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El costo terrible de lo que no entendimos el 2020

Es difícil percibir los compromisos con el futuro, la existencia efímera exige un esfuerzo intelectual para entender que las acciones y omisiones de hoy determinan el futuro de la humanidad toda, de nuestros nietos, de los nietos de nuestros nietos, de cientos de generaciones futuras. Lo anterior adquiere urgencia vital dado el daño que el hombre de hoy puede hacerse a sí mismo y al ambiente. La humanidad tiene el poder de sentar las bases de una segura aniquilación futura, y, también de sentar las bases de la salvación.

El hombre del capitalismo, como sistema culminación de todos los anteriores sistemas basados en el egoísmo, ha perdido su condición de ser social, el egoísmo es la norma ética, el importarse por el beneficio aquí y ahora sustituye cualquier pensamiento social, cualquier sentido de pertenecía a la especie, olvidada la noción del daño a los semejantes y más importante la noción de daño futuro a la vida. Por el beneficio inmediato de un segmento de la sociedad se contaminan mares, extinguen bosques, derriten los polos, alteran el clima, contaminan la atmosfera. Liquidan al futuro.

Si la humanidad no cambia el rumbo, si estas generaciones no entienden su compromiso con el futuro, el “homo sapiens” está condenado a la extinción. En otras palabras, si la especie no supera, no niega al capitalismo está condenada a desaparecer. En el capitalismo es imposible recuperar el sentido de pertenencia a la humanidad necesario para salvarla.

La situación del mundo es preocupante: es unánime el dominio del capitalismo, no hay ejemplo de una nueva organización social, los ensayos de sistemas diferentes del capitalismo han fracasado, la humanidad camina ciega hacia su destrucción. El último intento de superación de la barbarie fue el Comandante Chávez. El chavismo grande, el auténtico entendió el peligro que afronta el planeta y dio los primeros pasos para establecer la relación humana necesaria para fundar un nuevo mundo, con esos pensamientos asistió a cumbres mundiales, con esas ideas recorrió el mundo.

El capitalismo no tolera movimientos que lo cuestionen, la amenaza al capitalismo se paga con la muerte. Por eso el intento chavista de fundar un nuevo mundo que serviría de ejemplo, señalaría la ruta al resto de planeta fue víctima de una gran operación de liquidación. El asesinato del Comandante Chávez abrió camino a las fuerzas internas agazapadas que se oponían a la superación del capitalismo. De esta manera el último intento contra la barbarie fue derrotado, el chavismo auténtico perdió esa batalla, aunque el compromiso permanece.

La humanidad no puede rendirse. Corresponde al pueblo chavista, a su vanguardia asumir el reto de señalar el camino de la construcción del nuevo mundo, de la salvación de la humanidad. El país, la construcción del ejemplo necesario no puede ser frustrado por una oposición gringa cobarde que espera una invasión y por la inepcia del madurismo traidor.

El año 2021 será definitivo, deberá retomarse el camino abandonado de la recuperación humana. Deberá aparecer la brújula que señale el rumbo, no es fácil, pero es vital, lo que está en juego no es la simple sustitución de un gobierno, no es un asunto meramente político, se trata del futuro que la humanidad perdida en la inmediatez no percibe, es necesario convocar a la grandeza de los que luchan por sus prójimos en cualquier parte del futuro donde se encuentren. Despedimos el año parafraseando a Sartre:

¡LA HUMANIDAD NO ES UNA PASIÓN INUTIL!

La paz es una quimera y una excusa para el reformismo

(A José Vcente Rangel, un luchador por la paz, pero con justicia social)

También los muertos y algunos locos viven en paz. Una cosa es la paz de un pueblo con un sentido elevado de justicia, igualdad y próspero gracias a su propio esfuerzo, y otra cosa es conservar la paz dentro de un “pacto social” donde cada quien asume su papel irremediable de esclavo, burócrata o propietario capitalista.  En un sistema de justicia social socialista se pinta la paz desde lo básico, asegurando las condiciones materiales de vida de toda la sociedad,  todos reciben los beneficios del producto social y en tiempos difíciles todos luchan y se sacrifican por el cuerpo social; no hay privilegios. La paz socialista es idealista pero en el camino hacia ella nos conforta, cuando luchamos, mientras pensamos en un mundo distinto; es la paz de espíritu, de aquel que entra en batalla por lo que sueña.

La otra paz, la del “pacto,” alude más bien a pequeñas guerras – y no tan pequeñas – que no se libran en una sociedad de iniquidades, a una violencia contenida y otra, la violencia con la que se tensa el orden; la represión. No hay necesidad de decir que aquel que pasa necesidades vive enfrentando una guerra velada por vivir con dignidad; el hambre te degrada y también te lleva a romper la norma y el Estado te constriñe. La paz de la “contención de la sociedad” por el Estado, es una “bomba latente” contra la propiedad privada y la injusticia, además de las muchas batallas que se libran a diario por la existencia. Para los socialistas la paz es poder luchar, de forma consciente y racional, en contra de toda clase de injusticia, siempre de cara a una sociedad de igualdad de derechos y deberes. NO EXISTE UNA SOCIEDAD EN PAZ SIN UN INDIVIDUO FUERTE, LIBRE (RESPONSABLE DE SUS ACTOS) Y CONSCIENTE. Y la obcecación de Maduro por el liberalismo nos ha envilecido a todos…

La justicia social no se decreta, no se hace de promesas o de esperanzas vanas, nace de una acción humana premeditada. Y al igual que la “voluntad de paz” (como sería justo llamarla), también la justicia se debe cultivar, de manera firme y racional, someterla a una constante crítica, debatir cuando no se cumple y cómo perfeccionarla con persistente, confrontando las diferencias bajo el control de la razón y la autocrítica; la paz es siempre una tensión que hay que vigilar…

O se cuida con la misma violencia con que la fracturan los tiranos, la paz se pierde frente a la tiranía de gente  soberbia, petulante, y en un campo de batallas cuando no se escuchan razones. Los enemigos de la justicia social y de la sociedad, en general, son el capitalismo y todas sus instituciones ideológicas con sus defensores, de izquierda a derecha.

