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Una Navidad para reconquistar la Esperanza

Para muchos estas Navidades serán duras, difíciles: para quien perdió a un ser querido a manos de la violencia de las calles, de la ceguera política, de la injusticia social o, de la impunidad.

Para las múltiples familias que están separadas, desgarradas, cuyos hijos se encuentren lejos, para la madre que sufre la angustia de no tener a sus seres queridos cerca, para el anciano abandonado al final de su vida, para quienes nos hemos visto obligados a dejar nuestra patria y nuestras familias, por razones políticas o económicas; para el joven, hombre o mujer, que están solos, lejos, en otros países, sobreviviendo, en situaciones duras, de incertidumbre.

Para quien padece o tiene algún familiar o ser querido sufriendo de alguna enfermedad de alto riesgo, para el anciano, condenado al deterioro creciente de su salud, o a sufrir de minusvalía o muerte por la imposibilidad de conseguir el medicamento vital, único, imprescindible.

Para los niños de la calle, los que volvieron a pulular entre la basura, la violencia y el maltrato y están expuestos a la violencia social, sólo porque no pueden ser sostenidos en su propio hogar, sin medios para obtener alimentación adecuada y la seguridad. Para esos rostros inocentes, endurecidos por la calle y las carencias.

Para el que lo ha perdido todo y ha quedado arruinado, por el cierre de sus fábricas, fincas, negocios, el trabajo de toda una vida.

Para los presos, secuestrados por razones políticas, los que están sufriendo el maltrato del aislamiento, de la prisión injusta, de la violación de sus derechos fundamentales, de la incertidumbre del futuro, de la impotencia de no poder ni siquiera defenderse.

Para el venezolano «de a pié»; el profesional; el ama de casa; el que sobrevive en el barrio, en el campo; a la familia, que a duras penas sobre lleva la tragedia de la vida diaria en que han convertido a nuestro país caracterizado por la impotencia de no poder, ni tener nada como celebrar, cómo llevar alegría a sus hijos, a sus seres queridos.

Todos estamos ante una situación terrible, insospechada hace apenas cinco años. Nos han arrebatado el país, nuestra normalidad de vida, la esperanza de un futuro que teníamos por delante, de trabajo, de avance, de justicia, de solidaridad, de convivencia.

Todo se ha trastocado en un ambiente de miedo, desesperanza, tristeza. Han arrebatado la identidad del pueblo venezolano, lo han convertido en un pueblo desesperado, degradado, dispuesto a hacer cualquier cosa para sobrevivir. En efecto, viven una vida de privaciones, de situaciones absolutamente denigrantes que se han convertido en la «normalidad» de un país en caos, deteriorado, violento, intolerante, egoísta.

Han abusado de la bondad y credibilidad de nuestro pueblo. Un pueblo esencialmente pacífico, que no puede someterse a la crueldad de un gobierno indolente, con una ética de pranato. Un pueblo que luce desorientado, confundido, abandonado por sus líderes políticos y sociales naturales, quienes abandonaron el barrio, la comunidad, el autobús, la rebeldía, para convertirse en la nueva élite de burócratas o empresarios, han conformado el nuevo grupo económico que sostiene este estado de cosas, dándole la espalda a su origen, traicionando las ideas que alguna vez emocionaron a los humildes.

La Navidad es una oportunidad para reflexionar, recordar el origen, la normalidad, recuperar la esperanza, retomar fuerzas. Fue San Francisco de Asís, quien nos legó la práctica del pesebre, nacimiento o belén, el establo, con los pobres, para recordar el origen humilde de Jesús y el Cristianismo, lejos de los Palacios, del egoísmo, de la opulencia.

Nuestro pueblo, en su inmensa riqueza cultural y artística, ha convertido al pesebre y la Navidad en una explosión de espiritualidad, sincretismo e identidad. De manera que, donde sea que estemos, en la circunstancia mas dura, poseemos suficientes elementos para tener una Navidad venezolana.

Porque sólo desde allí, desde lo mas auténtico de nuestra identidad, podremos darnos cuenta de que tenemos suficientes argumentos y fuerza para recuperar la Patria, nos daremos cuenta, con claridad, que no existe razón alguna para que estemos secuestrados, en manos de insensatos que entregan nuestro futuro y el de nuestros hijos, para ellos mantenerse en el poder.

Donde sea que estemos, dentro o fuera de la patria, no nos dejemos abatir mas por la tristeza y la desesperanza. Hay que recuperar el equilibrio espiritual que nos permitió movilizarnos por un futuro mejor. Desde donde estemos, recordemos a los seres queridos, a los que están pasando por los infortunios que hemos enunciado. Dejemos a un lado el miedo, la intolerancia, la desesperación, el egoísmo y reagrupemos la esperanza de todos, para que ello se convierta en una poderosa fuerza popular que dé al traste con este desastre.

Ahora pretenden ahogar a nuestro pueblo en la aventura de la guerra con Colombia, un pueblo hermano, tratando de insuflar el corazón de nuestros jóvenes con la intolerancia, la persecución. Así mismo, movilizan a todo el aparato burocrático y represivo del Estado, para acallar y reprimir a los obreros, trabajadores, a quienes les han arrebatado sus conquistas de tantos años de lucha sindical. En efecto, les han sido escamoteados los salarios y beneficios, mientras entregan la Patria.

Igualmente, persiguen, encarcelan y matan a los trabajadores de PDVSA, cientos de prisioneros políticos, sepultados en vida, mientras guardan silencio y protegen a los «empresarios» que han hecho fortunas bajo su amparo y resguardan sus intereses. Tienen secuestrados por razones políticas a Generales, patriotas, héroes del 4 de Febrero y del 13 de Abril, como Rodríguez Torres y Baduel, violándoles sus derechos, así como, hacen con otros cientos de oficiales y profesionales de todos los rangos, Bolivarianos, patriotas, mientras permiten que cuerpos de inteligencia extranjeros, se inmiscuyan en nuestros asuntos internos e incluso, hagan planes a costa de nuestra soberanía.

Desde lo mas profundo de mi corazón, en verdad os digo que todo ésto lo vamos a cambiar, porque nuestro pueblo, el pueblo de Bolívar, el que cruzó Los Andes, páramos y sabanas para dar libertad y dignidad a todo un continente, el pueblo de las dificultades, del 13 de abril, de la derrota del Sabotaje Petrolero; ese pueblo, esa muchachada que, en una diáspora injusta, ahora sorprende al mundo, con su formación, su sensibilidad, su trabajo. Esos jóvenes, hombres y mujeres, que se resisten a dejar la patria, que luchan todos los días por sobrellevar la situación, mantener un espacio de vida; la mujer, la madre, jefa de hogar, en su lucha cotidiana para alimentar y proteger a sus hijos, a los abuelos; el pueblo que estudia, que trabaja, que lucha todos los días, al soldado y al campesino; ese pueblo noble, bueno, no tiene razón alguna para seguir sufriendo los desmanes de un pranato al que no le importa destrozar la Patria.

Por la vida, por la paz, por el pueblo, por el futuro, por la Patria, recuperemos la Esperanza, estamos a tiempo de salir de este desastre, no tenemos por qué sucumbir en el escenario de la aniquilación de nuestros valores. Cuento con ustedes, ustedes cuentan conmigo. Vamos a contar todos juntos. Una Feliz Navidad, mis mejores deseos para todos y todas, ¡arriba los corazones! ¡Venceremos!

Rafael Ramírez exige a Maduro Fe de Vida de Eulogio Del Pino y los otros presos de PDVSA y la FANB

Sumarios

  • El dirigente chavista denuncia que los trabajadores de PDVSA están presos en condiciones de aislamiento y son “chivos expiatorios” para justificar la entrega de la industria petrolera.
  • Ramírez demanda la renuncia del fiscal Tarek William Saab por ser cómplice de una masiva violación de derechos humanos y cuestiona a las ONGs de DDHH que solo defienden a los presos opositores y callan cuando se trata de chavistas y militares.

Caracas, 18 de diciembre de 2018.-El ex ministro de Petróleo y dirigente chavista, Rafael Ramírez exige al gobierno de Nicolás Maduro y, sobre todo, al fiscal Tarek William Saab información inmediata y confiable sobre el estado de salud del ex presidente de PDVSA, Eulogio del Pino, y el resto de los trabajadores petroleros y efectivos militares presos en las cárceles venezolanas.

Ramírez denuncia que después de la negligencia manifiesta que causó la muerte del ex ministro Nelson Martínez, ahora es urgente conocer qué está pasando con el resto de los “secuestrados políticos” que tiene el gobierno madurista, especialmente los trabajadores de PDVSA, quienes han sido objeto de la persecución más inclemente.

Ha trascendido que el ex presidente de PDVSA, Eulogio del Pino, preso desde hace más de un año sin pruebas, juicio justo y debido proceso, también tiene problemas de salud, por lo que hay que evitar que le ocurra lo mismo que a Nelson Martínez.

Ramírez sostiene que ambos ex funcionarios fueron utilizados como “chivos expiatorios” para justificar la corrupción del madurismo y la destrucción inducida de PDVSA para entregarla a intereses multinacionales.

El ex ministro Nelson Martínez murió, porque el gobierno de Nicolás Maduro y su fiscal no ordenaron que se le prestara la atención médica urgente que necesitaba. “Ellos sabían que Nelson tenía una condición cardíaca grave y, sin embargo, solo lo llevaron al Hospital Militar cuando ya su situación era crítica e irrecuperable. Lo tuvieron un año secuestrado sin los cuidados médicos a los que tenía derecho”, insiste el dirigente chavista.

Ramírez insiste en que existe un clima generalizado de terror en el país, por lo que, desde el exilio, considera que es indispensable levantar la voz para salvar la vidas “de estos compañeros presos, y que hoy están en manos de un gobierno especialmente cruel, cuyo objetivo es acabar con el verdadero chavismo, que vive en el corazón del pueblo, antes que con la oposición”.

El ex alto funcionario de Hugo Chávez, lamenta la muerte de Martínez en un calabozo del Dgcim, pero también demanda que se brinde información confiable sobre el estado de salud y las condiciones de los trabajadores de PDVSA que están presos con acusaciones infundadas, sin debido proceso ni derecho a la defensa.

El dirigente insiste en que el fiscal Tarek William Saab debe renunciar a su cargo, porque durante su gestión al frente del Ministerio Público ya han muerto cinco prisioneros bajo custodia del gobierno, y es su responsabilidad directa garantizar el respeto de los derechos de las personas privadas de libertad.

“Nelson Martínez se convirtió en uno de los ‘trofeos’ más preciados de Maduro y su fiscal, en la vendetta irracional de ambos en contra de PDVSA, producto de la cual, más de 100 trabajadores están secuestrados en las prisiones del gobierno, sin derecho a la defensa, sus derechos constitucionales violados, en una situación de aislamiento y maltrato que nadie merece. Otros muchos hemos sido perseguidos con saña, y la empresa está destrozada”, asegura.

Igualmente, Ramírez cuestiona a las organizaciones de Derechos Humanos que solo se ocupan de defender a los presos políticos de la oposición, pero callan frente a la represión y el maltrato que padecen los secuestrados políticos del chavismo y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Además, el ex alto funcionario de Chávez critica también a dirigentes del PSUV que son incapaces de levantar sus voces no solo para cuestionar la injusticia de estas detenciones, sino para enfrentar las políticas hambreadoras de Maduro, que han destruído los logros que en la lucha contra la pobreza se conquistaron durante los gobiernos del comandante Hugo Chávez Frías.

“La saña de Maduro no es solo en mi contra, es en contra de los trabajadores de PDVSA. Él necesita barrer al Chavismo de la empresa, aterrorizarla, para luego hacer con ella lo que le dé la gana. Ellos tienen una visión distinta a la nuestra; con Maduro en el poder no puede existir la PDVSA de Chávez, la del pueblo”, advierte Ramírez.

