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El peor de los capitalismos es el reformismo…

En el MAS, en la época cuando comencé mi militancia política (tendría 15 años entonces), el  reformismo era una forma de descalificar el modelo socialista que proponían sus líderes fundadores: una especie de socialismo democrático (o Eurocomunismo), en oposición al socialismo soviético, para mi mal llamado “capitalismo de Estado” y su régimen estalinista. La militancia de la llamada ultraizquierda, Ruptura (FALN, todavía no  existía el PRV) y el CLP (o Bandera Roja) acusaban al  MAS de Teodoro Petkoff de “reformistas” y nuestra militancia, con mucha ignorancia y  pedantería se burlaba de lo que era otra forma de pedantería: la acusación de reformista a nuestro movimiento que abogaba por un “socialismo democrático”. Otra forma de pedantería porque esa militancia dirigida por Douglas Bravo (y la otra de BR), para mí, nunca comprendió hasta qué punto estaban sus huesos endulzados con las mieles del reformismo que criticaban en el MAS  y MIR,  no comprendieron el alcance espiritual del reformismo en términos prácticos, de vida, es decir, la posibilidad práctica  de que sus militantes estuvieran, como Sancho Pansa, esperando su “ínsula”, después de luchar tan duramente; ascender socialmente,  y perdieran con eso la necesaria conciencia de clase,, el compromiso vital, fundamental para la perspectiva de hacer una verdadera revolución social socialista, material y espiritual.

Más adelante, la historia demostraría esto, con la deserción importante que tuvo el PRV y sobre todo BR, al bando político contrario, desde el simple estadio intelectual  o burocrático, a llegar a ser funcionarios de gobiernos de derecha,  hasta  convertirse algunos (o bastantes) en delatores y policías.

Si el  más malo de los esclavistas es aquel que trata bien a sus esclavos, el reformismo es el más malo  de los capitalismo, porque es una forma de endulzar  las injusticias y horrores del capitalismo, cercenando la posibilidad de que la clase trabajadora y  desposeídos adquieran consciencia, comprendan  sus condiciones de vida y desde ahí activen una reacción social verdaderamente revolucionaria. Es así como la conciencia de clase obrera en tiempos de la comuna de París  hasta la revolución rusa leninista era mucho más sana, más robusta que hoy, que se encuentra diluida en una clase política y social medrosa, conformista y acomodaticia. Con dignas excepciones,  la emergencia a la lucha política de Fidel Castro, el Che Guevara,  en la segunda mitad del siglo pasado, y de Hugo Chávez en el siglo XXI.

Cómo se consolida el reformismo después de la muerte de Chávez.

Hoy, el primer socio de Maduro es FEDECAMARAS. Y ahora Cedice Libertad, a través del “Observatorio del  Gasto Público”, (un parapeto de Cedice Libertad y la Cámara de Comercio de Caracas) le recomienda al gobierno mejorar la calidad de los alimentos de las bolsas del Clap asociándose con la empresa privada, con los productores asociados a FEDECÁMARAS. Lean las noticias: “Fedecámaras entiende importancia de conversar con el Gobierno, dice Capozzolo”; “Solo 6 % de encuestados dice que necesita bolsa Clap para subsistir, según Cedice” https://noticierod1g1tal.com/ . 

A tal punto  se ha renovado el reformismo, ha bajado de las alturas del debate teórico político (desde  las críticas de Marx y Rosa Luxemburgo) a imponerse  en las prácticas (más que políticas) de vida, de los llamados izquierdistas, que resulta natural dentro de esa llamada “izquierda” la  asociación del  gobierno de Maduro  con los que se suponen son “enemigos de clase”. Ahora, el reformismo acabó con la lucha de clase en una “mala conciencia”, una conciencia pastosa donde se aceptan sin escozor la asperezas del capitalismo, ahora ¡“Venezuela somos todos”, explotados y explotadores!, capitalista buenos y a su lado mucha, muchísima pobreza material  y de espíritu, mucha ignorancia,  donde los ricos pueden practicar la caridad y aliviar sus culpas.

De alguna manera es sano  que ambos se fundan, gobierno y capitalistas parásitos, en una sola forma práctica de capitalismo. Hasta que esto no sucede muchos escépticos, fatalistas, deprimidos y deprimentes izquierdistas, no dejarán de justificar a Maduro y al madurismo, como si fuera la única y última expresión del chavismo. Eso deprime, y muchos se han deprimido, desengañados, por eso ahora no creen en la existencia de verdaderos revolucionarios: a su manera de pensar y sentir, si no lo son ellos, revolucionario no lo puede ser nadie. Afortunadamente esos carapachos sin espíritu no cuentan.  La revolución es una pasión, que sin ella la historia se hubiera detenido hace tiempo en la frontera con la historia natural.

No hay que abandonar la lucha. Es positivo todo esto, gracias al descaro felones cada vez se definen más y mejor los campos de lucha, hoy sabemos que gobierno y FEDECÁMARAS trabajan juntos para consolidar la restauración del capitalismo y su democracia mamarracha, con franca ventaja para los empresarios frente a un “madurato” decadente, que está a punto de perder el control y el poder en las próximas elecciones,… sea cual sea el resultado de éstas. Es positivo  para el campo de la revolución, hoy víctima de un mensaje oscuro, intencionalmente confuso de parte  del gobierno y,  por razones distintas, de parte de la oposición mayamera. Positivo porque se puede percibir mejor dónde están los enemigos  de clase, los enemigos del socialismo y de Chávez. De esta crisis  saldrá robustecida la comprensión de porqué hay que luchar, la consciencia de clase en aquellos que todavía no la tuvieron, creyéndose candidatos al ascenso social, escalando solos por los peligrosos intersticios del capitalismo.  

¡Cuidado con el reformismo!, nos decía Chávez y el capitalismo al final  se impuso al gobierno enclenque de Maduro

¡VOLVAMOS A CHÁVEZ!

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