Cuando se habla de una revolución socialista pacífica no significa otra cosa que evitar, en cuanto se pueda, el uso de la violencia. Una revolución es un cambio radical, no necesariamente significa violencia física, pero el uso defensivo de la fuerza nunca se debe descartar en la etapa de constitución y consolidación de la nueva sociedad. A nombre de una MAYORÍA de la sociedad se intenta cambiar el orden de las cosas, y a favor de TODA la sociedad, dejando los privilegios y a los privilegiados a un lado. Y esto casi siempre (o siempre) provoca una reacción violenta; no es fácil tener que renunciar a privilegios económicos y materiales, donde muchos de ellos son entendidos como hereditarios, casi atávicos.

En resumen, la paz “pasiva”, condescendiente, no es más que una excusa para imponer (o consolidar, sea el caso) un orden social y establecer privilegios. Y la paz sigue siendo una quimera, que, sin embargo, para los pueblos oprimidos, en su búsqueda, se materializa al interior de cada individuo que lucha. Venezuela perdió la paz justo cuando dejó de luchar por el socialismo. Un pueblo que no puede luchar como sociedad vive el infierno de su esclavitud de forma personal.

El otro cuento de la revolución pacífica viene de parte de los reformistas. Manipulan la paz como un arma letal para detener el descontento social, para aplacar a las masas. Para evitar las confrontaciones directas con los privilegiados (los propietarios de los mercados, patronos, reyezuelos etc.), para evitar estos odios (que estén quemando pobres en las calles, etc.),  sólo adelantan reformas que sirven de aliviadero a las tensiones sociales (en el caso de Maduro, bolsas de comida y bonos-limosnas, promesas y más promesas de motores que arrancan y rerereimpulsos). Pequeñas reivindicaciones pero conservando el orden social, la estratificación social. Lejos de encender la llama de la revolución el reformismo la extingue. El reformista es el bombero del capitalismo.

En otras palabras, los reformistas transfieren a los capitalistas la responsabilidad de los cambios sociales, argumentando que esos hombres y mujeres son independientes de su condición de clase, como si éstos capitalistas, en un momento de descuido, pudieran ir en contra de sus propios intereses de clase. En eso – sobre todo en eso – se equivocan, o nos engañan, que es lo más seguro. Y, al tiempo, terminan asimilándose al sistema  que quieren “reformar”, convirtiéndose ellos mismos en clase privilegiada.

¡No es fácil adelantar una revolución social!, porque es casi imposible buscar la paz duradera sin antes prepararse para la guerra, sin saber cuál es el verdadero enemigo de la sociedad y sin pelear o estar dispuesto a hacerlo por ella. La única paz duradera es interior, es de espíritu, pues todo cambio  radical supone violencia, un choque de fuerzas, de parte de aquel que se niega a renunciar a sus privilegios, y del lado de la sociedad que demanda justicia social; una guerra entre  la sociedad que siempre se negará a desaparecer y la nueva sociedad que nunca acaba de nacer, hasta que nace, y se repita el ciclo.

¡VOLVAMOS A CHÁVEZ Y, ENTONCES,  CELEBREMOS LA NAVIDAD!

La disociación (o el mundo de cabezas) de los maduristas (la “izquierda NO exquisita”)

“…y todo parece indicar que la población venezolana, no les hizo caso…y en lugar de reflexionar sobre sus derrotas, siguen diciendo que el gran perdedor fue el gobierno, porque obtuvo el 18% de apoyo del total de personas inscritas en el registro electoral permanente…me pregunto: ¿para los que sacan muchísimo menos del 1% del total, es una gran victoria?”… Oscar Bravo: Politólogo, Especialista en Finanzas, Magister en Gerencia, Profesor Universitario, Investigador, Articulista, Poeta, Deportista y socialista!” ¡Uf! https://www.aporrea.org/imprime/a298467.html

Una revolución que tuvo el apoyo en otras elecciones, de, cuando menos, 7 millones de venezolanos promedio (el 60 % también promedio de los electores), con una participación del 70 % de la población votante, no puede considerar victoria ganar unas elecciones ahora con la participación del 31 % de los electores y obteniendo el 18 % de apoyo de los venezolanos.

O SEA, no se puede considerar una victoria que, de 7.000.000 de apoyo (aproximadamente en otras elecciones) se pase en estas elecciones a 1.152.000 de apoyo de los venezolanos (chavistas o no chavistas). Se trata de sacar cuentas. El padrón electoral son 20 millones, a eso le sacas el 32 %, que son 6.400.000, y a esos el 18 %, te da como resultado 1.152.000. Es decir, para decirlo con otras palabras, quizás más duras: de7.790.960  militantes inscritos en el PSUV para el 3 de agosto del 2020votaron 1.152.000 de militantes (¡claro! si los consideramos a todos  militantes del PSUV), ahora: ¿Qué pasó con los otros 6.638.960?… ¿Dónde está la victoria en esto? Pero, si consideramos la eventual votación de los que no votaron, ¡es peor!, porque no iban a votar por el madurismo, ¡hubiesen perdido la asamblea!.