En su artículo semanal, Rafael Ramírez resalta la figura de Nelson Martínez como un gerente de elevada formación y compromiso con el país. Durante el sabotaje petrolero de 2002 y 2003, Martínez fue uno de los ejecutivos de PDVSA que trabajó activamente para enfrentar la estrategia golpista de la llamada “meritocracia”, con mucha determinación y valor.

Ramírez recuerda a Martínez como un hombre de origen humilde y tenaz, que se levantó con esfuerzo hasta ocupar posiciones destacadas en la industria petrolera por mérito verdadero. “El ensañamiento contra Nelson fue brutal, cruel, así como, contra el resto de trabajadores de PDVSA. Sufren maltratos, aislamiento, se violan sus derechos constitucionales, no les importa que mueran en cautiverio, no son capaces de obtener ningún beneficio procesal, así tengan enfermedades crónicas o críticas, así intenten suicidarse, son secuestrados políticos, presos políticos Chavistas, acusados de corrupción, porque el madurismo no puede admitir que existe un chavismo chavista que le hace frente, que no está dispuesto a cumplir su programa de entrega”.

“Nelson murió porque lo dejaron morir en cautiverio, lo mataron porque sabiendo que era un hombre con una condición cardíaca compleja, condición que sus familiares y abogados alertaron una y otra vez a la Fiscalía, porque si “le hubiese dado la gana” a Maduro le hubiesen dado casa por cárcel, como ha hecho con decenas de opositores en sus negociaciones políticas, a Nelson lo MATARON porque una vez que se infectó su dispositivo cardíaco y le colapsaron órganos vitales, sólo entonces, lo trasladaron al Hospital Militar, no le suministraron antibióticos, no permitieron que sus médicos lo vieran a pesar de los ruegos de la familia, no le completaron las diálisis, cuando entra en coma, los familiares pidieron llevarlo a casa a que muriera allí y no quisieron. Actuaron inhumanamente, cruelmente.”, insiste Ramírez.

Entre la impunidad y el odio ocurre la absurda muerte de Nelson Martínez

El pasado 12 de diciembre murió Nelson Martínez, trabajador de PDVSA, compañero de luchas durante diez años, ex ministro de Petróleo, presidente de PDVSA y de Citgo. Su deceso ocurrió mientras estaba en cautiverio, retenido desde hacía un año por el gobierno, secuestrado sin que se supiera de qué delito se le acusaba. Su partida es un hecho triste y que lamentamos profundamente.

Lo primero que quiero es expresar mis más sentidas condolencias a su esposa, hijas, hijo y a todos sus amigos y seres queridos por tan irreparable e injusta pérdida.

Aunque la muerte de un ser humano siempre es lamentable, en esta ocasión se trata, además, de un hecho injusto, producto de la crueldad y ensañamiento con que actuaron sus captores.

Desde el mismo momento de su detención, rodeada de un operativo policial desmedido hecho para las cámaras de la televisora del Estado, expuesto al escarnio público por el fiscal general que juzgó y condenó a Nelson sin siquiera presumir su inocencia, ni tener un mínimo de consideración o equilibrio en su actuación.

A partir de allí, vino el linchamiento en los medios y redes sociales que controla el gobierno, donde se vilipendió su nombre y reputación. Convirtieron así a Nelson en uno de los «trofeos» más preciados de Maduro y su fiscal, cuya vendetta irracional en contra de PDVSA, tiene más de 100 trabajadores secuestrados en las prisiones del gobierno sin derecho el debido proceso y sus derechos constitucionales conculcados al permanecer recluidos en una situación de aislamiento y maltrato que nadie merece, mientras se destruye su imagen y reputación. Otros muchos, a quienes no han podido capturar, hemos sido perseguidos con saña e igualmente vilipendiados. Esta vendetta ha ocasionado la destrucción de la empresa.

Conocí a Nelson Martínez hace un poco más de 16 años cuando, siendo Presidente del Ente Nacional del Gas, me correspondió ser miembro de la Junta Directiva de PDVSA presidida por el profesor Gastón Parra, nos reuníamos en el hotel El Conde, con otros trabajadores patriotas, para planificar acciones en defensa de la industria ante el desconocimiento de la «meritocracia» petrolera de la Junta Directiva y del gobierno bolivariano. Allí estaba Nelson, era 2002, año de intolerancia y violencia, del Golpe de Estado, Plaza Altamira y del Sabotaje Petrolero.

Cuando comenzó el Sabotaje Petrolero en diciembre de 2002, y ya nosotros iniciábamos la contra ofensiva ordenada por el presidente Chávez, Nelson fue uno de los pocos que estaba con nosotros, dispuesto a asumir la posición que le correspondiera para derrotar este artero ataque contra la patria.

Eran momentos de grandeza y heroísmo, donde cada uno se movilizaba, junto con los trabajadores y el pueblo, para defender el frente que le correspondiera sorteando la violencia, la intimidación y el accionar de los saboteadores para llevar dirección, conocimiento y acompañar a los trabajadores y al pueblo, junto a los cuales, finalmente, derrotamos a la autoproclamada y soberbia «meritocracia» petrolera para, de esa manera, crear la Nueva PDVSA y poner el petróleo al servicio del pueblo.

Siempre lo conocí como un hombre de origen humilde, con una sólida formación técnica y sólidas credenciales académicas, un profesional con densidad, una amplia experiencia y capacidad de trabajo. Así eran nuestros gerentes patriotas, hombres de conocimiento técnico y firmes principios éticos-políticos.

Establecimos una buena amistad desarrollada en el trabajo en conjunto, basada en el compañerismo y respeto, la solidaridad y el profundo sentimiento patrio que nos movilizaba. A pesar de todos sus grados y títulos, era un hombre de trato humano, sencillo, quien, con facilidad natural, era capaz de tomar decisiones complejas e interactuar con nuestros trabajadores y el pueblo sin prepotencia ni maltratos de ningún tipo.

Ocupó en esos momentos de consolidación de la Nueva PDVSA importantes posiciones de dirección de la empresa en el oriente del país, presidió nuestra filial PDVSA Gas, como Ministro lo postulé y fue nombrado por el presidente Chávez miembro de la Junta Directiva de PDVSA, ocupó diversos cargos de dirección de la empresa y en el exterior, responsable de PDVSA América, con sede en Argentina, hasta que en Junta Directiva lo nombramos presidente de CITGO.

Teníamos una buena amistad y suficiente confianza para abordar cualquier tema, pudimos actuar de manera precisa, cuando conocimos de sus problemas de salud. Lo apoyamos decididamente para realizar su operación del corazón, una intervención compleja, de la que quedó muy bien y con la cual podría haber sobrevivido muchos más años, siempre que tuviese los cuidados y medicamentos correspondientes, como es normal en esa situación. Era un hombre joven.

Luego de la muerte del Comandante Chávez, Maduro inició las maniobras para cambiar la conducción de PDVSA con el objetivo de tenerla bajo su control, con otro equipo, otra orientación. Me enteré de estas maniobras por el mismo Nelson, quien me llamó para informarme que desde la Dirección del Despacho de Miraflores lo llamaban a CITGO para que viniera a reunirse en Palacio, por supuesto, a mis espaldas.

Me dí cuenta que el madurismo conspiraba contra mi posición como ministro y presidente de PDVSA, cosa que me parecía insólita e irresponsable, no sólo porque el presidente Chávez no pensaba relevarme de mis responsabilidades, como lo dijo a viva voz, al ratificarme tres veces durante su campaña electoral, sino porque era evidente que, desde el mismo 2013, el país enfrentaba un proceso de desestabilización política, en momentos en que nuestra economía entraba en un período de inestabilidad, cosa que advertí innumerables veces. De manera que era necesario decidir un conjunto de medidas económicas que eran impostergables con un mercado petrolero marcado a la baja de los precios. No se podia improvisar con PDVSA, «cambiar de caballo en medio del rio».

El mismo día de su primer mensaje al país, horas antes de su alocución, tuve una reunión con Maduro en su residencia, donde me manifestó su intención de «refrescar PDVSA», es decir, que le entregara la conducción de la empresa y del Ministerio.

Era una ambición que tenía hacía tiempo, eran sus planes de controlar todos los espacios del gobierno y del Estado. Yo le dije que no lo aceptaba. Le recordé que esa era la agenda del candidato de la oposición y le advertí sobre los severos problemas económicos que ya se comenzaban a manifestar. Le insistí en que la estabilidad de PDVSA era clave para salir de la coyuntura.

Ya avanzada la conversación, me confiesa que había pensado en Nelson para presidente de PDVSA y en Asdrúbal Chávez como ministro de Petróleo. Recuerdo que le dije «vas a matar a Nelson», porque, ademas de los créditos técnicos y gerenciales para dirigir la empresa, se necesitaba un fuerte peso político específico y una intensa actividad, muy exigente, que acabaría con la salud de cualquiera.

Yo sabía que era cuestión de tiempo que Maduro materializara su de, por lo cual lo comuniqué a los miembros de la Junta Directiva para que estuviesen preparados. Se desató una campaña muy fuerte en mi contra, donde los factores del madurismo y sus agentes económicos hicieron guerra sucia y de rumores en las redes y, valiéndose de palangristas, trataban de dividirnos, lo cual lograron finalmente. Nos distanciaron. El madurismo desde el inicio de su accionar, siempre trató de fracturar la unidad de nuestro equipo de dirección, y de los trabajadores petroleros, forjada en diez años de trabajo junto al Presidente Chávez.

Cuando se produce el llamado «sacudón», invento de Maduro para intervenir PDVSA, designan a Eulogio Del Pino como presidente y a Asdrúbal Chávez como ministro. Era evidente que Nelson no contó con el apoyo de los otros factores políticos del madurismo.

Cuando ya estaba en Nueva York como embajador ante la ONU, tuve la oportunidad de reunirme con Nelson en mi despacho. Fue una conversación sincera, entre amigos, aclaramos nuestras diferencias, desentrañamos juntos toda la trama de manipulaciones y mentiras, las presiones que hizo el madurismo para utilizar a Nelson como cabeza de una conspiración que él nunca tuvo en sus intenciones, ni en su mente, sino que solo existía en la de Maduro. Éste, después, ni siquiera lo promovió como presidente de la empresa.

A partir de allí, Nelson y yo restablecimos nuestro contacto y siempre conté con su apoyo. De hecho, era el único que me apoyaba en mi trabajo en la ONU. Cuando lo nombraron ministro de Petróleo, tuvimos una larga conversación telefónica donde, además de felicitarlo y ponerme a su orden, le daba datos importantes de los problemas de la empresa, los problemas de producción, los retos en la OPEP.

Cuando nombraron al General Quevedo como ministro y presidente de PDVSA, era claro para mí que finalmente había prevalecido uno los poderosos grupos de poder del madurismo y que, tanto Nelson como Eulogio, estaban en inminente peligro de sufrir una agresión. No tuve manera de hacerles llegar mi alerta.

Obviamente Maduro los abandonó después de haberlos utilizado, porque para interferir e intervenir todos los procesos de PDVSA, colocar sus piezas políticas en puestos claves, nombrar sucesivas Juntas Directivas compuestas por factores del madurismo, sin formación ni experiencia técnica alguna, necesitaba engañar y manipular a los que darían la cara ante los trabajadores y el país.

Luego, con el consecuente colapso de la empresa, Maduro tendría que buscar a quienes sacrificar, a quienes culpar de la caótica situación de PDVSA, donde su injerencia en las decisiones y operaciones de la empresa, finalmente la paralizó.

Los sacrificados serían Nelson y Eulogio, las caras visibles. Los enemigos perfectos, sin apoyo político de ningún tipo, hombres de trabajo, técnicos que nunca supieron cómo moverse en ese «nido de alacranes» del madurismo, de la política con «p» minúscula.

Maduro ordenó ambos arrestos y que los cuerpos de policiales actuaran de manera desproporcionada; ordenó que las detenciones injustas se transmitieran por televisión para que Nelson y Eulogio aparecieran esposados y expuestos, y el locutor oficial ya tenía un libreto de linchamiento. Se trataba de paralizar y aterrorizar a los trabajadores petroleros.

