes bufetes de abogados, los agentes políticos de las transnacionales, los grupos económicos favorecidos con el saqueo aplaudieron la entrega como una señal de “modernidad” y ambiente “propicio para las inversiones”. He aquí una lección, no serán las transnacionales, sus contratos y sus políticas las que salven a nuestro país y mucho menos a la Revolución Bolivariana.

A toda esta historia infame de entrega y saqueo, le puso fin el Comandante Chávez, quien se planteó la necesidad imperiosa de rescatar el manejo soberano de nuestro petróleo y de PDVSA como herramientas para desarrollar el programa político, económico y social de la Revolución Bolivariana. 

El Sabotaje Petrolero, no solo mostró la cara violenta y profundamente antipopular y antinacional de la vieja Pdvsa, sino que develó de manera clara su compromiso con la apertura petrolera. El Sabotaje Petrolero fue para derrocar al Presidente Chávez y defender la apertura petrolera. El Comandante Chávez así lo entendió con claridad y actuó en consecuencia.

La derrota del Sabotaje permitió al Estado, al Ministerio del Petróleo, tener acceso a toda la información oculta de la apertura petrolera y comenzó a destapar la “caja negra” de la vieja Pdvsa. 

Así con el Presidente Chávez al frente, con su irrestricto y fundamental apoyo político, fuimos desmontando la nefasta apertura petrolera.

Sin Chávez, sin su apoyo y su valentía para resistir las presiones y el embate de los poderosos intereses transnacionales, no se hubiese podido abatir la apertura petrolera, fundar la Nueva Pdvsa Roja Rojita y desarrollar la Política de la Plena Soberanía Petrolera.

De la mano de los trabajadores petroleros y con el apoyo de las instituciones del Estado y el Pueblo Venezolano, el Gobierno Bolivariano avanzó en el desmontaje de la apertura. 

Actuamos con contundencia y decisión, apegados a nuestras leyes, nuestra Constitución y nuestros principios. Teníamos la razón.

De las 33 empresas sujetas a nacionalización y migración a la figura de empresas mixtas, 31 aceptaron nuestras condiciones y leyes. Un éxito en el proceso de restablecimiento de la autoridad del Estado Venezolano, solo dos se negaron: Exxon Mobil y Conoco Phillips. 

El resto de las empresas, entre las más grandes del mundo, aceptaron invertir y mantenerse en el país bajo control del Estado Venezolano: mayoría accionaria de PDVSA con un mínimo de 60%, con control operacional, de las exportaciones y de los ingresos. Fue restablecido el Régimen Fiscal petrolero, pagando 33.33% de regalía y el impuesto sobre la renta del 50% como establece la ley, sin exenciones de ningún tipo. 

Con la regulación del nivel de producción, de acuerdo a los intereses del Estado Venezolano, logramos elevar el precio a más de 100$/Barril, sin descuentos para nadie, sin arbitraje internacional y con plena jurisdicción venezolana. 

Recuperamos el control del Petróleo, de Pdvsa, desarrollando la Política de Plena Soberanía Petrolera. Un triunfo contundente del Comandante Chávez y la Revolución Bolivariana, que sentó los pilares para edificar la posibilidad de un destino distinto para nuestro país, el Socialismo.

Es importante reflexionar sobre esta batalla y este triunfo, porque el Comandante Chávez nos sigue hablando y dejando enseñanzas aun después de su triste partida, es su legado vivo. 

Es un triunfo de la Patria, de la determinación revolucionaria, del Gobierno Bolivariano, de nuestras leyes e instituciones, es un triunfo del Pueblo Venezolano. ¡Venceremos!

Chávez y el petróleo

Reflexionar sobre el legado de nuestro querido Comandante Chávez resulta una fuente permanente de enseñanzas para nosotros, para el pueblo venezolano, ese pueblo humilde, joven, trabajador, obrero, militar, soldado, el pueblo que quedó, como todos, atónito y desgarrado con su partida física, hace ya cuatro años.