 ¿Qué pasó con la vergüenza revolucionaria, si es que existe en la izquierda “llana y vulgar”, la “No exquisita”? Por otra parte, el señor Oscar Bravo, para no ser “exquisito”, tiene el ego muy grande y las acreditaciones de un astronauta, sólo le faltó agregar ser el novio de la más bella y más buena de todas.

Sospecho que lo que tiene a este gobierno “trancado” es ese ego “fatuo” de tanto pícaro. Creo que todos los maduristas tienen una opinión de sí mismos tan favorable y buena, que ni “Jean-Baptiste Clemence” (el héroe caído de Camus) o Tartufo, el pícaro de Moliere (y valga la pedantería, que en este caso resulta estimulante) superan tanta petulancia o descaro, o las dos cosas juntas… Y acepten que es preferible creer que se trata de “petulancia y descaro” a que de verdad pensemos que están locos de la cabeza; es menos ofensivo.

Razonando dentro de la autocomplacencia no llegamos a ningún lado, es el ratón que corre dentro de una rueda que gira sobre un eje, un burro dando vueltas en una noria, la auto satisfacción sexual o paja mental…. ¡EL PSUV PERDIÓ APOYO, Y PERDIÓ TODO! ¡CONTROLA UNA ASAMBLEA ESCUÁLIDA EN TODOS LOS SENTIDOS! ¡El que tenga ojos que vea! Y si no, que siga masturbándose con sus deseos de victoria. La única victoria, la real, es la del grupito madurista. Pero el socialismo, el país chavista y no chavista perdió, el resto, perdimos con estas elecciones, inútiles para avanzar pero muy útiles para retroceder a tiempos de la cuarta república.

Hay que detener este cóctel de disociados con pícaros, antes de que sea tarde y se esparza como el covid. Hay que detener la mentira auto-infringida. Venezuela perdió con Maduro y hay que restaurar el camino del socialismo con el Plan de la patria de Chávez como base de acción.

Diosdado qué dirá el Comandante Chávez de tu grosera confesión, Diosdado, como creerte

Diosdado embriagado del éxito de la engañosa operación del rescate de la asamblea nacional para el madurismo y compinches, aún no encuentra la mesura extraviada, los filtros perdidos, ahora después de la torta del “que no vota no come”, soltó otra verdad: La convocatoria de la Constituyente no fue para hacer una nueva Constitución sino para conseguir la paz de ellos. En eso se pasaron años engañando. ¿Cómo creerles ahora?

No es una mentirilla blanca, que el alto gobierno convoque una Constituyente y todo sea un pequeño juego táctico en las piruetas con unos gaznápiros de la oposición. Se trataba de convocar al máximo cuerpo constitucional a un suprapoder, con eso no se juega a la maniobrilla política. Se le mintió a la nación, al pueblo chavista, los experto abogados que quedaron como una pantalla para dar credibilidad al engaño, pero sobre todo se le mintió a los constituyentistas, se les deja en mala posición, por ejemplo, Julio Escalona un hombre serio y honesto ¿sabía del engaño o fue engañado?, por ejemplo, Adán Coromoto Chávez, que puso el grito en el cielo cuando le dijimos que debía renunciar a esa Constituyente y nos acusó de saltar la talanquera, ¿sabía del engaño, es engañador o engañado?,  escarra ¿engañador o engañado?, que dirán lo cientos de constituyentes que fueron metidos en este paquete.

Dejando de lado el desliz del presidente de la constituyente, la confesión nos trae varias enseñanzas: la soberbia es mala consejera para los gobernante, tanto como la improvisación, el tacticismo, la falta de estrategia, de principios, que posibilitan está  convocatoria absurda, pero sobre todo deja la enseñanza de que el precepto Fidelista de “No mentir jamás” no es algo trivial, al contrario la mentira hunde irremediablemente a una Revolución, la pérdida de credibilidad equivale a su derrumbe moral y de allí al derrumbe físico, político no hay nada.

Diosdado mintió y con él el alto gobierno. Ahora preguntamos si la constituyente del madurismo era para conseguir la paz, por qué el montón de leyes, las de la entrega de la soberanía, la ley contra el bloqueo, Qué hay detrás de ellas, con cuál confesión se van a aparecer mañana. Ahora dudamos de las cifras de infectados, de los números de la producción de petróleo, dudamos cuando acusan por conveniencia a un disidente, no les creemos ni el padre nuestro en Arameo.

En la nueva asamblea tienen unanimidad, qué irán a hacer, ¿Para qué la convocaron, cuál el objetivo?, ¿Esas leyes que allí se aprueben serán confiables?, o tendrán otro fin, después saldrán que no eran para eso sino para conseguir “la paz”. Una paz que es también una mentira, la paz de los millones del éxodo, la paz de los mártires de Guiria, de los cientos de militares presos, de los ejecutados por las faes, de los presos políticos sin juicio, de los enfermos sin medicinas, los estudiantes sin Universidades. Los únicos que tienen un poco de paz son los del alto gobierno, y esos viven con la culpa de no haberle cumplido al Comandante Chávez, con el desasosiego de quien simula lo que no es.

Llegará el tiempo de ajustar cuenta con los mentirosos.

¡REVOLUCIÓN ES NO MENTIR JAMÁS!

Rafael Ramírez desde el exilio: «El Gobierno no va a poder evitar que haya un reacomodo de las fuerzas políticas, ahora, tú me dices de manera concreta cuál creo yo que es la oportunidad, creo que tenemos que prepararnos para revocar a Maduro».