Ordenó al Fiscal que hiciese sus infelices declaraciones, en su despliegue teatral y patético de siempre. Maduro necesitaba verter su odio contra ellos y lo hizo con saña. Ningunos de los actores involucrados en ese día de la vergüenza actuaría así por su cuenta.

Se utiliza el argumento de la «lucha contra la corrupción», se enloda y vilipendia el nombre y reputación de los trabajadores petroleros, sin mostrar una sola prueba. Nelson murió sin saber de qué se le acusaba, no hubo juicio, no hubo derecho a la defensa, nunca se le dió la oportunidad de aclarar nada. De manera absolutamente arbitraria e ilegal, Maduro actúa como un dictador al que aplauden sólo sus cómplices.

Como siempre, nadie del gobierno ni del PSUV dijo nada. Nadie levantó la mano, nadie intercedió. Sólo murmuran, todos actuaron cobardemente, incluyendo los trabajadores petroleros, desmovilizados, aterrorizados ante las imágenes.

Para mí fue muy triste ver a estos dos compañeros, héroes de la derrota del Sabotaje Petrolero, humillados y vilipendiados de esa manera, lo denunci desde el mismo momento en mis articulos y luego lo he seguido haciendo, porque sabia que los iban a enterrar y aislar. Mas nunca nadie supo de ellos hasta esta lementable y absurda muerte.

Lamento que no me hubiesen escuchado cuando les dije tantas veces: «tengan cuidado, la aversión de Maduro no es sólo en mi contra, es en contra de todos ustedes, ustedes no son de su de su confianza, nunca lo serán», es en contra de los trabajadores de PDVSA, porque él necesita barrer al chavismo de la empresa, aterrorizarla, para luego hacer con ella lo que le dé la gana. Con Maduro en el poder, no puede existir la PDVSA de Chávez, la del pueblo.

Tal vez el error de ambos compañeros fue aceptar responsabilidades de organizaciones que no controlaban, sino que controla directamente Maduro o cualquiera de su entorno; incluso, que controlan los grupos económicos que se han favorecido con la entrega, la rebatiña que hay en PDVSA.

Nuestros trabajadores son manipulados con el llamado a la debida «lealtad» al gobierno. Ésto es así, en la medida que el gobierno sea leal al Pueblo, a la Constitución y leyes, a los objetivos del Plan de la Patria. Esta tragedia es una lección para todos: a este gobierno no le interesa para nada la suerte de PDVSA, sus trabajadores, ni los más sagrados intereses de la Patria. El Plan de ellos es entregar el petróleo y, para hacerlo, necesitan destruir a PDVSA.

El ensañamiento contra Nelson fue brutal, cruel. Ocurre exactamente lo mismo contra el resto de trabajadores de PDVSA, son mas de cien casos. Sufren maltratos, aislamiento, se violan sus derechos constitucionales, no les importa que mueran en cautiverio, no son capaces de obtener ningún beneficio procesal, así tengan enfermedades crónicas o críticas, así intenten suicidarse, son secuestrados políticos, presos políticos Chavistas, acusados de corrupción, porque el madurismo no puede admitir que existe un chavismo chavista que le hace frente, que no está dispuesto a cumplir su programa de entrega.

Maduro usa el argumento de la corrupción, así como usa otros, como la conspiración, guerra económica o invasión, porque jamás va a reconocer que ha fracasado, porque también PDVSA le quedó grande.

Jamás permitirá que vayan a juicio, porque quedara en evidencia que todo ha sido una manipulación y un «falso positivo» para asaltar PDVSA. Si Nelson, Eulogio o cualquiera de nosotros tuviese la oportunidad de hablar al país, con todas las garantías, Maduro y el fiscal quedarían desenmascarados en su infamia. Por eso nunca habrá juicio, seguirán secuestrados o exiliados

A Nelson lo dejaron morir en cautiverio. Lo mataron: sabiendo que era un hombre con una condición cardíaca comprometida, tal y como lo alertaron sus familiares y abogados una y otra vez a la Fiscalía, no «le dió la gana» a Maduro darle casa por cárcel, como ha hecho con decenas de opositores en sus negociaciones políticas.

A Nelson lo MATARON porque una vez que se infectó su dispositivo cardíaco y le colapsaron sus órganos vitales, fue sólo entonces que lo trasladaron al Hospital Militar. No le suministraron antibióticos, ni permitieron que sus médicos lo vieran, a pesar de los ruegos de la familia, ni le completaron las sesiones de diálisis. Cuando entró en coma, los familiares pidieron llevarlo a casa a que muriera allí y no quisieron. Actuaron cruelmente.

Una vez que Nelson falleció, vino el silencio de la impunidad. El fiscal, en un acto de cinismo, emitió un comunicado afirmando que Nelson recibió todas las atenciones debidas. Mentirosos. El fiscal, si le quedase algo de dignidad debería renunciar.

Con Nelson ya son cinco prisioneros políticos que mueren bajo custodia del gobierno que, de acuerdo con la Constitución, es responsable de sus vidas e integridad física. Pero también murieron más de 67 presos comunes quemados vivos; volaron con un cohete a un grupo de hombres rendidos; cayó desde el piso 10 del Sebín a un prisionero, verdad que fiscal niega y hasta amenaza a quien contradiga su tesis del «suicidio». No sólo debe renunciar sino que es responsable, igual que Maduro, de estas muertes y ensañamientos, de estas violaciones gravísimas de los derechos humanos.

Los defensores de los derechos humanos guardan silencio cuando se trata de presos o muertos del chavismo. Es como si no existieran los más de 100 trabajadores petroleros secuestrados por el gobierno, o los oficiales militares y los políticos chavistas disidentes de Maduro en prisión. Así es la intolerancia y sectarismo de la oposición, no les importan. Pero al PSUV tampoco, ni a los dirigentes del gobierno, ni a las otrora voces valientes en contra de la violación de los derechos humanos. No entienden que su silencio, su miedo a decir nada, abre las puertas de la impunidad; permite y estimula que se sigan violando los derechos humanos de esta forma.

Yo lamento profundamente el dolor de los familiares y seres queridos de Nelson. Mi respeto y solidaridad a todos. Si estuviese en Venezuela, hubiese corrido su misma suerte como secuestrado político de este gobierno, igual que tantos compañeros. Por eso, debo mantener mi voz en alto, denunciar este crimen, es mi deber hacerlo, por él, por nuestra amistad, su trayectoria, sus aportes a este difícil proceso de construir una sociedad más justa, también lo hago por todos los que están secuestrados, sus familias, sus vidas. Quien no se indigne ante este crimen y esta terrible injusticia cometida contra Nelson, entonces debe revisarse el alma. Paz a sus restos.

Rafael Ramírez: “Maduro TÚ eres el responsable” de la muerte de Nelson Martínez

El ex presidente de Pdvsa asegura que su amigo y compañero de luchas fue sometido a tratos crueles e infrahumanos desde el momento mismo de su detención hace un año.

Caracas, 12 de diciembre de 2018.- “Maduro TÚ eres el responsable” de la muerte de Nelson Martínez, denunció  Rafael Ramírez, desde su exilio, a través de su cuenta en twitter (@RRamirezVE). El ex ministro de Petróleo de Hugo Chávez, indicó que el ex presidente de Citgo y ex ministro de Petróleo fallecido, había sido vejado y sometido a tratos crueles y miserables durante su reclusión hasta el momento de su deceso.

El ex ministro de Petróleo y ex presidente de Pdvsa, aseguró que su amigo y compañero de luchas fue mantenido en condiciones infrahumanas desde el momento mismo de su humillante aprehensión hace un año.

“Acaba de morir Nelson Martínez, ex Ministro de petróleo y presidente de @PDVSA Secuestrado y maltratado durante un año por órdenes de Maduro, que sabía de su enfermedad crónica”, dijo Ramírez. Y señaló que a Martínez le negaron su derecho a la defensa y a la vida. “Maduro TÚ eres el responsable”.

El ex presidente de Pdvsa, con profunda tristeza, recordó que “Nelson era un excelente profesional y un patriota en la derrota del Sabotaje. Vaya mi sentimiento y solidaridad a su esposa e hijas”.

Ramírez además envió un mensaje a los trabajadores petroleros: “A todos los trabajador@s de @PDVSA la muerte de Nelson Martínez es responsabilidad de Nicolás Maduro, quien, luego de nombrarlo ministro y presidente de la empresa, lo secuestró durante un año sabiendo que estaba enfermo. Lo humillaron y vejaron como han hecho con toda @PDVSA”, reiteró.

Nelson Martínez fue detenido en su casa el 30 de noviembre del año pasado, acusado de presunta vinculación en el refinanciamiento de deuda de la empresa Citgo, sin contar con el beneplácito del Ejecutivo Nacional, además de otros delitos que no le fueron probados.

Rafael Ramírez, que desde hacía varios días venía preocupado por las noticias que recibía desde Caracas acerca de su compañero, ha sentido su muerte. “Siento mucha indignación por la muerte de Nelson Martínez, compañero de tantas luchas junto al Cmdte Chávez, secuestrado por Nicolás Maduro, fue su orden, su odio, sabiendo que era un hombre muy enfermo. Lo humillaron hasta la muerte. Vaya mi respeto a su memoria y a su familia”.

¿Qué pasó el 8 de diciembre?

Es necesario conocer el contexto y los hechos que antecedieron la alocución de esta fecha, en la que el presidente Chávez se dirigió al país en virtud de su viaje a La Habana, para la segunda operación relacionada con su enfermedad, ya que la manera cómo han sido abordadas o manipuladas sus palabras, ha marcado el presente y futuro de nuestro país.

Lo primero es que, para aquel momento, no había, ni siquiera remotamente, la posibilidad de que el Presidente Chávez muriera en el corto plazo. No tenía porqué haberlas, no sólo porque era un hombre fuerte en su contextura y carácter, sino que además, era un hombre sano.

Las únicas preocupaciones siempre eran las relativas a su seguridad ante un atentado, una posibilidad siempre presente.

La premisa de su fortaleza física y su determinación a vencer, influyó mucho en su planteamiento estratégico en el desarrollo de la revolución: tendríamos tiempo para ir avanzando en la transformación de nuestra sociedad y economía, con la urgencia de la acción impostergable, de hacer justicia, pero a la vez, la confianza del que sabe que sus fuerzas no le fallarán, y estará allí para derrotar todas las embestidas del enemigo. Y así fue, por doce años.

El presidente Chávez, un hombre de profunda condición humana, adoptó la vía de la revolución pacífica para lograr las transformaciones político-sociales del país, insistió en derrotar a sus violentos oponentes siempre en el marco de la Constitución y las Leyes.

Ése era Chávez, era su grandeza y seguridad en su liderazgo, la fuerza espiritual que movilizó al pueblo el 13 de abril, para derrotar el Sabotaje Petrolero, las «guarimbas». Distinto hubiese sido, si hubiese optado por la violencia, realizar miles de detenciones o conculcar las libertades políticas o derechos consagrados en la Constitución. Ése no era él y no sería nuestra revolución, por el contrario, sería un gobierno autoritario más.

No hay que confundir para nada esa posición política del comandante Chávez, con la de la mayoría de la izquierda reformista, en el sentido del «etapismo», que termina siendo una excusa para, al final, nunca cambiar nada.

El Comandante Chávez retomó una vía Bolivariana, propia Venezolana, donde un país con un modelo rentista petrolero, atrofiado en el desarrollo de sus fuerzas productivas y con un pueblo excluído, es capaz de dar un salto en la conciencia, basado en la conexión amorosa, casi religiosa, con un líder que lo conduzca a etapas superiores de la sociedad, sin esperar que se den «las condiciones» o etapas de los clásicos, que insisten en «desarrollar el capitalismo», antes de llegar al verdadero socialismo.