Hay que decirlo, y así será reconocido siempre, nuestro Presidente Chávez “rasgó las tinieblas en un segundo” y en un período de intenso trabajo, en una actividad incesante y premonitoria, hizo más que nadie en nuestra historia reciente para cambiar desde la raíz el sistema político, económico y social imperante. 

Era una necesidad ante el desgaste asfixiante y violento de la Cuarta República y el estruendoso fracaso de un capitalismo rentista y profundamente dependiente de la economía norteamericana, que nos reducía al triste papel de ser un satélite de la potencia más poderosa del hemisferio, como lo afirmaba el maestro DF Maza Zabala.

Nos tocó librar junto a Chávez, bajo su comando, con su irrestricto apoyo, la batalla por el rescate de nuestra Plena Soberanía Petrolera. Uno de los capítulos más importantes de la historia contemporánea, que permitió, por una parte, abrir los causes para cimentar un modelo inclusivo y participativo, y por la otra, tener la posibilidad cierta de construir una visión diferente de desarrollo y de sociedad: el socialismo.

La historia de nuestro país ha estado signada por el petróleo. 

Desde principios del siglo XX, todos los acontecimientos políticos, económicos y sociales han tenido que ver con la actividad petrolera. La imposición de feroces dictaduras, la entrada y expansión del imperialismo norteamericano en nuestra patria, con sus transnacionales y agentes económicos, la instauración de un modelo profundamente injusto y expoliador de nuestras riquezas, caracterizado por la actividad minero-extractiva. 

El abandono del campo, un sistema social excluyente y la formación de terribles concentraciones de miseria en las grandes ciudades, mano de obra desocupada tras la expectativa de obtener algo de la renta petrolera, fueron algunas de las consecuencias de este modelo impuesto. 

Por otra parte, a la sombra de la renta petrolera, surgió una burguesía sin conciencia de su rol nacional, un sistema capitalista atrasado y deformado que se encontraba entre la actividad semifeudal de los terratenientes, y una economía terciaria, importadora, especulativa con escasa actividad industrial. 

Estos grupos económicos desarrollaron mecanismos en todos los ámbitos para apropiarse de la renta petrolera, viviendo y corrompiendo al Estado para obtener jugosas prebendas y constituirse en una élite parasitaria, fundamentalmente asociada a las compañías extranjeras.

El Sabotaje Petrolero constituyó la acción desencadenante de la cruenta batalla por la Plena Soberanía Petrolera. El Sabotaje Petrolero fue  un hecho criminal contra nuestra Pdvsa, con la única motivación de derrocar al gobierno Constitucional, fue una agresión sin precedentes contra su propio país por parte de una élite autoproclamada “meritocrática”, que reflejaba de manera clara y violenta la fundamentación espiritual de la estructura de dominación que imperaba en estos grupos privilegiados: un profundo desprecio hacia los humildes, hacia el Estado y una visión completamente anti nacional de nuestro futuro.

El Sabotaje Petrolero ocasionó pérdidas directas a Pdvsa por más de 17.000 millones de dólares, paralizó la economía del país y produjo daños irreversibles a los yacimientos maduros de petróleo en el Lago de Maracaibo, además de paralizar abruptamente a nuestro gigante de Paraguaná, el Complejo Refinador más grande del mundo, el CRP.

El Presidente Chávez dio una lección de sabiduría y aplomo en el manejo de esta grave situación, sin violencia, junto a nosotros, los del “Grupo Colina” (del cual conversaremos en otro artículo), a los miles de obreros petroleros leales y a los oficiales patriotas, supo mantener la serenidad y recuperar nuestras instalaciones una a una, comenzando por el rescate del “Pilín León”, secuestrado en el Lago de Maracaibo; seguido del CRP, de la producción en los campos del oriente y del occidente, manejando una situación económica compleja donde solo producíamos 23.000 BD de petróleo, no había gas y por primera vez en casi 100 años tuvimos que suspender nuestra exportaciones petroleras. 