“Uno podría decir, irresponsablemente, que a Maduro hay que darle un golpe de Estado, eso lo hizo Chávez el 4 de febrero del 92, el problema es cómo después sanar esas heridas, contra Maduro hay que movilizarse, hay que sacarlo, pero eso sí, hay que decirle a los militares que no se sigan metiendo en la política como se están metiendo, porque una cosa es que tengan una doctrina bolivariana, un apego a la Constitución, pero otra es que participen de la trampa, que se plieguen  a lo que Maduro diga, que se conviertan en administradores de la corrupción, eso no puede ser”.

Eso cree Rafael Ramírez desde el exilio, lejos del Gobierno y también de la oposición, razón que no le impide lanzarles una propuesta,  más allá de sus diferencias, a los adversarios del Gobierno: «Tenemos que prepararnos para revocar a Maduro. No necesariamente hay que esperar la mitad del período para revocarlo, creo que si las fuerzas políticas nos ponemos de acuerdo podemos hacer un gran movimiento nacional  para reclamar un derecho que está  establecido en la Constitución. El pueblo venezolano tiene derecho a revocar a un pésimo mandatario como este y sería por una vía democrática .

En entrevista con esta Casa Editorial, el exministro de petróleo y hombre fuerte de Pdvsa durante once años (2002-2013), hace un simil entre los últimos años de la cuarta república y el presente. «En los años 90, AD y Copei pensaban que tenían el control absoluto del poder (…) A mí se me parece mucho eso a lo que está pasando con el Psuv, están desconectados de la realidad, están desconectados del sentimiento del pueblo y en algún momento va a surgir alguien, no creo que sea otro Chávez , porque para que salga alguien como Chávez pasarán cien años; pero sí volverá un dirigente, un movimiento, yo confío mucho en que los venezolanos seremos capaces de reconstruir una posibilidad de cambio». 

— ¿Qué 2021 tendremos desde la perspectiva política con una AN electa y cuestionada, un Parlamento, el del 2015, que ha dicho que seguirá, con la ANC y su ley que garantiza que nada de lo que hizo perderá vigencia, con dibujo libre constitucional a todo lo que da?

—  El 2021 será de grandes retos para el país, comenzando porque ha terminado el 2020 cerrándose la última brecha que podía haber para buscar acuerdos políticos entre distintos sectores del país. Digo esto porque mientras la oposición estaba en la Asamblea por lo menos el Gobierno estaba conminado a escuchar a estos sectores.

Con esta última elección en la que lo más resaltante ha sido la terrible abstención volvimos a los últimos años de la cuarta república cuando a la gente no le interesaba la política, la gente dijo allá los políticos con sus problemas, yo tengo otros problemas inmediatos.

Con esa elección, Maduro tomó el control de la última institución que quedaba. Eso es muy malo para restablecer mecanismos de juego político, el juego está trancado y Maduro cree que va ganando porque tiene el control de todas las instituciones, realmente de lo que él no se ha dado cuenta es de que el Gobierno se ha transformado  en cada vez más autoritario, yo diría dictatorial.

La gente reacciona mucho a esta palabra, dictatorial, pero es que realmente si tu gobiernas de espaldas al país, si gobiernas sin control, si no tienes un balance institucional (…) realmente estamos frente a un gobierno en el que se hace lo que el presidente o su grupo más cercano diga y eso no está bien.

El 2020 cierra con la captura de la última institución donde había algún tipo de discusión política, entonces estamos en la paz de los sepulcros. Aquí Maduro tiene el control total de la situación, en este momento.

Ahora el tema político no se puede desconectar de lo que sigue pasando en el ámbito económico y social. Es insostenible el esquema que ha adoptado Maduro  de política económica, a menudo digo que la no política económica también es una política económica,  no hacer nada para el Gobierno ha significado que la economía  se conduce hacia los sectores más especulativos  del mercado, el pueblo venezolano, de hecho, está azotado por la megadevaluación, el tipo de cambio superó hace tiempo el millón de bolívares por dólar, la destrucción del aparato productivo es cada vez más patente, no hay trabajo, no se pueden producir en el país las cosas, la destrucción de Pdvsa es un hecho, hace un año la comisión interventora en manos de Quevedo (Manuel, expresidente de Pdvsa) la entregó  con 700 mil barriles y hoy día producen 400 mil; no hay gasolina, es decir, no hay manera de que Maduro con el control político que tiene en estos momentos del país sea suficiente para sostener una situación como la que se está viviendo.

El país se viene abajo, en términos económicos y sociales, estamos en un abismo y lamentablemente la población se ha acostumbrado a sobrevivir en ese abismo; pero si lo vemos en perspectiva, yo que estoy fuera del país, cosa que lamento mucho porque me gustaría estar allá, pero desde afuera se ve un país disfuncional, entramos al terrible grupo de países africanos, es lo que he llamado una africanización de la política en el país, donde hay una élite con mucho poder, con el poder militar, policíaco, del sistema judicial  actúa en beneficio propio de sus intereses, mientras todo el país trata de sobrevivir como sea, así sea arriesgando su vida como pasó en Güiria.

El 2020 cierra muy mal para todo el país, pero eso es una oportunidad para que podamos repensar las cosas. Lo primero que hay que hacer es que la mayoría de los venezolanos, seamos del campo chavista o de la oposición, nos deslastremos de esas élites políticas  que nos han conducido a esta situación.

Si bien el Gobierno tiene mucha culpa, hay una oposición que solo ve una salida en una invasión norteamericana, que ahí puso todas sus esperanzas y esa tampoco es la respuesta.