Las revoluciones, en países como el nuestro, las hacen los humildes y patriotas con un líder revolucionario al frente.

Estas características de nuestra revolución, basadas en la conexión del pueblo con el Comandante Chávez, eran su fortaleza y debilidad. Pues así como le confería su extraordinaria capacidad de movilización por objetivos estratégicos, dando saltos agigantados hacia el futuro, por otra parte, todo dependía, de la existencia misma del Comandante.

Por ello, pienso que, en la medida que el presidente Chávez fue avanzando en su pensamiento político hasta el socialismo; en la medida que se libraban batallas definitivas por la conquista de nuestra Plena Soberanía Petrolera, lo cual nos enfrentó a las transnacionales petroleras, pero al mismo tiempo permitió, desarrollar nuestros programas sociales y alcanzar un posicionamiento geopolítico propio, se dió cuenta de la necesidad de acelerar el paso, darle sustento material a nuestro modelo, y dotar al pueblo de razones para defender la Patria.

Por ello trabajaba incansablemente, hablaba siempre al pueblo, educaba, explicaba, rendía cuentas de sus acciones, corregía, criticaba las desviaciones, era severo con su equipo, con nosotros en particular, los que teníamos más responsabilidades. Estaba formando una dirección política.

Estudiaba y leía mucho, promovió y estimuló el estudio de todo el pueblo, de los jóvenes, el acceso al conocimiento, el fortalecimiento del Poder Popular, del PSUV, para que fuera garante de la revolución. Estaba creando conciencia política.

Finalmente, escribió, de su puño y letra, los objetivos estratégicos del Plan de la Patria, los cuales fueron desarrollados para cada sector del país. Por primera vez, en mas de 200 años, nuestro país tenía un Plan propio, que no era tutorado por ninguna potencia extranjera. Y el Comandante Chávez estaba decidido a llevarlo a la práctica. Nos definía el horizonte estratégico.

Es en esta etapa, de consolidación y salto estratégico, que aparece la enfermedad del comandante Chávez. Fue una triste sorpresa. Soy de los que cree que el presidente Chávez fue asesinado, un acto cruel, que debe ser investigado, cuando existan las capacidades y la voluntad política para ello.

Debe ser una investigación muy seria. Todavía recuerdo con dolor, su sorpresa, al momento que, en una reunión donde estuvimos un grupo muy reducido de compañeros, convocados por él, para evaluar sus molestias físicas, se asomó, por primera vez, la posibilidad, de que sus dolencias fueran producto de una lesión cancerígena.

Nadie de su equipo médico directo se había percatado de este hecho tan grave, una lesión difícil de obviar por su tamaño, la cual después pudimos confirmar en La Habana en su primera intervención quirúrgica en junio de 2011.

Cuando el presidente comunica al país la enfermedad, una vez que ésta estuvo confirmada, entramos a otra dinámica. Se comenzaron a desatar los demonios o «los alacranes», como los llamó el General Müller Rojas.

En ese período de su convalecencia y tratamiento, el presidente trabajaba mucho, jamás tuvo un momento de debilidad, ni de flaqueza, al contrario, estaba convencido de superar la enfermedad.

Nuestro papel era acompañarlo y ayudarlo, con la máxima eficacia revolucionaria en nuestra gestión. Cumplimos todas las metas planteadas: en la producción de petróleo, en el desarrollo de la Faja Petrolífera del Orinoco (que era su sueño), en garantizar los ingresos a la Nación, impulsar la Gran Misión Vivienda Venezuela, y cumplir con todas las tareas asignadas a nuestro equipo en PDVSA y el Ministerio de Petróleo.

Sin embargo, no nos percatamos, porque no pensábamos en ello, y tal vez pecamos de ingenuos, que los factores políticos de la oposición, el imperialismo, aliados internacionales y factores agrupados en el chavismo, hicieron sus escenarios y estrategias para moverse en esta situación, para acceder al poder en caso de una ausencia del presidente.

Nosotros nos movimos desde y con el corazón, nuestra lealtad sería hasta el final. Estábamos desconcertados, jamás nos pasó por la mente la posibilidad de que el presidente no estuviese al frente, jamás hicimos cálculos de ningún tipo.

Eran constantes los viajes que hacíamos a La Habana para llevarle las «cuentas», o proyectos para su revisión y aprobación, discutir con él los aspectos relativos al petroleo, la OPEP, PDVSA, a la situación del país, que él siempre seguía mientras estuvo convaleciente. Tomaba decisiones de gobierno. Él volvería.

Pero allí me percaté, por primera vez, que, mientras algunos «nos echamos el gobierno al hombro», otros se habían instalado casi permanentemente en La Habana; el núcleo de lo que hoy llamamos madurismo, tenía «copado» al presidente, lo tenían cercado, un cerco que se cerraba.

Con ocasión de las elecciones presidenciales de 2012, ya el presidente, según lo que indicó su equipo médico en La Habana, había salido de la parte crítica del duro tratamiento.

Aquí hay un elemento muy importante: El presidente no se presentaría como candidato, si tuviese la certeza de que reaparecería la enfermedad y que tuviese abandonar el gobierno del nuevo período presidencial, no podría hacerle eso al pueblo, era su honestidad a toda prueba.

En una conversación privada, muy cercana, le planteé porqué no consideraba lanzar a otro compañero de candidato. Le dije que preservara su salud. A mí me interesaba era la vida del presidente, del ser humano, del Jefe de la revolución; estaba convencido, y así se lo señalé, que él, recuperándose, seguiría al frente de la revolución, del pueblo chavista, guiaría al gobierno Bolivariano y luego podría volver a asumir la presidencia para el siguiente período, plenamente recuperado.

Él me respondió con una frase que jamás olvidaré, además de agradecer la preocupación en su suerte personal (seguro que era aún mayor entre sus seres queridos), me indicó que sólo él garantizaba la unidad de todos los factores que lo acompañaban, que vendrían momentos muy difíciles, y que él debía estar al frente para mantener los objetivos estratégicos de nuestra revolución.

El Comandante estaba consciente de la existencia de grupos internos, de intereses que estaban contenidos sólo por él y la fuerza del pueblo, la de los «pilares», como él los llamaba, de la revolución.

Estaba consciente de nuestras debilidades: el desarrollo incipiente de nuestro modelo económico, del PSUV y de una verdadera dirección revolucionaria. Por eso, pensando en retrospectiva, creo firmemente que nuestro Presidente Chávez se inmoló en la contienda electoral, lo hizo por el Pueblo, por la revolución y por el socialismo.

Fue una campaña dura, donde ya asomaban grupos que trataban de excluirnos, cosa que no fue posible porque el presidente Chávez estaba al frente, interviniendo y poniendo las cosas en su sitio. Se molestaba con esos episodios.

En esa campaña, el presidente se apoyó mucho en PDVSA, sus trabajadores y nuestra gestión, porque teníamos muchas cosas que mostrar. Era un territorio liberado para el pueblo, donde se sentía a gusto, donde percibía el desarrollo de sus propios proyectos.

Recuerdo que luego de un acto político que fue verdaderamente un desastre, en las instalaciones de Edelca, me llamó muy molesto, para que nos fuéramos directamente a la Faja. Quería estar con los trabajadores petroleros.

Lo llevamos a Morichal, y desde allí, hizo una presentación de la Faja Petrolífera del Orinoco y la primera ratificación en mis responsabilidades para su próximo período de gobierno. Ésto para mi fue un gran honor, pues el presidente le salía al frente a cualquier maniobra interna y a la campaña infame del candidato opositor que había ofrecido sacarme de PDVSA, al llegar al poder, tal como al año de su gobierno, paradójicamente lo hiciera Maduro.

La segunda defensa la hizo desde Falcón con motivo de los trágicos sucesos de Amuay, y la última desde un . Siempre le agradeceré al Comandante su confianza y apoyo.

Vino la extraordinaria victoria electoral e inmediatamente síntomas de que algo estaba mal. Aunque ya los sentía desde su última intervención en La Avenida Bolívar en el Cierre de Campaña con aquella movilización histórica de «las cuatro avenidas», del 4 de octubre de 2012; sólo después me confesaría por teléfono que sentía fuertes dolores y que debía volver a La Habana, me llamó para que lo acompañara. Luego de 12 años juntos, de trabajo intenso y continuo, el Comandante me llamó a que lo acompañara en ese tramo tan duro de su vida. Lo hice hasta el final.

Es en este contexto, luego de la victoria electoral y de la noticia recibida en La Habana de la reaparición de la lesión cancerígena, que decide volver a Venezuela a dirigirse al país, antes de retornar a Cuba a otra intervención quirúrgica, que era impostergable. Es en esta situación, cuando se produce la alocución del 8 de diciembre de 2012.

El escenario de esa alocución, era más amplio que la foto oficial de ahora. Nos llamó a que lo acompañáramos un grupo de compañeros ministros de su gobierno. Tenía dudas en hacer la transmisión, pero al final lo hizo.

De allí partió a una intervencion quirúrgica compleja que casi le cuesta la vida, pero que, sin embargo, superó y comenzó un proceso de estabilización.

Nosotros, muy pocos, lo acompañamos junto al Comandante Fidel Castro, que asumió como un padre la enfermedad y padecimiento de «Hugo», como él lo llamaba. Luego vino todo el proceso de convalecencia, hasta que volvió a Caracas para su partida. No llegó a estar en condiciones apropiadas para dirigirse al país, para decir mas nada al pueblo.

Lo que quiero resaltar, y así lo creo firmemente, es que la alocución y decisiones del 8 de diciembre, corresponden a las de un hombre preocupado, por supuesto, pero convencido de que volverá, de que saldría, una vez más, victorioso de ese compromiso de salud.

No era la despedida del Comandante, ni las palabras de un hombre derrotado, que entonces proclamaba quién sería su «sucesor», ante su partida definitiva.

El Presidente Chávez no decidiría un tema tan delicado como ese, sin tener una mínima discusión con su equipo político, incluso para dar instrucciones después de su partida física, si es que estuviese seguro de ella.

Pero, además el presidente Chávez siguió convencido, aferrado a la vida como estaba, de que sobreviviría a la enfermedad, al punto que, incluso el jueves antes de su muerte, y es éste un elemento contundente, hizo una reunión de trabajo de cinco horas donde giró instrucciones, y en la que afirmaba que estaría al frente de las decisiones tomadas y de las batallas que vendrían, «La Tormenta» de la que alguna vez conversamos.

La preocupación que, probablemente el presidente Chávez abrigaba en su interior, es que no podría estar en condiciones para asumir el nuevo período presidencial que, de acuerdo con la Constitución, tendría que suceder los primeros diez días de 2013. Ese era el riesgo mayor, su ausencia por estar convaleciente, obligaría, a la realizacion de unas elecciones casi inmediatas, que se convertirian en un problema para la estabilidad del país, seguro la oposición desataría nuevamente la violencia .

Conocía mejor que nadie las dinámicas internas del chavismo y que, en esta ocasión, si se convocaran nuevas elecciones, no habría tiempo para lidiar con pugnas internas y escoger un candidato que tendría pocos días para ir por el país y captar el voto popular.

El presidente Chávez tenía su gobierno, su Plan de la Patria, entendía, siempre lo tuvo presente, la importancia estratégica de PDVSA y las Fuerzas Armadas, ambas estaban garantizadas por hombres de su entera confianza. Teníamos control del PSUV y la Asamblea Nacional. Nombró vicepresidente al canciller, la cara visible en el exterior.Tenía un gabinete conformado por hombres y mujeres fogueados a su lado; la mayoría de gobernadores electos eran del PSUV.

Siempre pensó en volver, seguro como estaba y le habían dicho, que superararía esta etapa de la enfermedad. Él estaría entre nosotros, así se produjesen nuevas elecciones, manteniendo el pulso y la orientación del gobierno Bolivariano, como alguna vez se lo propuse, hasta lograr su plena recuperación. Él honraría, como siempre lo hizo, la palabra empeñada al pueblo: cumpliría con El Plan de la Patria y consolidaría la vía venezolana al socialismo.