Esta acción criminal, a solo meses del golpe de Estado, venía acompañada por la desestabilización, violencia en la calle e injerencia internacional, de los mismos partidos políticos de la extrema derecha, que hoy han desatado una feroz campaña contra nuestra gestión al frente de la Nueva Pdvsa y contra nuestros trabajadores petroleros. 

Estos apoyaron de manera irresponsable y oportunista el Sabotaje Petrolero. Abusaron de la grandeza del Presidente Chávez, quien luego los amnistió a todos. El Presidente Chávez administró nuestra victoria con magnanimidad, no hubo, no hay, nadie preso por el criminal Sabotaje Petrolero. 

Los trabajadores petroleros supimos dar una lección de patriotismo, conocimiento y  liderazgo a los “meritocráticos” que atentaron contra la industria. Bajo la dirección de nuestros cuadros técnicos y gerenciales patriotas y con la ayuda de voluntarios, jubilados y soldados, fuimos recuperando la operatividad de Pdvsa, desactivando las trampas que nos habían dejado en las instalaciones para que ocurriera un accidente: en buques, refinerías, sistemas de bombeo, compresión, extracción, entre otros. 

Nuestros trabajadores además, demostraron una tremenda capacidad al llevar nuestra producción y operatividad a sus niveles máximos, desde los 23.000 barriles día del sabotaje a 3.000.000 de barriles día de producción de petróleo para inicio del mes de marzo. 

Quedó así pulverizado el mito de los “meritocráticos”, quienes creían ser los únicos capaces de manejar nuestra industria petrolera. Demostramos nuestra capacidad para sobreponernos a una acción sin precedente en la industria petrolera a nivel mundial.

La derrota del Sabotaje Petrolero le permitió al Presidente Chávez, por primera vez, adentrarse en la industria, hasta entonces un coto cerrado a nuestro pueblo y a la autoridad del Estado. Le permitió conocer de primera mano al trabajador petrolero, en un sinfín de actos heroicos durante el rescate de Pdvsa, conversaciones y visitas a las áreas petroleras. 

Cuando Chávez habló con los trabajadores del lago, de las lanchas, de los remolcadores, conoció la vida, esencia e injusticias que imperaban en las duras operaciones acuáticas; cuando hablaba con los muchachos de Amuay o Cardón, entendió claramente la complejidad y riesgos asociados a nuestra especialísima actividad de refinación; cuando visitaba los campos de producción en Oriente o la Faja,  entre la combatividad y fraternidad de nuestros obreros, visualizó las extraordinarias posibilidades de nuestro país.

A partir de allí, el Comandante Chávez recorrió cada espacio de Pdvsa reconociendo el valor y patriotismo, el compromiso de sus trabajadores; se empeñó y trabajó de manera decidida, que nadie lo dude, en la creación de la Nueva Pdvsa, Roja Rojita.

La derrota del Sabotaje es el inicio de la batalla por la conquista de la Plena Soberanía Petrolera. A partir del rescate de Pdvsa, tuvimos a nuestra empresa petrolera del lado de los intereses nacionales, del pueblo y no de las compañías extranjeras; finalmente subordinada al Estado Venezolano y con una activa participación política y social en la transformación del país. 

Se convirtió en brazo ejecutor y actor fundamental de la batalla por la derrota de la pobreza y la exclusión. La Nueva Pdvsa Roja Rojita, es la expresión más concreta del legado del Comandante Chávez, es un instrumento de liberación. 

Vaya mi saludo fraterno y revolucionario a todos sus trabajadores. Los llevo siempre conmigo, mis compañeros de viaje, desde acá en mis tareas al frente de nuestra Misión en la Naciones Unidas, siempre defenderé nuestra gestión y nuestro origen con una profunda lealtad al legado de nuestro Comandante Hugo Chávez.

¡Venceremos!