“Y un chavismo auténtico, originario, Socialista, que lucha por recomponer sus filas…”

El problema de la acción para recuperar el camino a Chávez y el socialismo.

En la mesa está la propuesta hecha por Rafael Ramírez de conformar una Junta Patriótica de reconstrucción nacional. Pero tiene como problema la acción: cómo estructurar esa junta para que tenga presencia política de peso en el país, que aglutine gente, o la gente desengañada del gobierno y su oposición electoral, vistos como lo mismo; que aglutine a todos aquellos que pensamos que gobierno y oposición representan lo mismo. Nosotros estamos de acuerdo con esa idea. Y con que se conforme en torno a un plan de acción política, el cual debe ser el plan de la patria de Chávez, el mismo que es explicado por él, muy bien, en su presentación en el CNE, el 2013.

Pero seguimos pensando en cómo llevar esa idea a la acción. Cómo concretar un movimiento político chavista alternativo, sobre la base del plan de la patria de Chávez, la constitución y la revolución socialista, lo que convierte el proyecto en algo difícil, al tener que enfrentar al madurismo obcecado y a la derecha pro gringa a la vez; más difícil que ir a unas elecciones o tener que trabajar con ideas fuera del de la revolución socialista – que en nuestro caso significa: fuera del plan de la patria original y de la constitución nacional –; fuera de eso ¡nada!

La idea es volver a Chávez en su sentido (sentido vectorial) socialista, ir hacia el punto de no retorno al capitalismo, como está escrito en el Plan de la Patria falsificado por Maduro (desvirtuado por su gobierno al punto de convertirlo en todo lo contrario al socialismo). Dentro de esa idea de recuperar la obra política de Chávez están comprometidos muchos de sus ex ministros y ministras y  funcionarios de su último gobierno, cuadros colaboradores que hoy están exiliados o desaparecidos, intelectuales, viejos militantes que son referencia moral,  solo ellos pueden elaborar una denuncia conjunta a la traición del legado político de Chávez, en términos concretos, que sirva para despertar a la gente del engaño madurista y de las calumnias continuas e interminables hechas a  Chávez, por la oposición servil a los gringos.

El madurismo y su oposición electoral comparten la intención de borrar a ese Chávez político, al político de la memoria del pueblo chavista y de la historia del país, en eso coinciden perfectamente. Para ellos, para los maduristas, Chávez debe ser convertido en un imposible inimitable, en una estatua de algo que pasó y no volverá, pero borrado su legado político, sus ideas escritas, de todas partes, de las leyes, de los discursos, inclusive de los afiche, franelas gorras; la idea es declarar que  el socialismo ya pasó, que ahora, lo nuevo, lo revolucionario del madurismo, es la vuelta a la democracia representativa y el pacto social, ¡Somos Venezuela!, y un PSUV seco, a punto de que lo arrastre el viento.

Como acción política el chavismo debe reclamar su derecho a  dirigir el PSUV de Chávez, fundado por él, cargado de su espíritu socialista por él; ¡apropiárselo! El chavismo auténtico necesita un partido y este partido debe ser el PSVU, que obtuvo, bajo la dirección de Maduro-Cabello y sus sigüis, el más bajo apoyo político de su historia, con el 16% de votos en las últimas elecciones, así Diosdado diga lo contrario, vocifere y celebre en la ANC  “la voluntad del pueblo”, y cuanta paja loca se le ocurre decir, para negar la realidad de este fracaso político y electoral. Una victoria muy legal, pero una vergüenza política y una lección moral de un pueblo desengañado de todos, aquel que llenaba avenidas para celebrar el socialismo y a Chávez vivo.  Reclamar para el chavismo el PSUV puede ser una acción política importante y así deslindar el socialismo del madurismo y su gente, así este nuevo PSUV tenga que pasar a la clandestinidad. ¡A ellos no les sirve ya su nombre!, son políticos reformistas de derecha, una versión mala de Acción Democrática.

Creo que nuestra consigna será ahora ¡RESCATEMOS EL PSUV DE LOS TRAIDORES A CHÁVEZ! ¡POR UNA JUNTA PATRIÓTICA DE RECONSTRUCCIÓN NACIONAL SOCIALISTA!

La guerra, la paz y el reformismo

Comencemos por la paz. Una cosa es la paz que vive un pueblo dentro de un sistema de justicia social e igualdad de derechos y deberes. Todos reciben los beneficios del producto social y en tiempos difíciles todos luchan y se sacrifican por el cuerpo social; no hay privilegios. La justicia social nace de una acción racional, meditada, no es espontanea, no brota de la nada: o se ha construido en el tiempo y se debe construir al tiempo. Es frágil y es tensa, no existe una paz que no se deba cuidar con de forma racional, en el debate, en la confrontación constante de las diferencias. O de forma violenta, en la guerra.

Cuando se habla de una revolución socialista pacífica no significa otra cosa que evitar cuanto se pueda el uso de la violencia. Una revolución es cambio radical, no necesariamente significa violencia física. Pero el uso defensivo de la violencia nunca se debe descartar. A nombre de una mayoría de la sociedad se intenta cambiar el orden de las cosas a favor de toda la sociedad, dejando los privilegios y a los privilegiados a un lado, y estos casi siempre (o siempre) reaccionan a estos cambios de forma violenta; no es fácil tener que renunciar a privilegios económicos, materiales, muchos de ellos casi atávicos.