Lamentablemente, las cosas no salieron como todos esperábamos, ni siquiera el propio comandante Chávez, y sobrevino el desastre: se fue el Comandante, aquel trágico 5 de marzo de 2013.

Toda la historia posterior a su partida la estamos viviendo y sufriendo. De esa mesa del 8 de diciembre, no quedan en el gobierno sino sólo dos personajes, en acuerdo para mantenerse en el poder. En el gobierno quedan muy pocos ministros del gobierno del presidente Chávez, es otro gobierno.

La Revolución Bolivariana y el proceso de transformaciones políticas, económicas y sociales, no sólo se estancaron en este gobierno, sino que sus objetivos estratégicos, plasmados en el Plan de la Patria, han sido dejados de lado por la élite que gobierna, y el país está inmerso, como nunca antes, en una profunda crisis, de la que Maduro asegura que saldremos de la mano de las transnacionales, entregando nuestros recursos naturales y afincando todo el peso de la misma sobre el pueblo venezolano.

Lo grave de todo ésto, es que el madurismo busca legitimar todos sus actos en la intervención del presidente Chávez, ese fatídico 8 de diciembre de 2012. Como si el Comandante fuera responsable o hubiese estado de acuerdo con este desastre.

Ya el Comandante Chávez no está entre nosotros, ni para aclarar sus intenciones, ni para enmendar decisiones, como demostró innumerables veces que era capaz de hacer cuando alguien o algo se desviaba de sus orientaciones.

Pero, de lo que todos estamos seguros es que él no le dio un «cheque en blanco» a Maduro para que hiciera lo que le da la gana, que acabara con el país. Si el presidente Chávez estuviese entre nosotros, ya le hubiese dado un parao a este gobierno y «hubiese sacado a los mercaderes del templo», a los farsantes que han utilizado su nombre y manipulado el amor del pueblo.

Llegará el momento de la rendición de cuentas ante la historia y el pueblo, a seis años del 8 de diciembre fatídico: no hay Patria, , el petróleoel gas, los recursos naturales. Se ha detenido la marcha de la Revolución, hay hambre, pobreza, exclusión, millones emigran del país, las necesidades merman al pueblo.

Ahora cambiarán la Constitución de la mano de la derecha oportunista. No vamos hacia el socialismo, se ha retrocedido a un estado de economía salvaje, un país injusto, depredado, del que huyen sus jóvenes. Se acabó la democracia participativa y protagónica, el pueblo vuelve al, prevalece el país del miedo y la violencia.

«El que tenga ojos» que vea, que levante la mirada y se dé cuenta de que ésto es una ESTAFA al pueblo, lo han manipulado con base en una interpretación conveniente de las circunstancias, se han aprovechado de la nobleza del pueblo humilde.

Los Chavistas Chavistas debemos unirnos, dejar atrás pequeñeces y mezquindades, actuar juntos, antes que Maduro siga negociando y entregando la Patria, antes del advenimiento del fascismo que arrasará con todo, no habrá otra oportunidad de enmendar este desastre. Con Chávez siempre ¡Venceremos!

El madurismo aisló a Chávez en sus últimos días para asegurar el control del poder

El ex ministro Rafael Ramírez asegura que el comandante Chávez no pensó en Maduro como un sucesor en el liderazgo de la revolución, sino como un gestor sustituto del gobierno, mientras él se recuperaba para retomar la conducción del proceso.

Caracas, 5 de diciembre de 2018.– El ex presidente de Pdvsa Rafael Ramírez denuncia que el grupo que hoy constituye el núcleo del madurismo se instaló en La Habana durante los últimos días del comandante Hugo Chávez para aislarlo y asegurar el control del poder, mientras el resto del equipo gubernamental se “echó al hombro” las tareas de la conducción del Estado.

En parte, esta es la explicación que da el dirigente revolucionario a la designación de Nicolás Maduro como eventual “sucesor”, por parte del comandante Hugo Chávez, hace seis años, el día 8 de diciembre de 2012, una decisión que Ramírez intenta poner en un contexto justo en su más reciente artículo semanal.

Asimismo, el también ex ministro de Petróleo defiende el criterio de que el presidente Chávez no nombró a Maduro, porque lo consideraba el mejor sucesor, sino como un reemplazo siempre provisional, porque, hasta el último momento, el comandante pensó que se recuperaría para retomar la conducción del proceso revolucionario.

Ramírez da algunos detalles sobre cómo se gestionó la enfermedad del comandante Chávez dentro del gobierno. Por ejemplo, insiste en que el presidente tomó decisiones de gobierno y se mantuvo atento a la realidad del país hasta sus últimos momentos, pero hubo un sector, liderado por Maduro y algunos de sus allegados que intentó “copar” al jefe de Estado enfermo y aislarlo de otros líderes chavistas de peso y responsabilidad en la dirección del gobierno revolucionario.

“El presidente Chávez no había previsto, ni siquiera remotamente, la posibilidad de morir en el corto plazo. No tenía porqué hacerlo, no solo era un hombre fuerte en su contextura y carácter, sino que además, era un hombre sano”, indica Ramírez.

Y añade: “Esa premisa influyó en su aproximación personal al planteamiento estratégico en el desarrollo de la revolución: tendríamos tiempo para ir avanzando en la transformación de nuestra sociedad y economía, con la urgencia de la acción impostergable y la emergencia del hacer, pero a la vez, la seguridad y el paso firme del que sabe que sus fuerzas no le fallarán, y estará allí para derrotar todas las embestidas del enemigo. Y así fue por doce años”.

La candidatura de 2012, asunto polémico

Otro asunto polémico que Ramírez despeja en su artículo es el de las condiciones del presidente Chávez para ser candidato presidencial para las elecciones de 2012. El dirigente sostiene tajantemente que todos los análisis médicos revelaron que el comandante estaba en condiciones de asumir la campaña y un nuevo período de gobierno; sin embargo, durante la campaña -revelaría el presidente Chávez más adelante- surgieron síntomas preocupantes, pero no concluyentes sobre la reaparición de la enfermedad.

“En una conversación privada, muy cercana, muy honesta, como siempre, le comentaba mis puntos de vista. Le planteé porqué no consideraba lanzar a otro compañero de candidato. Le dije que preservara su salud, su vida. A mí me interesaba era la vida del presidente, del ser humano, del Jefe de la revolución; estaba convencido, y así se lo señalé, que él, recuperándose, seguiría al frente de la revolución, del pueblo chavista, guiaría al gobierno Bolivariano y luego podría volver a asumir la presidencia para el próximo período, plenamente recuperado. Lo seguiría apoyando con todas mis fuerzas para que ello fuese así, todo nuestro equipo estaba resteado con Chávez, con el Comandante.

Él me respondió con una frase que jamás olvidaré, además de agradecer la preocupación en su suerte personal, me indicó que sólo él garantizaba la unidad de todos los factores que lo acompañaban, que vendrían momentos muy difíciles y que él debía estar al frente para mantener los objetivos estratégicos de nuestra revolución”, recuerda Ramírez en su artículo.

“El Comandante estaba consciente de la existencia de grupos internos, de intereses que estaban contenidos, sólo por él y la fuerza del pueblo, la de los “pilares”, como él los llamaba, de la revolución. Estaba consciente de las debilidades de nuestra revolución, del desarrollo incipiente de nuestro modelo económico, nuestro partido y que no existía una verdadera dirección revolucionaria. Por eso, pensando en retrospectiva, creo firmemente que nuestro Presidente Chávez se inmoló en la contienda electoral, lo hizo por el Pueblo, por la revolución y por el socialismo”, subraya el dirigente chavista.

La traición y la estafa

Para Ramírez, la desaparición física del comandante Hugo Chávez fue aprovechada no solo por el imperialismo y los factores de la derecha venezolana, sino por grupos internos del chavismo para tomar el poder y tratar de destruir su legado, en un acto que constituye no solo una traición, sino una estafa a los principios verdaderos que guían a la revolución bolivariana.

El dirigente insiste en que el comandante Chávez lo mantuvo firmemente a su lado en los momentos más duros de su convalecencia y ratifica con orgullo que él lo acompañó siempre, sin ambiciones personales ni cálculos, como sí hicieron otros sectores. “No tengo estómago para eso”.

Para la histórica alocución del 8 diciembre, el comandante Chávez “nos llamó a que lo acompañáramos un grupo de compañeros ministros de su gobierno. El presidente tenía dudas en hacerla. Al final, la realizó, y de allí partió a una operación compleja que casi le cuesta la vida, pero que, sin embargo, pudo superar y comenzar un proceso de estabilización. Nosotros, muy pocos, lo acompañamos junto al Comandante Fidel Castro, que asumió como un padre la enfermedad y padecimiento de “Hugo” como él lo llamaba. Luego vino todo el proceso de recuperación hasta su partida”.

“Lo que quiero resaltar, y así lo creo firmemente, es que la alocución y decisiones del 8 de diciembre, corresponden a las de un hombre preocupado, pero convencido de que volverá, de que saldría, una vez más victorioso de ese compromiso de salud. No era la despedida del Comandante, ni las palabras de un hombre derrotado, que entonces proclamaba quién sería su “sucesor”, ante su partida definitiva”, definitivamente no, enfatiza Ramírez.

“La preocupación que, estoy seguro Chávez abrigaba en su interior, es que no podría estar en condiciones para asumir de inmediato el nuevo período presidencial que, de acuerdo con la Constitución, tendría que suceder los primeros diez días del año 2013. Ese era el riesgo mayor. Además, entendía bien nuestras dinámicas internas y que no habría tiempo ni para peleas de grupos, ni para divisiones, típicas de todos los procesos electorales del país, que dejaban siempre un saldo de fracturas que luego él reconstruía a fuerza de liderazgo.

Por otra parte, la oposición sentiría que era su momento, el que tanto tiempo esperaron, y tenían además, un candidato que recién acababa de recorrer el país y que había sacado una importante votación. No daría tiempo al campo Bolivariano para lidiar con pugnas internas y escoger un candidato que tendría pocos días para ir por el país y captar el voto popular”.

Para Ramírez, este es el contexto real en el que se debe entender el porqué Maduro sustituyó a Chávez en la gestión del gobierno, no del proceso revolucionario, ya que la idea verdadera del presidente era que “él estaría entre nosotros, manteniendo el pulso y la orientación del gobierno Bolivariano, como alguna vez se lo propuse, hasta lograr su plena recuperación. Él honraría, como siempre lo hizo, la palabra empeñada al pueblo: cumpliría con El Plan de la Patria y consolidaría la vía venezolana al socialismo”.

Chávez no le dio un cheque en blanco a Nicolás Maduro, sentencia el ex alto funcionario. Para él, estaba claro que se trataba de una instrucción de militancia, con una orientación de trabajo colectivo para seguir allanado el camino de la Revolución que debía unirlos en un objetivo común de trabajo. Sin mezquindades y sin protagonismos individuales.

A la distancia del último mensaje de Chávez al pueblo, Ramírez, pese a lo acontecido después de la desaparición física del Comandante, sigue pensando en la necesidad de unificar criterios y esfuerzos.

Ramírez piensa que aún hay tiempo para enderezar el camino, y hace un llamado a la unidad. Considera que “es la última oportunidad de enmendar el desastre antes de que se instale la derecha, que busca cualquier rendija para emerger”.

Rafael Ramírez: Maduro guarda silencio sobre caso Gorrín, pero persigue al chavismo con falsas acusaciones

El dirigente chavista denuncia que el Gobierno no se ha pronunciado sobre el caso de Raúl Gorrín, un empresario madurista que ha sido señalado por un tribunal de Florida como parte de un desfalco de 1.200 millones de dólares a Pdvsa. Pero, sostiene que en el país hay al menos 280 efectivos militares y 150 gerentes y trabajadores petroleros presos sin pruebas.