Un señor (se llama Borys Jiménez) escribió esto a mi correo hace dos semanas,  “Los comunistas odian trabajar para ganarse la vida, por eso son la peor escoria del mundo, son mentirosos, envidiosos, ateos, anarquistas, promiscuos, sucios y un largo etc., por eso franco los es terminó en España como asquerosas cucarachas que son.” La tarea para alguien que hace una revolución no es fácil, porque debe lidiar con personas así, las cuales generan violencia, mucho odio y mucha violencia. Y frente a este terrorismo y odio hay que actuar con la misma contundencia, si no… nunca habrá una revolución.

El otro cuento de la revolución pacífica viene de parte de los reformistas. Para evitar las confrontaciones directas con los privilegiados (grandes propietarios, patronos, reyes etc.), para evitar estos odios, que estén quemando pobres en las calles, etc.,  proponen sólo adelantar reformas, o pequeñas reformas reivindicativas de los derechos laborales y de las condiciones de vida de los más necesitados (en el caso de Maduro, bolsas de comida y bonos-limosnas). Pequeñas reformas en las leyes, y conservando el orden social, la estratificación social, para evitar reacciones violentas de parte de los poderosos. Los reformistas y sus reformas actúan como una especie de válvula de escape para  las tensiones sociales, que son contradicciones sociales. En otras palabras, confían en la bondad de los capitalistas, considerándolos como hombres y mujeres independientes de su condición de clase, como si pudieran en un momento dado ir en contra de sus propios intereses de clase. En eso, sobre todo en eso, se equivocan. Y al tiempo siempre terminan asimilándose al sistema  que quieren “reformar”, convirtiéndose ellos mismos en clase privilegiada.

¡Es difícil (no imposible) hacer una revolución social! Es difícil buscar la paz duradera sin antes prepararse para la guerra, pues todo cambio  radical supone violencia, de parte de aquel que se niega a renunciar a sus privilegios, y del lado de la sociedad que demanda justicia social; una guerra entre  la sociedad que se niega a desaparecer y la sociedad que no acaba de nacer. Esto es lo que confunde Maduro con la llamada “guerra económica”, que no es otra cosa que la expresión  tangible, palpable, de la eterna guerra que libra el capitalista y el capitalismo en contra del resto de la sociedad, para sostenerse en el control de almas y recursos vitales, mantenerse en el lado del poder y los privilegios.

Cuando Maduro habla de “guerra económica” lo hace desde la óptica reformista porque es un reformista decadente, haciendo ver que no se trata del capitalismo – que no tiene necesariamente que haber una guerra contra el capitalismo –  sino solamente en contra de una parte de él, la parte mala, los “neoliberales”, actuando como si los otros no lo fueran, como si hubiera una parte buena, los capitalistas buenos, “socialistas”, o como los llamó Castro Soteldo, la “burguesía revolucionaria”.

Evitar la guerra en estas condiciones es la más grande de todas las hipocresías políticas, es el engaño reformista, es renunciar a los cambios sociales, a la justicia social, a la paz duradera, a favor de la paz de la esclavitud capitalista, de los privilegios, de la injusticia, endulzando la realidad con un cuento de hadas, con una eterna promesa, la de la acción de la mano invisible del mercado o algo parecido.

Esto es lo que está al fondo de la incapacidad del gobierno para la rectificación, frente a Chávez y su idea de revolución, esto está detrás desde el plan de la patria falsificado, las Zonas Económicas Especiales, la ley de inversiones extranjeras,  hasta la Ley antibloqueo. Esto es lo que hay que destrancar en un gran debate político chavista, para volver a Chávez de una vez, militares, intelectuales, políticos, el movimiento estudiantil y juvenil,  honestos y un pueblo informado, esclarecido, estimulado. Lo demás viene siendo carpintería revolucionara, hablar con la verdad y trabajar duro, con justicia social.

¡VOLVAMOS A CHÁVEZ!

Sico terror en navidad

Vivir cerca de la verdad es análogo a la “praxis” marxista, en nuestras prácticas de vida es una constante atención a los datos de la realidad; pensar y obtener conocimiento a partir de ellas y adaptarlas a nuestros fines, políticos, artísticos, personales o colectivos: la praxis siempre será tributaria del conocimiento (no se entiende el mundo, incluidos nosotros, solo desde modelos puros sin aterrizar a la realidad, sin consultar la vida para comprobar que sirven para algo al desarrollo de la especie humana, nuestro asunto fundamental. Mundo es humanidad y la humanidad es el mundo). A mi entender, una “praxis” religiosa no sería posible. La fe puede formar parte del conocimiento, alentarlo, pero no al contrario, no se pueden formular teorías para apuntalar la fe, como lo intentaron los antiguos pensadores cristianos patrísticos y escolásticos, sin mucho éxito para esos pensadores y sus dialécticas. La fe es humana y alienta la acción humana, pero no puede ser una finalidad en sí misma o de vida, por ejemplo, vivir para llegar a tener fe en Dios (inclusive, en uno mismo, ¿para qué, si no sabes lo que quieres?) es no-vivir. Vivir es soñar, crear, construir algo, y para hacerlo hay que estar cerca de la verdad, tener fe en uno mismo (inclusive en Dios: “ayúdate que Dios te ayudará”, pero debes saber lo que quieres, porque Dios eres tú).

Una revolución socialista es algo que se mueve, es una guerra sostenida en contra de la gran mentira del capitalismo, la misma mediante la cual él engaña y roba al trabajador y al resto de la sociedad el producto de su trabajo, con un cuento de libertad, de “libre albedrío”. Pero las condiciones materiales de nuestra vida (¡nuestra vida!) nos esclavizan y definen nuestra conciencia, o deberíamos decir, nuestra “mala-conciencia”, una conciencia domeñada, que nos hace pensar y desear a como lo hacen  nuestros propios verdugos, nos obliga a justificar el despojo a la sociedad como si fuera lo más natural del mundo, a idealizar sus vidas y valores, codiciarlos, olvidándonos del resto de nuestros iguales en desgracia, de nuestros intereses del clase. Eso es terrible, nos fuerzan a la preocupación por lo mío y  al desinterés por lo nuestro, al egoísmo mezquino, a ser una muchedumbre fragmentada. Una revolución socialista es adquirir conciencia de clase y despertar a la verdad, y decir como Heráclito que todo se mueve, y que somos libres solo si nos conocemos a nosotros mismos, como individuos, como clase, como sociedad y como especie (que es lo nuestro).

La mentira.

“¡Desarticularon una organización terrorista!”, y aparecen dos detenidos, y  uno de ellos con cara de asustado que está a punto de llorar… Cuando alguien dice que “ha sido desarticulada una organización terrorista” uno quiere ver un diagrama de flujo en una cartelera, donde se muestran los autores, jefes y financistas, enlaces, logística, apoyo internacional, contactos, con nombres y algunas  fotografías a su lado, y caras de profesionales duros, que no arrugan la cara, o lo que sea que arruguen los miedosos; es decir, debe ser una puesta en escena creíble; no solo explosivos, que el gobierno los tiene guardados por toneladas… El otro pedazo, la seriedad del vicepresidente Tarek, la formalidad de la denuncia, el paneo de los explosivos, ordenaditos al lado de esos cables siniestros, crean una sensación de verdadero terror, y luego muchos piensan: “nadie puede mentir con una cosa así, tan seria, ¡tan grave!”… ¡Esa es la idea!, ¡hacer que la mentira conmueva!

Goebbels sabía que mientras más increíble parece una mentira, es más creíble; si mañana Maduro dice que en la madrugada el Ávila se partirá por la mitad, mucha gente hará vigilia toda la noche, porque en el ánimo de la gente común está creer en cosas absurdas; como por ejemplo en el misterio de “la santísima trinidad”. La lógica de la gran mentira es simple; siempre involucra la fe en cosas irracionales.

El cuento de Pedro y el Lobo es muy aleccionador en estos casos. Las mentiras de Pedrito tentaron al destino, invocando al lobo sin darse cuenta, tanto que al final vino y se los comió a todos. Las voces del gobierno, de tanto mentir con atentados y complots, a los cuales (hasta ahora) una gran cantidad de gente les ha tenido fe, se sorprenderán por el desinterés de esa misma masa cuando estalle Miraflores de un cohetazo, o desembarquen los marines en la Vela de Coro, que, como Miranda, van a encontrar una población malhumorada y displicente viéndolos marchar hacia Caracas.

Esa es la mentira que hace que todo pierda sentido, que vacía a la palabra de su poder y la diluye en otra cosa, la que solo quiere distraernos de la Verdad. Y la verdad es la sencillez con que se presentan las cosas. Por un lado de la calle diez niños muy pequeños corren detrás de una señora que desde su carro les regala una bolsa de caramelos, en otra esquina un grupo de jóvenes rescata de la basura una bandeja de sobras de pollo y restos de refresco, más abajo mucha gente agitada comprando y vendiendo cosas casi nunca se miran a los ojos, frente al escándalo de las tiendas cada quien vive su propio silencio meditando el precio de la felicidad. Y del otro lado, los dueños del país sacan sus cuentas para ver cómo sostienen sus vidas de ricos y nuevos ricos, calculando nuevos métodos de engaño y simulación, como los profesionales del circo.

Atilio Borón, las astucias en las orillas del rio revolucionario

El profesor Atilio Borón nos regala un artículo: “Elecciones parlamentarias en Venezuela: balance del 6 D” Sábado, 12/12/2020 07:12 AM. El artículo merece reflexión, Borón es un destacado profesor argentino formado de politólogo en Harvard y con varios libros escritos.

El escrito de Borón es una lección magistral de cómo opinar sin mojarse las rodillas, cuidándose de no ir a lo hondo, sin tomar partido, analizando desde arriba como un catedrático que examina una rata sin mancharse las manos, con guantes y anteojos de moderación vaporosa. Un tiro al gobierno uno a la oposición y que todo siga igual, distraídos del Socialismo olvidado.

El primer tiro es al gobierno y a la oposición, dice Borón: “Se ratifica plenamente el carácter mayoritario del chavismo, pero aparece un conjunto de fuerzas políticas que, en su heterogeneidad, serán un desafío importante para el gobierno del presidente Maduro. Los planes de la derecha subversiva y el imperialismo han sido derrotados, en una batalla pírrica”

          El primer tiro es al gobierno con piquete a la oposición,  declara Atilio, que se ratifica que el chavismo es plenamente de carácter mayoritario, y aquí deja colar dos falacias, primero no es mayoritario como después reconocerá y segundo no es chavismo. Pero rápidamente le lanza un tiro al gobierno madurista, “batalla pírrica” es una batalla que conduce a la derrota estratégica. De esta manera Borón califica en poquísimas palabras el resultado de las elecciones. Pero no se queda en este tiro al gobierno a continuación dispara de nuevo:

“es innegable que se produjo una significativa baja en la tasa de participación electoral, llegando según las últimas informaciones al 32 %.”