Caracas, 3 de diciembre de 2018.– Ante su carencia de legitimidad, el gobierno de Nicolás Maduro impone el miedo para mantenerse en el poder, por lo que ha desatado una estrategia de persecución y represión que ha  puesto tras las rejas a más de 600 presos políticos, entre los que resaltan 280 oficiales y efectivos militares, 150 gerentes y trabajadores de Pdvsa y 200 miembros de la oposición, estima Rafael Ramírez, ex ministro de Petróleo del Presidente Chávez y dirigente chavista.

Maduro ha recurrido a la intimidación, porque carece de legitimidad y carisma. Para lograr sus propósitos ha tenido que hacerse del control absoluto de las instituciones del Estado, colocando a sus incondicionales, quienes actúan de acuerdo a las instrucciones de Miraflores.

Denuncia entonces que mientras el gobierno arremete contra dirigentes del chavismo, Maduro y su Fiscal guardan un silencio absoluto respecto a los sonados casos de corrupción que se tejen en su entorno.

El desfalco de 1.200 millones de dólares provenientes de PDVSA, ventilado en un tribunal de Florida, por el que resultó sentenciado a 10 años de prisión el ex tesorero de la Nación Alejandro Andrade, y que implicó al empresario madurista Raúl Gorrín como parte de la trama de lavado, ha pasado por debajo la mesa, dijo el ex alto funcionario.

Para Ramírez, la democracia participativa y protagónica, la libre expresión de las ideas u opiniones, no son más que parte del pasado, sentencia el dirigente que fuera mano derecha de Hugo Chávez.

La represión de los cuerpos policiales, y la actuación de la fiscalía y el poder judicial son un ejemplo de esta política, dice, y asegura que su accionar se ha basado en la violación de los Derechos garantizados en la Constitución Nacional  e incluso tratados internacionales de los cuales el país es parte.

En opinión de Ramírez, el madurismo le teme al “chavismo resteado con Chávez”  que se resiste a la entrega del país y al abandono del Plan de la Patria. Por eso el madurismo lo trata como su enemigo, con violencia y represión, pues a su juicio, es el único bloque político y social con la capacidad de movilizar al pueblo con un discurso que la inmensa mayoría de las venezolanas y los venezolanos reconoce como propio.

Por esta razón, «dentro del PSUV, aplastan cualquier disidencia, cualquier voz crítica; desde la Dirección Nacional, hasta cualquier posición a nivel local, pasando por gobernadores, alcaldías, Misiones, Poder Popular. Han «extirpado» al chavismo como si se tratara de un mal. Es el peor enemigo que tienen».

Para esta estrategia de terrorismo político, Maduro utiliza al Fiscal y al Poder Judicial, controlado por sus incondicionales, quienes fabrican “falsos positivos” y ordenan detenciones y persecuciones contra los Chavistas.

Pero, para imponer esta campaña de terror e intimidación, el madurismo utiliza el gastado argumento de la traición o la corrupción. Maduro estimula  verdaderos linchamientos morales contra dirigentes, como lo es el caso de Ramírez, que ha levantado su voz de denuncia de los errores y desatinos del gobierno, así como contra los trabajadores de la Nueva PDVSA, a los que de manera infeliz, ha llamado “podredumbre”.

Al respecto, el Fiscal, tan dado a la persecución y detenciones de trabajadores de PDVSA, no ha dicho nada ante el caso Gorrín. Extraña que sobre ello, no se menciona ni una sola palabra en medios oficiales o portales, como por ejemplo, la Iguana, muy proclive a hacerse eco de las informaciones sobre este tema.

Linchamiento moral

Para imponer el miedo como herramienta básica de control político y social, el madurismo utiliza no solo las razzias policiales, los secuestros y persecuciones políticas, sino que también se vale del linchamiento moral, especialmente si se trata de dirigentes chavistas con verdadera trayectoria revolucionaria, con la idea de destruir su reputación, actuando sin pruebas de ningún tipo.

«Se borran las fotos, los discursos, se miente, se cambia la historia, como hizo Maduro miserablemente durante el funeral de nuestro querido Alí Rodríguez, donde, irrespetando el dolor y la presencia de cuerpo del viejo amigo y guerrillero, utilizó ese momento para volcar su odio y porquería de alma en mi contra, falseando la historia. Para Maduro, los doce años de Chávez en la conducción de la política petrolera, es una ficción», destaca el dirigente.

Ramírez precisa que el miedo es producto de la debilidad intrínseca del régimen madurista, porque carece de autoridad, legitimidad y carisma, porque es el responsable de la crisis que vive el país.

«El gobierno, no tiene argumentos para convencer, no tiene razones, no tiene calidad humana. Se han conformado verdaderos grupos «proto fascistas» que repiten un discurso fanatizado para ocultar la verdad: la guerra económica, la corrupción, la amenaza de invasión, las acusaciones de traición. Ante cualquier planteamiento, cualquier crítica, acusan, señalan, reprimen, persiguen».

Sin embargo, Ramírez está convencido que el camino más expedito para rescatar a Venezuela de las ruinas maduritas, es la unidad de los patriotas leales al comandante Hugo Chávez, del chavismo chavista, de una Junta Patriótica de Gobierno, una opción Bolivariana, distinta al madurismo entreguista y la derecha que promueve  una intervención extranjera, finalizó Ramírez.

Rafael Ramírez: antes de exiliarme advertí El desastre que provocaría maduro

El ex presidente de Pdvsa recuerda a un año de su salida del gobierno, por decisión de Maduro, que recomendó la eliminación del control de cambio y otras medidas para enfrentar la crisis que se venía. Pero no fue oído y fue confinado al exilio.

Caracas, 02 de diciembre de 2018. El ex ministro de Petróleo y ex presidente de Pdvsa Rafael Ramírez lamenta no haberse equivocado cuando criticó, dentro del gobierno, las erradas y negligentes políticas de Nicolás Maduro y, a un año de su renuncia a su última responsabilidad de servicio público como Embajador de Venezuela ante la Organización de Naciones Unidas, sostiene que si Maduro sigue en el poder los sufrimientos del pueblo serán aún mayores.

Entre las recomendaciones concretas que Ramírez hizo a Maduro destaca la eliminación del control de cambio vigente desde 2003, porque considera que es completamente inútil y solo sirve en la actualidad para que “los grupos económicos del madurismo hagan inmensas fortunas”.

Ramírez renunció ante el “deseo manifiesto” de Maduro de sacarlo del gobierno revolucionario, donde había acompañado al Comandante Hugo Chávez Frías desde el principio, en cargos como la presidencia del Ente Nacional de Gas, hasta alcanzar el Ministerio de Petróleo y la Presidencia de Pdvsa, responsabilidades que cumplió durante más 12 años.

En su carta de renuncia, fechada el 4 de diciembre de 2017, Ramírez indica que hizo observaciones y propuestas de manera constructiva, pero que tuvo que hacer cuestionamientos públicos ante las limitaciones que Maduro y su grupo le impusieron y por su preocupación ante el desastre que se veía venir.

Las cifras que el propio Banco Central de Venezuela reportó al Fondo Monetario Internacional dejan claro el deterioro histórico de la economía venezolana. En 2017, según esos datos, la inflación fue de 860%, un indicador de precios nunca visto y la contracción del PIB fue de 15,7%.

Pero en 2018 la situación es aún mucho más alarmante pues la mayoría de las proyecciones apuntan a que tendremos una inflación de 1.000.000% o más, con una contracción de la economía que se ubicaría en alrededor del 20% del PIB.

El propio BCV que ahora funciona como la alcancía inorgánica del madurismo, en lugar de cumplir las funciones de ordenamiento monetario que le impone la Constitución Nacional Bolivariana, reportó que la construcción cayó 53%; la manufactura 25%; el sector banca y seguros, 34%; y el sector petrolero un 15%.

Ninguno de estos sectores, dice Ramírez se recuperará este año. Más aún, registrarán una contracción mucho más profunda. De acuerdo con proyecciones privadas la construcción caerá en un 80%, y el PIB industrial se desplomará no menos de 45%, y las expectativas del sector petrolero es que la caída no será inferior a 18%.

Las importaciones indispensables para que el pueblo no pase hambre se redujeron abrumadoramente. Las públicas bajaron 27% y las privadas en 51%, en 2017.

Todos los números a la mano indican que la escasez de alimentos alcanza un promedio en lo que va de año de 68% y en medicinas esenciales no está disponible más de 70% de los principios activos más demandados.

“Por eso entre el pueblo de Chávez cunde el hambre y la enfermedad, mientras el irresponsable que desgobierna el país, traicionando descaradamente el ideario del Comandante, no toma una sola decisión efectiva para contener la hiperinflación y reactivar con seriedad la producción nacional. Chávez tenía convicciones, pero no era dogmático y siempre gobernó con la vista puesta en el bienestar de la gente, especialmente la más humilde”.

“¿Cómo puede vivir una familia a la que los precios de los alimentos le suben 128%, como ocurrió en octubre pasado, según números publicados en el país? ¿Cómo se puede sobrevivir si una canasta alimentaria básica aumenta 133.433% en un año, según datos de estudios privados reconocidos? La debacle tiene terribles consecuencias sociales, y eso no tiene perdón”, apunta Ramírez.

Maduro ha destruido el bolívar, que tanto esfuerzo hicimos para proteger, sin ser capaz de enfrentar a las mafias que están detrás de la devaluación de nuestra moneda. Maduro ha permitido que nuestro signo monetario pierda más de 150% de su valor comparado con diciembre de 2017.

Con la reconversión absurda y mal ejecutada esta depreciación se acentuará porque la decisión de anclar el valor del bolívar a una entelequia llamada petro produce una mayor especulación cambiaria.

¿Sobre qué base sensata pasa el valor del petro de 3.600 bolívares a 9.000 bolívares? Esto lo que anuncia es una nueva mega devaluación del bolívar.

DATOS CRUDOS

El sector petrolero, conocido al detalle por el ex alto funcionario de Chávez, ha sido una de sus grandes preocupaciones. No solo lo alarman las cifras de producción de la principal industria del país, sino que también el deterioro de la infraestructura, que ha sido sistemática y letal, especialmente en el último año.

Ramírez asegura que intentó advertir al Gobierno sobre la necesidad de dar un giro estratégico en la industria, pero no fue oído. Recuerda que a su salida de Pdvsa en 2014 la producción rondaba los 3 millones de barriles por día, sin embargo, hoy el bombeo nacional escasamente llega a 1,1 millones de barriles, según lo toma del último informe de la Opep, y vaticina que puede ser peor.

Los ingresos al cierre del año de su retiro 2014 sumaron 128.000 millones de dólares, en contraste con los 88.554 millones de dólares recibidos en 2015, y los 48.002 millones de dólares en 2016, última data oficial publicada por Petróleos de Venezuela.

Es más, el ex brazo derecha de Chávez, apunta que la merma de la producción y la inacción, aderezadas con la caída de los precios del crudo, originó que en 2017 los ingresos se situaran en 29.000 millones de dólares y se estima que para éste la recaudación por exportaciones podría rondar una cifra muy similar.

TAREAS PENDIENTES

Tras tener que abandonar el país perseguido por el madurismo, Rafael Ramírez se ha propuesto dos tareas inmediatas: la primera defender su buen nombre de las campañas de difamación que han desatado en su contra el propio gobierno de Maduro y sectores de la derecha muy poderosos; y la otra, mantener vivo el verdadero legado de Chávez para que el país retorne la senda de crecimiento inclusivo que él planteó.

En la correspondencia Ramírez aseguraba: “Todas mis observaciones las he hecho honestamente, desde todas las posiciones que he ocupado. He aceptado distintos destinos y responsabilidades, en un ejercicio permanente de disciplina. Asimismo, estoy comprometido en seguir insistiendo en el seno del Gobierno, en la necesidad de una profunda revisión y en retomar el sendero exitoso trazado por el Comandante Chávez, en beneficio de nuestro pueblo y de nuestra patria”.