Y rápidamente le palmea el ego, lo consuela:

“La menor concurrencia se verificó en las elecciones parlamentarias del 2005, cuando la oposición decidió llamar a la abstención. En esa ocasión acudió a las urnas el 25 % de los votantes, aún con Hugo Chávez en el Palacio de Miraflores.”

Se olvida Borón que en esa época el chavismo (ahora si auténtico), tenía en la calle una mayoría actuante, sin presiones, voluntaria, decidida, capaz de llenar siete avenidas, y de derrotar un golpe y un saboteo petrolero.

Esta parte del artículo termina de forma determinante alertando al madurismo: .

No es para celebrarlo, porque revela que hay un problema que el gobierno chavista, el PSUV y las fuerzas políticas aliadas deberán encarar y resolver. Y hacerlo cuanto antes.

Sin embargo el artículo sigue con una serie de argumentos que pretenden sacarles al madurismo las castañas del fuego. Una muestra Borón escribe:

“preciso indagar sobre las probables causas de este descenso en la voluntad participativa del electorado”.

Y en este propósito no pasa de las buenas intenciones se queda en la orilla y culpa a la Pandemia, a la intensa campaña mediática, nacional e internacional, al impacto multidimensional y profundo del bloqueo gringo con complicidad de duque, la Asamblea Nacional controlada por la oposición antichavista. Esa rama del estado fue gravemente deslegitimada al estar volcada al derrocamiento del presidente.

Atilio Borón, no menciona ni un poquito, el criminal giro hacia el capitalismo del madurismo, la traición al Socialismo, circunstancia que está en el centro de todos los males de hoy, la debilidad del madurismo es la debilidad del renegado, no es aceptado por los gringos y perdió la querencia del pueblo chavista, de esa manera perdió apoyo, lo demás es melindres. Hoy estamos presenciando la patética conducta de un madurismo agotado, agónico, una oposición gringa sin fuelle, sumisa de los gringos. Y un chavismo auténtico, originario, Socialista que lucha por recomponer sus filas.

La historia de un billete de veinte y el pellizco del elefante

En Venezuela vivimos un país de fantasías, un extraño mundo donde la realidad es sustituida por el espejismo colectivo, y lo colectivo estalla en millones de republicas individuales en guerra permanente. ¿Cómo explicar este nopaís? Lo racional será poco, las verdades económicas, los gráficos de indicativos, todo será corto para explicar este absurdo mundo donde cualquier trastada puede pasar. No obstante, Intentemos una imagen, por supuesto incompleta, con la historia de un billete de veinte dólares, y su derivado el pellizco del elefante.

La historia la cuenta un hombre de unos cincuenta años, zapatos deportivos desgastados, mascarilla sucia, camisa por fuera, camina junto a decenas de sus compatriotas que pretenden hacer vida en el vecino país y se aproximan a la frontera. Este hombre que llamaremos Julio pero podría también llamarse Ernesto, le explica a su compañero de viaje, el momento cuando cayó en cuenta que debía abandonar el país.

“El billete me lo mandó en remesa un colega economista que tengo en Islandia. Contento con mi billete de veinte dólares fui a comprar un medicamento a la farmacia de la esquina.

-No hay vuelto -dijo la cajera-

-entonces, ¿qué se puede hacer?-

(El costo del remedio eran diez dólares)

-llévalo a veinte –respondió-

-pero no necesito más nada –no quería perder mi querido billete-

-No se puede hacer nada…

Salí de la farmacia asombrado, paso por la panadería y tampoco hay vuelto, veinte dólares de pan es mucho, salgo sin saber qué hacer con el billete, me siento rico y pobre a la vez, con dinero y con hambre y sin poder comer. Me voy a un restorán y pido el presupuesto para un almuerzo, son veinte dólares y una diferencia de tanto, no tengo bolívares, le respondo, No se puede hacer nada. Salgo con hambre pero con dinero, el billete se resiste a servir como instrumento de cambio.

Pero no todo está perdido, tengo una deuda con un profesor que le dio clases a una hija y son veinte exactos, me dirijo a su oficina y le pago, salgo contento, conseguí vencer al billete. Tres días después me llama el profesor, por favor cámbieme el billete que nadie lo acepta, no tengo más billetes, no importa se lo devuelvo y me paga otro día con un billete que acepten. Me lleva el billete a casa.

Vuelvo a la calle buscando donde colocar el billete. ¡Maldición! una alcabala, el policía me detiene, me pide la cedula, aquí está, me pide los papeles del vehículo, aquí están, me pide la licencia, está vencida, estaciónese al lado voy a llamar la grúa. Me asusto y le digo como podemos arreglar esto, Ud. dirá, tengo aquí veinte dólares, dámelos con disimulo, me fui contento, finalmente alguien acepto el billete. Ese fue el pellizco del elefante”.

El pellizco de elefante rompe las leyes económicas, ni Marx, ni Ricardo, ni la actual ministra de economía lo pudieron predecir, supera la ley del valor, reforma el concepto de plusvalía, es algo viejo que ahora se hizo ley, el gobierno lo llama la “iniciativa económica popular”, no hay actividad económica que escape al pellizco, todo en Venezuela va picado, desde un alto contrato, hasta la venta de una empanada de carne sin carne, todo deja en el camino su extra. 

Por eso me vine para no volverme más loco, el realismo mágico de García Márquez se quedó corto, aquí se acabo el realismo, la magia mala maligna se lo trago, lo que queda es una especie de aberración mental, o algo parecido, creo que pocas veces en la historia de la humanidad se presentan estas dislocaciones.

El caminante no deja de tener razón, este testimonio sacado de las entrañas de la vida real nos ilustra de la demencia que padecemos…