 

Un año en el exilio

Hace ya un año, el pasado 4 de diciembre de 2017, que renuncié a mi posición como Embajador Representante Permanente de Venezuela ante las Naciones Unidas. A partir de entonces, comenzó una situación, dura, para cualquiera que ame su patria: el exilio.

¿Quién lo hubiese pensado? Luego de 12 años ininterrumpidos como ministro de petróleo del Comandante Chávez, ahora Nicolás Maduro me persigue y me exilia del país.

Dicen que «las revoluciones devoran a sus hijos». Pero esto hace ya un tiempo que dejó de ser una revolución. Me persigue un gobierno, el peor de nuestra historia republicana, autoritario, violento, improvisado y muy incapaz, que ha destrozado nuestra patria.

Mi renuncia a la ONU(,) fue la culminación de los desacuerdos y confrontaciones con Nicolás Maduro, desde el mismo inicio de su gobierno, cuando le advertí a todos los niveles sobre el manejo desacertado que se estaba haciendo de la economía, del tema petrolero y en general, de la gestión del gobierno.

Mis críticas y observaciones jamás fueron consideradas ni por Maduro, ni por la cúpula que ahora se ha consolidado como un grupo de poder, con el control absoluto del país.

Cuando las diferencias con Maduro se hicieron evidentes, sobre todo al finalizar mi período como representante de Venezuela ante el Consejo de Seguridad, durante el 2015–2016, le expresé al vicepresidente de entonces, mi deseo de retornar al país. Me fue negado, al contrario, me ofrecieron enviarme a Ginebra, al frente de la Misión Venezolana ante la ONU, posibilidad que negué de plano.

Como señalé en mi carta de renuncia, siempre he actuado y actuaré de acuerdo con mis convicciones políticas, las de un hombre de izquierda, socialista, guiado por las ideas y principios de la revolución Bolivariana, comprometido hasta los huesos con el legado y la obra del Comandante Chávez.

Todavía en la ONU, recibí datos e informaciones irrefutables del proceso de destrucción de PDVSA, de la entrega del petróleo y el gas a las transnacionales, así como, de la profundización de la crisis económica, cuyo peso se cargaba sobre las espaldas del pueblo.

La aprobación de Leyes entreguistas en la ANC, violatorias de nuestra Constitución, la respuesta del gobierno ante los graves episodios del 2017, la violación de los Derechos Humanos, así como la indolencia ante el sufrimiento del pueblo y el creciente autoritarismo del gobierno, aceleraron mi decisión y no me dejaron duda alguna de que este gobierno no era ni Chavista, ni Socialista, ni siquiera, un gobierno progresista.

Esta convicción y el acelerado proceso de desconocimiento de las Leyes y la Constitución, así como el evidente proceso de entrega de nuestra Plena Soberanía Petrolera, me llevaron a un punto sin retorno: ya no me podía mantener vinculado, de ninguna manera, a Nicolás Maduro y su gobierno. Al contrario, sentí que era mi deber denunciarlo y combatirlo en defensa de los más sagrados intereses de la patria.

Toda mi actuación al frente de las altas responsabilidades de Estado y Gobierno, han sido caracterizadas por la honestidad y las posiciones de principios. Nunca hice grupos, ni círculos de poder, me entregué por entero a mi trabajo a favor del Pueblo, siempre leal a Chávez y al país.

Hace ya un año que abandoné los Estados Unidos, sede de las Naciones Unidas, junto a mi familia hacia un destino incierto. Días antes, cuando ya era una certeza de que saldría del gobierno, recibí varias llamadas de oficiales, militares activos, chavistas, amigos, que me advirtieron que no volviera a Venezuela, porque la orden de Maduro ya estaba dada: tan pronto pusiera un pie en la patria, sería detenido, sin ningún tipo de derecho a la defensa, como luego hicieron con Rodríguez Torres y con cientos de oficiales, dirigentes políticos y trabajadores chavistas.

En mi carta de renuncia, ya advertía que se desataría en mi contra toda una campaña de desprestigio y persecución política. Se han aprovechado del inmenso poder que tienen y de su maquinaria propagandística para hacer una crucifixión de mi persona pública, mi nombre, mi reputación.

Han utilizado a la Fiscalía para arremeter contra mi gestión, acusándome de delitos inexistentes, sin presentar siquiera una prueba que respalde sus alegatos. Violando mi derecho a la defensa, a la presunción de inocencia, anuncian órdenes internacionales de captura que son falsas, ni la Interpol, ni ningún gobierno extranjero me persigue, a pesar de que el gobierno venezolano lo haya solicitado. Todos entienden que se trata de una persecución política.

Nicolás Maduro, personalmente, se ha ensañado en esta persecución y ha desatado una campaña de desprestigio en mi contra, un linchamiento moral, me ofende, me amenaza en sus alocuciones públicas, me persigue … mientras en el seno del gobierno y del PSUV todos callan, tienen miedo.

Maduro ha vertido sobre mí un odio inexplicable, enfermo, muy peligroso en una persona que tiene en sus manos todo el poder del Estado y abusa de él constantemente. Hago responsable directamente a Nicolás Maduro de cualquier acto contra mi integridad física o de mi familia.

Esta persecución y ensañamiento se ha extendido ahora a todo el campo Chavista. El madurismo persigue con saña, violando los Derechos Humanos y las garantías Constitucionales a los trabajadores petroleros, oficiales y efectivos de las Fuerzas Armadas, dirigentes, obreros y políticos del Chavismo.

Nadie aboga por los presos políticos Chavistas, son mas de 400 que en este momento están secuestrados, sin derecho a la defensa, conculcados sus derechos, maltratados física y moralmente, aislados, sometidos a vejámenes y todo tipo de ofensas.

Maduro y su Fiscal argumentan que combaten la corrupción, pero todos sabemos que es solo una excusa para acallar cualquier oposición patriota. Al mismo tiempo que detienen y secuestran a quien ellos consideren corruptos, guardan silencio ante los escándalos que involucran a su entorno o a los empresarios que sostienen y financian al madurismo. Pero ante ellos el Fiscal tan dado a las persecuciones, no actúa, nadie los detiene, no se investiga, ni siquiera se mencionan. Son intocables, son de la corrupción madurista.

Es la falsa moral, la justicia conveniente del madurismo.

A un año de mi exilio, cada año que pasa de este gobierno, nuestro país se sigue deteriorando aceleradamente, la crisis empeora con el paso del tiempo: el madurismo entrega nuestra soberanía, acaba con el futuro, con las Misiones que llevaron a millones educación, salud y mejor calidad de vida.

Ahora los niños y jóvenes que crecieron con Chávez, hoy son jóvenes y adultos que escapan como pueden del país, cruzan a pie, páramos y montañas, derrotados, decepcionados, buscando un porvenir fuera de la Patria, aunque el gobierno insista en negarlo.

Se ha impuesto en el país un paquetazo de efectos devastadores , no existe nada en comparación al desastre de este gobierno. El pasado 29 de noviembre, Maduro insistía en mentir, evadiendo con cinismo su responsabilidad, y hacer nuevas promesas ante el fracaso evidente de sus sucesivos anuncios en materia económica, ahora impone nuevas devaluaciones y sigue alimentando la hiperinflación que paga el pueblo.

En este período de gobierno madurista, el producto interno bruto ha tenido una caída acumulada mayor al 50%, sólo países en guerra como Siria o Libia, muestran caídas de esas dimensiones. Han destruido las capacidades productivas del país y con ello la posibilidad de satisfacer la demanda interna, se han perdido cientos de miles de puestos de trabajo.

La hiperinflación crece exponencialmente en un ciclo infernal que se come el salario de los trabajadores en cuestión de horas, expropia el trabajo. Sin embargo, el gobierno insiste en imprimir dinero sin respaldo económico, que no hace mas que alimentar este ciclo destructivo. El país sufre la mayor inflación del mundo y una de las mas grandes de la historia.

La megadevaluación, la pérdida de valor del bolívar, ha convertido en polvo la posibilidad de vivir del salario, el sueldo no vale nada. Hace 5 años Maduro no quiso atender las recomendaciones que le hicimos desde la vicepresidencia económica de eliminar el control de cambio: un control que no controla, pero que ha permitido que los grupos económicos del madurismo hagan inmensas fortunas.

En tan solo cinco años nuestro país se transformó en una tragedia, donde comer, vestir, estudiar y el derecho a la salud se han hecho inalcanzables. Hoy nuestro país es mucho mas desigual que nunca, con una minoría muy rica y una inmensa mayoría pobre, muy pobre.

Los pacientes con enfermedades crónicas o de alto riesgo, no pueden obtener, ni pagar los medicamentos, nadie resuelve, nadie está autorizado a publicar cifras, nadie dice nada, se esconde un crimen monstruoso contra el pueblo.

El centro de la debacle económica que sufrimos tiene su origen en el empeño del madurismo de controlar a sangre y fuego a PDVSA. Ahora nuestra empresa está destrozada. En solo 4 años, nuestra producción ha caído desde los 3 millones de barriles día a 1 millón de barriles día. Hemos perdido 2 millones de barriles día de producción en tan solo cuatro años que han sido de destrucción y paralización de la empresa. Igual sucede en el sector refinación, las refinerías están paralizadas, solo opera el CRP a un 40% de capacidad, no hay gas, ni para la industria, ni el gas de bombonas para los hogares. Un desastre.

El problema de PDVSA no es la conspiración, ni la corrupción, ni es un problema técnico, el problema de PDVSA es político, es Maduro. Su irresponsabilidad, sumado a la incompetencia y desconocimiento de los que ha puesto al frente de la empresa la han paralizado.

Maduro insiste en culpar al gobierno del Presidente Chávez, a nuestra gestión del desastre de PDVSA, pero el país sabe, los trabajadores saben que, durante el Gobierno del Presidente Chávez, durante los diez años que estuvimos al frente de su conducción, la empresa era poderosa, extraía tres millones de barriles día de Petróleo, nuestras refinerías operaban a plena capacidad y teníamos control de toda la industria, generando los recursos, inmensos recursos, mas de 500 mil millones de dólares, que sostuvieron a todo el país, que mantuvieron a nuestra economía creciendo, nuestro pueblo avanzando, durante toda una década, en revolución.

PDVSA se puede destruir no en cuatro años, se puede destruir en tan solo un año o menos. La experiencia del sabotaje petrolero, en 2002–2003, demostró que la producción puede caer en cuestión de meses, como sucedió en aquella oportunidad, donde llegamos a producir solo 23 mil barriles/día de petróleo. Esta experiencia también demuestra que con la dirección adecuada y los trabajadores comprometidos y motivados, se puede recuperar la producción en tan solo meses, como hicimos en aquella oportunidad, cuando la llevamos desde 23 mil barriles día a tres millones de barriles día en tan solo tres meses.

Ahora el madurismo privatiza PDVSA. Les entrega sus mejores campos a empresas privadas, remata las «joyas de la corona» en La Faja Petrolífera del Orinoco, a favor de transnacionales.

Que triste, tanto que nos costó conquistar la Plena Soberanía Petrolera y ahora Maduro destruye y entrega el futuro de todos los Venezolanos y Venezolanas. No habrá salida sin recuperar PDVSA y sin soberanía petrolera, eso solo podemos hacerlo los Chavistas Chavistas.

Del mismo modo Maduro entregó el Gas de la Patria, con la consecuencia que todos vemos, ahora no hay gas para Venezuela, ya no se cuenta con este recurso para el desarrollo del país, sino que se lo llevan las transnacionales.

Lo mismo sucede con el Arco Minero, han destrozado el ambiente, desplazado a los pueblos indígenas, para que las transnacionales se lleven nuestras riquezas, el futuro del país.

Existe un proceso de desnacionalización acelerado de nuestra economía, se prepara la privatización de las empresas del Estado, paralizadas por la incapacidad del gobierno. Este no es capaz de garantizar la producción de petróleo, ni combustibles, gas para las bombonas, ni alimentos, medicamentos, agua para las casas, energía eléctrica para el país, transporte para el ciudadano, ni comunicaciones, internet, nada.

No es capaz de garantizar seguridad, alimentación, salud, educación. Nuestro pueblo quiere volver a la normalidad, la normalidad de hace en tan solo cinco años, la normalidad de Chávez.

El gobierno no asume su responsabilidad, siempre tiene una excusa: la fábula de la guerra económica y el bloqueo han sido las excusas preferidas para ocultar su incapacidad. Cuba, un país pequeño, verdaderamente bloqueado, sancionado, amenazado, sin embargo, es capaz de garantizar medicamentos, alimentos y salud para su pueblo. La guerra económica es solo una excusa de Maduro.

La caída de los precios del petróleo, es otra excusa de Maduro.

No es verdad que la revolución de Chávez haya sido una revolución a 100 dólares el barril. Es una afirmación miserable. La verdad es que cuando llegó el Comandante Chávez el precio estaba a 11 dólares el barril, después lo llevamos a la banda entre 22–28 y solo tuvimos entre el 2005–2008 el precio a 100 dólares el Barril, para luego caer en 2009–2010 a 35 dólares el barril. El mercado petrolero fluctúa periódicamente, pero el presidente Chávez tomaba decisiones acertadas y a tiempo.

Está claro que Maduro es incapaz de gobernar, el país le ha quedado grande. El balance de la economía es una exposición de un fracaso en toda la línea. La devaluación, la hiperinflación, la estafa del «petro», la mentira del ahorro del pueblo, un pueblo al que ni siquiera le alcanza el dinero para comprar alimentos, la imposibilidad de controlar o regularizar los precios.

Maduro habla como si él no fuera el presidente, el responsable de la situación, como si acabara de llegar al gobierno. YA TIENE 6 AÑOS EN EL PODER, CASI LA MITAD DEL PERÍODO DE CHÁVEZ. Sin embargo, increpa a unos ministros, funcionarios, desencajados, desconocidos, por un fracaso que él dice «no aceptar».

Mientras ésto sucede, el gobierno desconoce los derechos de los trabajadores, desarrolla una política anti obrera, que pretende borrar de un plumazo sus reivindicaciones, la progresividad de sus beneficios laborales, la defensa del trabajo y los trabajadores.

Persiguen y encarcelan a los trabajadores, a los obreros, los llevan ante tribunales militares, a centros de detención para delitos comunes, para lo cual utilizan a los cuerpos de seguridad y a oficiales o funcionarios de derecha, que Maduro los ha puesto al frente de las empresas del Estado, justamente, para golpear a los trabajadores, como si se tratara de un cuartel.

Desde la Asamblea Nacional Constituyente, se aprueba todo lo que Maduro dice y se prepara, de espaldas al país, una nueva Constitución, que redactan personajes de la derecha, oportunistas, que en su momento adversaron y ofendieron al Comandante Chávez y al proceso Bolivariano.

El gobierno esgrime las banderas del anti imperialismo y alerta sobre una invasión extranjera, azuza una confrontación con Colombia, mientras al mismo tiempo, busca una negociación por la puerta trasera con la Casa Blanca, manda a personajes extraños, interlocutores de derecha a negociar y ofrecer todo para ser aceptados por la administración Trump.

Maduro ha pactado con la derecha y sus partidos tradicionales, quienes han conformado un nuevo sistema corrupto y entreguista, han establecido una forma de convivencia, con acuerdos políticos y económicos, que se sellan en círculos cerrados, donde se ofrecen negocios petroleros, de importaciones, contratos, se pagan a voceros, palangristas, diputados y personajes de «la oposición», medios de comunicación, para adelantar campañas contra los dirigentes Chavistas, de acuerdo a la conveniencia del nuevo pacto, tal como se ha venido demostrando en actuaciones y declaraciones políticas y como está saliendo a la luz pública en la ya famosa nómina de uno de los mas connotados empresarios maduristas. Y lo que falta es aún peor y mas escandaloso.

Este pacto se ha puesto de acuerdo en el desmantelamiento y entrega de los avances y conquistas de la revolución y por supuesto en la entrega de los dirigentes Chavistas Chavistas. En este pacto, los enemigos somos nosotros.

Me cuentan compañeros que, en el país, a los ex ministros Chavistas que no son maduristas, se les persigue y hostiga permanentemente. A cada uno le va llegando su momento independientemente de su silencio. Igual que nos sucede a los ex ministros Chavistas que estamos en el exilio. Es que el problema para este pacto es Chávez y todo lo que lo representa.

Lo que para mí está claro en lo personal, es que, pase lo que pase, así me persigan, me difamen o me mantengan exiliado, nosotros, los dirigentes Chavistas revolucionarios, tenemos que estar al lado del pueblo, en su lucha, para acompañarlos a salir de esta trampa, de esta gigantesca manipulación, de este fraude inmenso, salir de este gobierno entreguista, que liquidará todas las conquistas políticas, económicas y sociales del proceso Bolivariano y que ha abierto las puertas al advenimiento del fascismo.

La responsabilidad, de los que estuvimos al lado del Comandante Chávez, es vencer el miedo, romper el silencio, denunciar y combatir a este gobierno, para mostrar al pueblo una alternativa revolucionaria, Chavista, Patriota, Bolivariana.

Ni el madurismo incapaz y entreguista, ni la derecha derecha que clama por una intervención extranjera, ¡la opción es la revolución Bolivariana, chavista chavista, resteados con Chávez!

Es el momento de reagruparnos y movilizarnos en defensa de nuestros derechos, de nuestra revolución, de nuestra patria. Yo siempre he estado, estoy y estaré con el Pueblo, leal a Chávez, pase lo que pase, siempre estaré con ustedes.

Vamos a organizarnos y movilizar al país, conformar una Junta Patriótica de Gobierno capaz de retomar el camino de Chávez, porque, solo así, PDVSA es recuperable, la del pueblo, nuestras Misiones son recuperables, la economía es recuperable, el desarrollo social, el vivir bien y el bienestar del Pueblo. Solo así será posible rescatar y reconstruir la Patria. A un año de exilio y de distancia, sigo irreductible, con mi corazón en la Patria. ¡Viva Chávez! ¡Venceremos!

Rafael Ramírez: Maduro encubre la corrupción de su entorno, pero persigue al chavismo con falsas acusaciones

El dirigente chavista denuncia que el Gobierno no se ha pronunciado sobre el caso de Raúl Gorrín, un empresario madurista que ha sido señalado por un tribunal de Florida como parte de un desfalco de 1.200 millones de dólares de Pdvsa. Pero, sostiene que en el país hay al menos 280 efectivos militares y 150 gerentes y trabajadores petroleros presos sin pruebas.

Caracas, 29 de noviembre de 2018.– Ante su carencia de legitimidad, el gobierno de Nicolás Maduro impone el miedo para mantenerse en el poder, por lo que ha desatado una estrategia de persecución y represión que ha  puesto tras las rejas a más de 600 presos políticos, entre los que resaltan 280 oficiales y efectivos militares, 150 gerentes y trabajadores de Pdvsa y 200 miembros de la oposición, estima Rafael Ramírez, ex ministro de Petróleo del Presidente Chávez y dirigente chavista.

Maduro ha recurrido a la intimidación, porque carece de legitimidad y carisma. Para lograr sus propósitos ha tenido que hacerse del control absoluto de las instituciones del Estado, colocando a sus incondicionales, quienes actúan de acuerdo a las instrucciones de Miraflores.

Denuncia entonces que mientras el gobierno arremete contra dirigentes del chavismo, Maduro y su Fiscal guardan un silencio absoluto respecto a los sonados casos de corrupción que se tejen en su entorno.

El desfalco de 1.200 millones de dólares provenientes de PDVSA, ventilado en un tribunal de Florida, por el que resultó sentenciado a 10 años de prisión el ex tesorero de la Nación Alejandro Andrade, y que implicó al empresario madurista Raúl Gorrín como parte de la trama de lavado, ha pasado por debajo la mesa, dijo el ex alto funcionario.

Para Ramírez, la democracia participativa y protagónica, la libre expresión de las ideas u opiniones, no son más que parte del pasado, sentencia el dirigente que fuera mano derecha de Hugo Chávez.

La represión de los cuerpos policiales, y la actuación de la fiscalía y el poder judicial son un ejemplo de esta política, dice, y asegura que su accionar se ha basado en la violación de los Derechos garantizados en la Constitución Nacional  e incluso tratados internacionales de los cuales el país es parte.

En opinión de Ramírez, el madurismo le teme al “chavismo resteado con Chávez”  que se resiste a la entrega del país y al abandono del Plan de la Patria. Por eso el madurismo lo trata como su enemigo, con violencia y represión, pues a su juicio, es el único bloque político y social con la capacidad de movilizar al pueblo con un discurso que la inmensa mayoría de las venezolanas y los venezolanos reconoce como propio.

Por esta razón, «dentro del PSUV, aplastan cualquier disidencia, cualquier voz crítica; desde la Dirección Nacional, hasta cualquier posición a nivel local, pasando por gobernadores, alcaldías, Misiones, Poder Popular. Han «extirpado» al chavismo como si se tratara de un mal. Es el peor enemigo que tienen».

Para esta estrategia de terrorismo político, Maduro utiliza al Fiscal y al Poder Judicial, controlado por sus incondicionales, quienes fabrican “falsos positivos” y ordenan detenciones y persecuciones contra los Chavistas.

Pero, para imponer esta campaña de terror e intimidación, el madurismo utiliza el gastado argumento de la traición o la corrupción. Maduro estimula  verdaderos linchamientos morales contra dirigentes, como lo es el caso de Ramírez, que ha levantado su voz de denuncia de los errores y desatinos del gobierno, así como contra los trabajadores de la Nueva PDVSA, a los que de manera infeliz, ha llamado “podredumbre”.

Al respecto, el Fiscal, tan dado a la persecución y detenciones de trabajadores de PDVSA, no ha dicho nada ante el caso Gorrín. Extraña que sobre ello, no se menciona ni una sola palabra en medios oficiales o portales, como por ejemplo, la Iguana, muy proclive a hacerse eco de las informaciones sobre este tema.

Linchamiento moral

Para imponer el miedo como herramienta básica de control político y social, el madurismo utiliza no solo las razzias policiales, los secuestros y persecuciones políticas, sino que también se vale del linchamiento moral, especialmente si se trata de dirigentes chavistas con verdadera trayectoria revolucionaria, con la idea de destruir su reputación, actuando sin pruebas de ningún tipo.

«Se borran las fotos, los discursos, se miente, se cambia la historia, como hizo Maduro miserablemente durante el funeral de nuestro querido Alí Rodríguez, donde, irrespetando el dolor y la presencia de cuerpo del viejo amigo y guerrillero, utilizó ese momento para volcar su odio y porquería de alma en mi contra, falseando la historia. Para Maduro, los doce años de Chávez en la conducción de la política petrolera, es una ficción», destaca el dirigente.

Ramírez precisa que el miedo es producto de la debilidad intrínseca del régimen madurista, porque carece de autoridad, legitimidad y carisma, porque es el responsable de la crisis que vive el país.

«El gobierno, no tiene argumentos para convencer, no tiene razones, no tiene calidad humana. Se han conformado verdaderos grupos «proto fascistas» que repiten un discurso fanatizado para ocultar la verdad: la guerra económica, la corrupción, la amenaza de invasión, las acusaciones de traición. Ante cualquier planteamiento, cualquier crítica, acusan, señalan, reprimen, persiguen».

Sin embargo, Ramírez está convencido que el camino más expedito para rescatar a Venezuela de las ruinas maduritas, es la unidad de los patriotas leales al comandante Hugo Chávez, del chavismo chavista, de una Junta Patriótica de Gobierno, una opción Bolivariana, distinta al madurismo entreguista y la derecha que promueve  una intervención extranjera, finalizó Ramírez.